Síndrome del cuidador quemado

¿Qué es?

El síndrome del cuidador quemado es un trastorno que se presenta en las personas que realizan la tarea de principal cuidador/a de una persona con dependencia, bien sea por edad avanzada, por enfermedad, por discapacidad o por otra necesidad funcional.

También se denomina “burn out” del cuidador. Es un término que se ha usado también para definir situaciones de estrés laboral que sobrepasa de tal manera a la persona que le impide desarrollar su trabajo y actividades diarias. Es más común entre profesiones que se dedican a la atención de otras personas: profesionales de la salud, de la educación, etcétera.

La principal diferencia es que en el síndrome del cuidador quemado, éste cuidador/a no es profesional sino voluntario/a.

El perfil del cuidador en la mayoría de situaciones se trata de una mujer de edad media que puede ser familiar directo de la persona dependiente. Es habitual que entre sus características como cuidador/a se encuentre el ser una persona muy voluntariosa, que intenta compaginar el cuidado de su familiar o persona dependiente con otras de sus responsabilidades cotidianas.



Causas

En el síndrome del cuidador quemado la persona que asume el rol de cuidador/a principal suele partir de la creencia  propia de que la situación será llevadera o que no se prolongará demasiado en el tiempo. También parte de la supuesta premisa de que recibirá ayuda de su entorno más cercano. Peo a medida que pasa el tiempo y la situación se prolonga, el cuidador/a va asumiendo una gran carga física y psíquica, se responsabiliza por completo de la vida de la persona dependiente a su cuidado (por ejemplo de la medicación, las visitas médicas, los cuidados, básicos, la higiene, la alimentación, etc.). Esto implica que el cuidador/a va perdiendo poco a poco su independencia personal y se encuentra absorbido por su tarea cada vez más, hasta llegar a desatenderse a sí mismo, por ejemplo: no se dedica tiempo libre necesario para su ocio, abandona sus aficiones, pierde relaciones sociales, paraliza durante largo tiempo su proyecto vital, etcétera. En resumen, la calidad de vida de la persona dependiente que recibe los cuidados puede ir manteniéndose o mejorando, mientras que la calidad de vida del cuidador/a va decayendo y empeorando.

Síndrome del cuidador quemado: Síntomas

Los principales síntomas para sospechar que alguien padece el síndrome del cuidador quemado son:
  • Agotamiento físico y mental
  • Cambios de humor repentinos (labilidad emocional)
  • Síntomas de depresión: llanto, tristeza vital, desánimo, inapetencia, etc.
  • Síntomas de ansiedad: nerviosismo, agitación, palpitaciones, dificultad respiratoria, etc
  • Conductas de consumo abusivas, como tabaco, alcohol y otras
  • Insomnio y trastorno del sueño
  • Alteraciones del apetito y del peso, tanto por exceso (comer más, ganar peso), como por defecto (falta de apetito, perder peso)
  • Aislamiento social, soledad, encerrarse en uno mismo o dejar de lado las relaciones personales por no tener ni tiempo ni ganas de encontrarse o hablar con nadie
  • Sensación de “no poder más”
  • Irritabilidad, perder los nervios ante cualquier situación.
  • Agresividad, tensión o reacciones desmesuradas, contra la persona dependiente y también contra otras personas que puedan ayudar en los cuidados o cuidadores auxiliares, por ejemplo, impacientarse, exigir demasiado o pensar que nadie hace los cuidados como uno mismo, etc
  • Preocupación excesiva y estrés ante cualquier nueva situación o imprevistos
  • Problemas de memoria, atención, sensación de lentitud mental (dificultades cognitivas)
  • Problemas laborales si trabaja fuera de casa además de cuidar a la persona dependiente
  • Somatizaciones, es decir, presentar síntomas de alteraciones físicas que tienen origen en el área psicológica de la persona.
También es común que aparezcan sentimientos que resultan conflictivos para el propio cuidador/a:
  • Deseo de cuidar y de hacerlo bien, pero tener la sensación de que la situación escapa del propio control.
  • Sentirse mal por no haber reaccionado, afrontado situaciones o hecho cosas como se supone que había que hacerlo.
  • Sentir que no se está a la altura de las circunstancias a pesar de estar ofreciendo toda la voluntad y todo el empeño.
  • Culpabilizarse cuando se disfruta de tiempo personal para uno mismo, cuando se está disfrutando de un descanso o incluso cuando se pide o necesita un tiempo propio.

