20Mar. 20

Cara a cara con el coronavirus: así viven los trabajadores la crisis de la COVID-19

Canal: COVID-19

Un médico anestesista, una farmacéutica, una celadora, una trabajadora de un súper, un bombero y una tripulante de cabina relatan a MedicinaTV su experiencia trabajando en el foco del contagio del nuevo coronavirus

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Las calles están prácticamente vacías. Salpican, de cuando en cuando, transeúntes con mascotas o bolsas de supermercado. Se oyen más pájaros que motores de coche… Todo a través de una ventana. Nuestra visión particular es extraña, pero dentro no se está mal. Tenemos comida, cama, televisión y las infinitas posibilidades que nos da internet. Calma. Una calma envenenada que, del otro lado de la moneda, se convierte en el trabajo incansable y las decisiones imposibles de aquellos que, a la fuerza, ven la cara al coronavirus.

Ya hace cuatro días que se decretó el estado de alarma en nuestro país para contener la pandemia del COVID-19. En aquel momento, en España se habían detectado unos 4.200 casos positivos, además de 120 fallecidos. A fecha de hoy, los últimos datos apuntan a que alcanzaremos pronto los 20.000 contagios, con más de 1.140 casos en la UCI y un millar de fallecidos. Unas cifras que recibimos actualizadas al minuto, a través de informaciones de los medios que se consumen al mismo tiempo que vídeos virales de fiestas improvisadas desde los balcones y retos para matar el tiempo.

Las cifras, sin embargo, no son más que un débil reflejo de la realidad. Los que la conocen de verdad son aquellos que viven estos días al otro lado de la ventana. Los que, como Jaime Masjuan, jefe de Neurología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, han visto al nuevo coronavirus invadir su hospital. «Ya hay 350 pacientes COVID-19, un 50 % del total de camas. Cada día entran 50 nuevos. Y no todos son mayores y tienen patologías previas. Ni mucho menos». Estas son sus palabras a través de un comunicado escrito por él mismo. Más allá de estas cifras, precisamente, las palabras de Jaime nos quitan la venda de los ojos: «Estos son sólo los que han venido graves a un hospital o son políticos o Reyes y se les hace el test. El resto lo estáis pasando en casa como un pequeño catarro, como un catarro gordo, y una minoría está ingresada en la planta o en UCI o desgraciadamente ya no está con nosotros».

B.G. (médico anestesista): «Trabajamos con mucho estrés y no podemos ni siquiera abrazarnos»

Testimonios como el de Jaime se repiten en todo el país, y más aún en los focos de contagio del nuevo coronavirus. También en Madrid, desde MedicinaTV hemos podido hablar con B. G., un médico anestesista que ha visto a su centro convertirse en un «hospital de guerra». Su trabajo estos días se complica más que nunca: «Al final, los pacientes que no eran positivos terminan siéndolo, entran por una cosa y acaban infectados sobre un problema que ya traían. Son pacientes muy complejos, porque tratamos con un virus que no conocemos y que no sabemos cómo se comporta». La situación, nos cuenta, es compleja a todos los niveles: «Trabajamos con mucha tensión y mucho estrés, y no podemos ni siquiera abrazarnos».

Pilar Bueno (celadora): «La información que tengo sobre el coronavirus la he recabado yo misma»

En Murcia, pero dentro del Hospital Santa Lucía de Cartagena, la celadora Pilar Bueno cuenta lo que ha vivido estos días, y cómo está siendo su trabajo ahora. Desde su categoría profesional, Pilar reconoce que apenas les han hablado del virus: «La información que tengo la he recabado yo por mis propios medios». A pesar de que, en su centro, las cifras de positivos son bajas en comparación con las de los hospitales de las zonas más afectadas del país, las medidas de seguridad para los trabajadores son insuficientes: «No son los equipos de protección adecuados y no están disponibles para todo el personal… Los que hay, deben ser reutilizados varias veces». Al hablar de las mascarillas, Pilar explica que, además de darles varios usos, deben guardarlas según la zona del hospital en la que se encuentren y «reservarlas para la zona cero». En el ámbito profesional como en el personal, trabajar cara a cara con el virus afecta a muchos niveles: «Tengo vecinos mayores con los que mantengo un contacto frecuente, y dos amigas que están enfermas… No puedo verles y no podré hacerlo en mucho tiempo», dice. «No tengo miedo, pero sí una gran sensación de tristeza, que nunca dejaremos que note el paciente», asegura Pilar.

