Furosemida, ¿cuándo y cómo debemos tomarla? #TuFarmacéuticoInforma



La furosemida es un fármaco diurético autorizado para el tratamiento del edema asociado a enfermedades como insuficiencia cardiaca, cirrosis hepática y enfermedad renal
Enfermedades y patologías relacionadas: Hipertensión arterial

La furosemida actúa sobre los riñones reduciendo la reabsorción de electrolitos y aumentado la eliminación de agua en la orina. Con ello, es capaz de reducir la presión arterial.

Está autorizada para el tratamiento del edema, que es una acumulación de líquidos en distintas partes del cuerpo.

El edema se asocia a diversas enfermedades, como insuficiencia cardiaca, cirrosis hepática y enfermedad renal, o incluso a quemaduras. También se emplea en el tratamiento de hipertensión arterial leve y moderada.

La furosemida está disponible en forma de comprimidos de administración por vía oral, siendo recomendable tomarlos con el estómago vacío, tragarlo sin masticar y con suficiente cantidad de líquido.

La dosis utilizada debe ser la más baja para producir el efecto deseado y siempre según las indicaciones del médico prescriptor. La dosis media suele ser de 20 mg cada 24 horas (20-80 mg en adultos), pero se deberá ajustar la dosis de mantenimiento de forma individualizada en función de la respuesta y la tolerabilidad. En caso de olvido de una dosis, tómate el siguiente comprimido a la hora habitual, pero no dupliques la siguiente dosis.

Además, la furosemida está disponible en forma de viales con solución para inyección intravenosa, especialmente dirigidos a pacientes con insuficiencia renal.

Quiénes no deben tomar furosemida

Los pacientes alérgicos a sulfonamidas (como las sulfoniureas antidiabéticas o ciertos antibióticos) y las mujeres en periodo de lactancia no deben tomar furosemida.

La furosemida puede presentar interacciones farmacológicas con un amplio número de principios activos, por lo que se recomienda consultar al médico al respecto si estás tomando otros medicamentos.

Reacciones adversas de la furosemida

Entre las reacciones adversas más frecuentes destaca la deshidratación, el desequilibrio de electrolitos y descenso excesivo del volumen total de sangre. Por ello, es importante prestar atención en pacientes de edad avanzada o con demencia.

Además, puede producir mareos o somnolencia, especialmente al inicio del tratamiento o cuando se aumenta la dosis habitual. No conduzca ni maneje herramientas o máquinas si se siente mareado.

Igual que con otros diuréticos, los tratamientos prolongados pueden provocar alteraciones que se manifiestan con sed intensa, dolor de cabeza, calambres musculares o síntomas gastrointestinales.

Descubre más artículos sobre Uso de Medicamentos en el canal Tu Farmacéutico Informa.

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