Sífilis

¿Qué es?

La sífilis es una enfermedad infecciosa bacteriana. Se considera una enfermedad de transmisión sexual extendida por todo el mundo.

En general, la franja de población con más riesgo de contagio son los adolescentes y adultos jóvenes, desde los 15 a los 25 años.

También se conoce como mal venéreo o lúes.

Causas

La causa de sífilis es la infección por la bacteria de tipo espiroqueta (por su forma en espiral) llamada Treponemoa pallidum. Esta bacteria es capaz de penetrar a través de las heridas de la piel o del revestimiento de las mucosas oral o genital. El contagio de persona a persona se puede producir:
  • Por transmisión sexual, es decir, por contacto directo con una llaga propia de sífilis durante las relaciones sexuales vaginales, anales u orales.
  • Por transmisión vertical de una madre embarazada al feto (sífilis congénita).

Sífilis: Síntomas

La sífilis presenta tres etapas diferenciadas con signos y síntomas propios de cada una. A veces la se ha denominado “la gran imitadora” porque puede presentar muchos síntomas diferentes que se pueden confundir con otras enfermedades.
  • Sífilis primaria, ocurre tras la infección entre 3 semanas y 3 meses después del contagio:
    • Llagas o úlceras abiertas y típicamente no dolorosas. Se llaman coloquialmente “chancros”. Pueden encontrarse en diferentes zonas del cuerpo: pene, vagina, ano, recto, labios, boca, etc. Puede ser uno solo o múltiples. Desaparecen espontáneamente a las 3-6 semanas.
    • Inflamación de los ganglios linfáticos correspondientes a la zona del chancro.
  • Sífilis secundaria, ocurre entre 2 y 8 semanas después de la aparición del chancro de la sífilis primaria, si ésta no se trata. Se debe a la propagación de las bacterias por el torrente sanguíneo, y dura entre 3-6 meses:
    • Erupción cutánea, principalmente en las palmas de las manos y plantas de los pies, pero también en el pecho, la espalda  la cara. Si las lesiones en la piel tienen forma de granitos que se descaman (pápulas hiperqueratósicas) se llama “clavos sifilíticos”. Si tiene forma de manchas o ronchas rosadas, se llama “roseola sifilítica”. En ambos casos es una erupción altamente contagiosa pero no dolorosa.
    • Úlceras alrededor de la boca, la vagina o el pene. También se llaman “parches mucosos”.
    • Erupciones planas de aspecto húmedo y verrugoso en los genitales o pliegues de la piel. También se llaman “condilomas sifilíticos”.
    • Fiebre
    • Malestar general
    • Pérdida de apetito
    • Dolor muscular y articular
    • Inflamación de los ganglios linfáticos
    • Alteraciones de la visión
    • Pérdida del cabello (alopecia).
  • Sífilis terciaria o tardía, ocurre al cabo de los años después de la infección, entre 1 y 20 años. Se produce daño grave en los diferentes órganos donde se ha asentado la bacteria. Es menos frecuente porque la mayoría de casos se diagnostican y tratan antes de llegar a este extremo. Aunque se eliminara la bacteria, el daño en los órganos podría ser irreversible.
  • Sífilis cardiovascular: cardiopatías, valvulopatías, aneurismas...
  • Neurosífilis: lesiones cerebrales, de la médula espinal (“tabes dorsal”), pérdida de coordinación de las extremidades, paràlisis, trastornos oculares, demencia....
  • “Gomas sifilíticos” o lesiones nodulares en la piel, los huesos o el hígado.

Sífilis: Diagnóstico

El diagnóstico de la sífilis se puede realizar por diversos métodos:
  • Diagnóstico directo: observación de la bacteria a través del microscopio en una muestra del líquido que supura de las úlceras o chancros en la piel (sífilis primaria), o de otras lesiones cutáneas (sífilis secundaria). Es el método más inmediato y económico, pero el resultado negativo no descarta totalmente la infección.
  • Diagnóstico indirecto o serológico: se detectan en la sangre los anticuerpos contra la bacteria. Para que los anticuerpos sean positivos es necesario que hayan pasado entre 14 y 20 días desde el contagio. Es el método más utilizado y hay muchas variedades de procedimientos en el laboratorio. Se dividen en pruebas no treponémicas o reagínicas y pruebas treponémicas. Cada una de ellas tiene diferente sensibilidad y especificidad, por lo que se recomienda realizar una combinación de ambos tipos.
Además de la demostración de la presencia de la bacteria en el organismo, se pueden realizar diferentes pruebas complementarias para valorar el daño a los distintos órganos, como ecocardiografía, angiografía, punción lumbar y análisis del líquido cefalorraquídeo…

Sífilis: Tratamiento

El tratamiento de elección para la sífilis es el antibiótico penicilina, que puede administrarse de forma intramuscular o intravenosa. En personas alérgicas a la penicilina se utilizan otros antibióticos alternativos. La sífilis se puede curar si se diagnostica a tiempo y se realiza el tratamiento completo. Es necesario realizar controles médicos en los meses siguientes para valorar que el tratamiento está siendo efectivo y asegurar que la infección desaparece. En ocasiones, al inicio del tratamiento en las primeras fases de la sífilis, la persona puede experimentar una reacción inmunitaria causada por los productos de degradación de las bacterias con síntomas como escalofríos, fiebre, malestar general, náuseas, dolor de cabeza o de músculos y articulaciones, o un sarpullido. En general esta reacción desaparece a las 24 horas. Es importante que las parejas sexuales de la persona infectada por sífilis se realicen las pruebas médicas para descartar la enfermedad.

Sífilis: Prevención

La prevención de la sífilis consiste en:
  • Uso del preservativo para evitar el contagio por vía sexual.
  • Abstención de relaciones sexuales ante la presencia de un chancro u otra lesión cutánea sifilítica.
  • En las mujeres embarazadas se deben realizar de forma rutinaria las pruebas para descartar la sífilis o en caso contrario detectarla de forma precoz para tratarla a tiempo.
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