Tularemia

¿Qué es?

La tularemia es conocida como la fiebre de los conejos por ser estos los principales huéspedes, así como otros roedores. Los principales vectores son las garrapatas y ciertas moscas hematófagas.

Es una enfermedad infecciosa potencialmente grave causada por la bacteria Francisella tularensis. Es endémica en Norteamérica, Europa y Asia. Aunque se pueden presentar brotes en nuestro país, estos son infrecuentes.

 

Causas

La tularemia es causada por la bacteria Francisella tularensis. Los seres humanos pueden contraer la enfermedad a través de:
  • La picadura de una garrapata, tábano, mosca borriquera o mosquito infectado.
  • La inhalación de material vegetal o tierra infectada.
  • El contacto directo, a través de una herida en la piel, con un animal infectado o su cadáver (con mayor frecuencia un conejo, rata almizclera, castor o ardilla).
  • La ingestión de carne infectada.

Tularemia: Síntomas

Los síntomas de la tularemia aparecen de tres a cinco días después de la exposición y de forma súbita. Estos son:  
  • Cefalea
  • Escalofríos recurrentes
  • Náuseas
  • Vómitos
  • Fiebre de 39,5° a 40°C
  • Postración.
  • Debilidad extrema
  • Sudoración profusa
  Las manifestaciones clínicas dependen en cierto grado del tipo de exposición. La enfermedad generalmente comienza de manera repentina y puede continuar durante varias semanas después del inicio de los síntomas. La mortalidad es casi inexistente en los casos tratados y suele producirse como resultado de una infección abrumadora, neumonía, meningitis o peritonitis.

Tularemia: Diagnóstico

El diagnóstico de la tularemia se sospecha a partir de:  
  • Antecedentes de contacto con conejos o roedores silvestres.
  • Exposición a artrópodos vectores.
  • Aparición súbita de los síntomas.
  • Lesión primaria característica.
  Deben realizarse hemocultivos y cultivos de cualquier material clínico relevante (esputo, lesiones). Los cultivos de rutina pueden arrojar resultados negativos y debe notificarse al laboratorio la sospecha de tularemia para que se utilicen los medios adecuados y se apliquen las medidas de seguridad para evitar el contagio. Es común la leucocitosis, pero el recuento leucocitario puede ser normal con un aumento solo en la proporción de PMN. Dado que este microorganismo es extremadamente infeccioso, las muestras y medios de cultivo de pacientes que se sospecha que tienen tularemia deben ser manipulados con extrema precaución.

Tularemia: Tratamiento

El tratamiento es curar la infección con antibióticos, siendo la estreptomicina el fármaco de preferencia. Para las lesiones cutáneas primarias, pueden ser beneficiosos los vendajes empapados en solución salina, que pueden disminuir la gravedad de la linfangitis y la linfadenitis. El drenaje quirúrgico de los abscesos grandes rara vez es necesario, a menos que se haya retrasado el inicio de la terapia. En la tularemia ocular, la aplicación de compresas de solución salina tibia y el uso de gafas oscuras brindan cierto alivio. Las cefaleas intensas suelen responder a la administración de opiáceos orales, como oxicodona o hidrocodona con paracetamol.

Tularemia: Prevención

Las medidas preventivas para la tularemia incluyen usar guantes al pelar o adobar animales salvajes y mantenerse alejado de los animales muertos o enfermos. No hay vacuna disponible, aunque una está actualmente bajo evaluación de la FDA. La profilaxis antibiótica con doxiciclina o ciprofloxacina por vía oral, durante 14 días, se recomienda después de una exposición de alto riesgo.
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