Síndrome del cuidador quemado: Diagnóstico

El diagnóstico del síndrome del cuidador quemado es fundamentalmente clínico, es decir, se define por la historia clínica y la exploración física. También pueden ayudar los criterios diagnósticos definidos para las enfermedades o trastornos asociados a este síndrome como ansiedad o depresión. Debido a que la aparición de los síntomas de este trastorno puede pasar desapercibido o suceder de forma sutil y progresiva, se han definido una serie de fases por las que pasa el cuidador quemado, que facilitan su identificación.
  • Fase 1. Asumir el liderazgo: ante la situación de dependencia de un familiar cercano el cuidador asume las tareas de los cuidados y la responsabilidad de sobrellevar los cambios que sean necesarios.
  • Fase 2: Desequilibrio entre recursos y demandas: se produce un desajuste entre las excesivas demandas de la persona dependiente o de las circunstancias que suponen ese cuidado y entre los recursos tanto personales y como materiales con los que cuenta el cuidador/a. Este desequilibrio obliga a realizar un sobreesfuerzo por parte del cuidador /a que poco a poco va agotando sus fuerzas.
  • Fase 3: Aparición de síntomas propios del síndrome del cuidador quemado, como reacción ante el sobreesfuerzo mantenido y al agotamiento físico y mental.

Síndrome del cuidador quemado: Tratamiento

El  tratamiento del síndrome del cuidador quemado tiene un enfoque multifocal, es decir, se puede tratar desde diferentes perspectivas de ayuda, tanto física como psicológica. Todas las medidas se resumen en el concepto de cuidar al cuidador, es decir, mejorar la calidad de vida de la persona que tiene a su cuidado a otras personas. Algunas de las acciones para cuidar al cuidador son:
  • Aceptar que existe un problema
  • Facilitar que el cuidador/a pida ayuda, obtenga ayuda y acepte ayuda de otro/s cuidador/es, tanto familiares como amigos, profesionales o grupos de ayuda mutua.
  • Acompañar al cuidador/a para que pueda reflexionar y asumir algunos conceptos o ideas que le pueden ayudar a mejorar por sí mismo la situación en la que se encuentra, por ejemplo:
    • Entender y conocer el límite de las propias fuerzas, si se ha llegado al caso, y asumirlas sin miedo y sin sentimientos de culpa.
    • Aprender a decir que no ante demandas excesivas
    • Evitar forzarse a modo de sacrificio personal, olvidándose de los propios cuidados personales, tanto de alimentación saludable, como de actividad física regular, como de atención psicológica y social.
  • Disponer de alguna vía de escape emocional donde expresar las propias frustraciones, temores, resentimientos o cualquier sentimiento negativo.
  • Programar si es posible, descansos diarios en determinados momentos y también un descanso semanal fuera del contacto directo con la persona a quien se cuida.
  • Marcar objetivos a corto plazo que sean factibles, teniendo un plan de actividades diarias y una organización personal que ayude a la gestión del tiempo y a establecer unas prioridades que proporcionen una agradable sensación de control sobre la situación.
  • Fomentar la autonomía de la persona dependiente en la medida de las posibilidades, para beneficio tanto de la persona dependiente como del cuidador/a, entendiendo que las acciones o actividades que realice por sí mismo pueda ser lentas, dificultosas o no las realice del todo bien.
Además de estos enfoques descritos a grandes rasgos, en algunos casos pueden llegar a ser necesarios otros tratamientos médicos o terapias psicológicas administrados e indicados por un profesional de la salud cualificado, según los síntomas y manifestaciones clínicas que la persona con síndrome del cuidador quemado presente.

Síndrome del cuidador quemado: Prevención

La prevención del síndrome del cuidador quemado puede realizarla cada persona por su cuenta y también con el apoyo de profesionales de la salud o de grupos de apoyo que sean específicos para la situación que vive cada cuidador y la persona dependiente (por ejemplo, grupos de familiares de personas con alzhéimer, o enfermedades mentales, o enfermedades crónicas, o secuelas de un daño cerebral como un ictus, etcétera). Algunas de las recomendaciones para la prevención son:
  • Evitar se un cuidador único y siempre que sea posible involucrar a otras personas de confianza en los cuidados.
  • Expresar los sentimientos propios que la tarea de cuidador/a produce a uno mismo.
  • Adquirir y mantener hábitos de vida saludable: alimentación equilibrada, actividad física, evitar el consumo de sustancias tóxicas o excitates (tabaco, alcohol, café o bebidas estimulantes…)
  • Administrar el tiempo de modo que se pueda disfrutar de tiempo libre para uno mismo reservado para hacer actividades placenteras y relajantes, que produzcan satisfacción.
  • Mantener las aficiones previas y las relaciones personales
  • Evitar el estrés, planificar con antelación las situaciones dificultosas.
  • Mantener una actitud mental positiva, practicar algún tipo de técnica de relajación, meditación u oración.
  • Adaptar el entorno de vida para que sea estable y seguro, para facilitar que no se produzcan accidentes innecesarios.
  • Obtener información adecuada y formación necesaria, si se da el caso de cuidados que lo requieran.
  • Ante la menor duda o dificultad solicitar ayuda de profesionales sanitarios cualificados.
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