Isquemia

¿Qué es?

La isquemia es la disminución transitoria o permanente del riego sanguíneo de una parte del cuerpo, producida por una alteración normal o patológica de la arteria o arterias aferentes a ella.

Las isquemias son de distintos tipos y gravedad según afecte a determinados órganos del cuerpo.

Isquemia cerebral: Está ocasionada por la llegada deficitaria de sangre, y por lo tanto de oxígeno, a un área del cerebro. Según la localización, el tamaño de la zona afectada y el tiempo durante el cual el paciente permanece sin riego sanguíneo, se produce una lesión más o menos importante.

Isquemia coronaria: También llamada cardiopatía isquémica o isquemia miocárdica se produce cuando el flujo de sangre al corazón es insuficiente. Puede no tener síntomas o causar dolor en el pecho. Cuando ocurre esto último, se conoce como angina de pecho.

Las isquemias pueden ser también en las extremidades, intestinales, o renales, según afecte a estas zonas del cuerpo.

Causas

La isquemia está causada por la reducción en el suministro de sangre a una zona del cuerpo, bien un órgano o un tejido. ¿Qué puede provocar este bloqueo en el flujo de sangre? El tipo de bloqueo es variado, puede ser un coágulo, un émbolo o la constricción de la propia arteria. Las causas, así mismo, también difieren de un caso a otro, desde el engrosamiento gradual de la pared de la arteria hasta un traumatismo.

Isquemia: Diagnóstico

El diagnóstico de la isquemia depende del tipo de isquemia a tratar. En el caso de la isquemia miocárdica, el procedimiento, junto a un estudio del historial clínico, suele incluir un electrocardiograma (ECG), que registra el ritmo y la actividad del corazón. Así mismo, suele realizarse un análisis de sangre, que incluya pruebas de colesterol. La prueba de esfuezo o un ecocardiograma de esfuerzo también ayuda a identificar una isquemia miocárdica. Otras pruebas que pueden emplearse son el ecocardiograma, la gammagrafía nuclear, la angiografía coronaria o una tomografía computarizada (TC) cardíaca. Para las isquemias agudas en las extremidades, hay que determinar donde está la oclusión, la gravedad y cuál es la causa. Las pruebas diagnósticas incluyen examen de pulso, evaluación Doppler, ecografía dúplex, angiografía por resonancia magnética, o la angiografía por tomografía computarizada (CTA).  

Isquemia: Síntomas

Los síntomas de la isquemia difieren según el tipo de isquemia y los órganos afectados. En el caso de la isquemia coronaria, los síntomas no se observan hasta un estado avanzado de la enfermedad. De hecho, la mayor parte de las personas que la padecen no muestran evidencia de la enfermedad en muchos años. Una vez que aparecen, los síntomas son presión o dolor en el pecho, producido con actividad física o después de las comidas pesadas; dolor en el cuello y en la mandíbula; dolor en el hombro o en el brazo; dificultad para respirar; palpitaciones; náuseas; debilidad o disminución de la tolerancia al ejercicio. La isquemia intestinal, por su parte, tiene síntomas distintos según sea esta aguda (que se desarrolla de forma repentina) o crónica (se desarrolla gradualmente con el tiempo). Los síntomas de la isquemia intestinal aguda pasan por dolor abdominal intenso y repentino, evacuaciones intestinales fuertes frecuentes, sensibilidad o hinchazón en el abdomen, sangre en las heces, náuseas, vómitos o fiebre. En cuanto a la isquemia intestinal crónica, suele manifestarse en forma de calambres y dolor, náuseas, vómitos, diarrea o estreñemiento o flatulencias. Muy rápidos son los síntomas de la isquemia cerebral. Los principales síntomas son visión borrosa, así como dificultad para controlar los músculos, trastornos del habla y rigidez.  

Isquemia: Tratamiento

Independientemente del tipo de isquemia y del órgano al que afecta, el tratamiento de la misma siempre tiene por objetivo restaurar el flujo de sangre y evitar daños mayores. Un tratamiento temprano es esencial para mantener el órgano o la extremidad afectada viable.

Isquemia: Prevención

La prevención de la isquemia para por el desarrollo de hábitos saludables. En concreto, se puede reducir el riesgo de isquemia con una dieta saludable y con un control del azúcar en sangre. Además, hay que mantener un peso saludable, abandonar el tabaco, realizar ejercicio de forma habitual, reducir el nivel de estrés y, aquellas personas que lo necesiten, tomar su medicación para las enfermedades del corazón, el colesterol, la diabetes o la presión arterial alta.
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