Belén Blanco (farmacéutica): «Nos turnamos para poder abrir si alguien necesita la cuarentena»

En la farmacia Blanco Fernández del distrito de Latina en Madrid, unas pantallas de plástico separan a los trabajadores de los pacientes. Tras el mostrador, Belén Blanco relata cómo han sido las últimas semanas. Ella nos cuenta que, como medida preventiva, uno de los integrantes de su personal está en casa para poder turnarse en caso de tener que hacer cuarentena. Del lado positivo, Belén reconoce la conciencia general de los pacientes, que llaman mucho a la farmacia cuando tienen dudas porque saben que es mejor no salir. Los farmacéuticos ejercen en esos casos un papel muy importante aconsejando, ayudando y tranquilizando a todo aquel que lo necesite estos días. Sobre el tema de los geles desinfectantes, Belén advierte de que «no todo vale». Desde su trabajo, ha percibido que la gente los compra en cualquier sitio a causa de la desinformación: «Los geles adecuados son los que cumplen la normativa de control de calidad no solo para higienizar, que lo suelen hacer todos, sino también para matar a las bacterias y a los virus», explica. «Lo más importante para nosotros, al estar en primera línea de batalla, es tranquilizar a la gente y darles información actualizada», asegura Belén.

Mónica Pérez (trabajadora de un súper): «Todos compraban sin empatía, pensando en sí mismos»

Mónica Pérez trabaja en un supermercado en Lorca, Murcia, y se le empañan los ojos al hablar de la situación. Cuenta que, después de declararse el estado de alarma por coronavirus, las personas comenzaron a ir al establecimiento en masa. Un día, recuerda, vendieron toda la carne que tenían, algo que no ocurre ni siquiera en las fiestas navideñas. Compraban, dice, «sin empatía, solo pensando en ellos mismos». Entonces comenzaron las medidas de seguridad para prevenir el contagio por nuevo coronavirus. Empezaron a usar mascarillas y guantes, e instauraron una distancia de seguridad entre los propios clientes, y también entre clientes y empleados. En la vida de Mónica, el coronavirus ha supuesto episodios de ansiedad y lágrimas de impotencia: «Deberían reducir nuestra jornada laboral».

Sandra Carrasco (tripulante de cabina): «No nos dejaban usar mascarilla porque creaba alarma»

Desde su base en Barcelona, Sandra Carrasco es tripulante de cabina en una compañía aérea y, hasta hace tres días, aún continuaba trabajando. Desde que el coronavirus comenzó a ser un tema de preocupación en nuestro país, Sandra y sus compañeros tuvieron que seguir volando sin medidas de protección: «No tuvimos guantes hasta después de haber pasado bastante tiempo en contacto con personas que podían estar contagiadas, y no nos dejaban usar mascarilla porque no quedaba bien y creaba alarma en los viajeros. Tampoco se respetaba el metro de distancia de seguridad entre personas, porque los vuelos iban llenos», recuerda Sandra. En cuanto al tema del flujo de información en el trabajo sobre el virus, es tajante: «Fue mal, tarde y lento». La historia se repite en el terreno personal, ya que Sandra no puede ver a sus padres porque tienen patologías previas y teme contagiarles. A pesar de que hace ya una semana que tiene síntomas y no se encuentra bien, Sandra reconoce que no sabe si ella misma está contagiada por el nuevo coronavirus porque no les hacen pruebas.

Héctor Mancha (bombero): «Lo único que hacemos es intentar no contagiarnos todos a la vez»

El caso de Héctor Mancha, bombero de la Comunidad de Madrid, es algo diferente. En su trabajo sí que llevan recibiendo información y siguiendo protocolos para protegerse del nuevo coronavirus desde hace tiempo: «En el camión viajamos los mínimos posibles, tenemos desinfectantes para las manos y para la ropa y, además, cada dos días vienen a desinfectar el parque. Entre compañeros, tenemos mucha precaución y guardamos la distancia de seguridad». A pesar de seguir un protocolo de protección estricto, Héctor reconoce que las medidas nunca podrán ser suficientes: «Es un virus muy contagioso… Lo único que hacemos es intentar no contagiarnos todos a la vez».

La crisis del coronavirus, que mantiene a la mayoría dentro de casa, ha convertido el trabajo de muchas otras personas en un campo de batalla continuo. La lucha contra la enfermedad se libra a todos los niveles, y les pone a prueba día tras día. Su fortaleza y sacrificio, sumada a nuestra concienciación, serán los que nos acerquen poco a poco al final de este difícil episodio en nuestra historia.

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