Infarto muscular

¿Qué es?

El infarto muscular es en general la muerte de las células del tejido muscular esquelético por falta de riego sanguíneo suficiente y por tanto del aporte imprescindible de oxígeno (necrosis isquémica).

Infarto muscular: Síntomas

Los síntomas de un infarto muscular son:
  • Dolor agudo en un territorio muscular, más frecuente en el muslo.
  • Debilidad al movimiento.
  • Masa dolorosa y palpable.
  • Hinchazón y tacto endurecido alrededor de la masa.
Los músculos que se afectan de forma común son el vasto lateral, el aductor y el bíceps femoral. También se pueden afectar otros músculos de la pantorrilla. Es habitual que la persona también tenga evidencias clínicas de sufrir síntomas de enfermedad vascular que ocluye las arterias en otros órganos como el riñón, el cerebro o el corazón.

Infarto muscular: Diagnóstico

El diagnóstico de un infarto muscular es por una parte clínico, es decir, orientado según los síntomas y signos que presenta el paciente; y por otra parte se confirma mediante pruebas complementarias de imagen radiológica como la resonancia magnética nuclear. La biopsia muscular no se recomienda en todos los casos por el mayor riesgo de que se formen hematomas, infecciones y que se retrase la curación. Es necesario realizar un diagnóstico diferencial con otras enfermedades que se presenten en forma de masa en un músculo: cáncer, vasculitis, trombosis venosa, absceso de tejidos blandos, piomiositis y fascitis necrotizante.

Infarto muscular: Tratamiento

El tratamiento del infarto muscular es principalmente un tratamiento sintomático de soporte con analgésicos para paliar el dolor y reposo del grupo muscular afectado. Progresivamente se va retomando la movilidad del músculo, por ejemplo caminando despacio. En general el dolor y la inflamación se resuelven espontáneamente al cabo de algunas semanas o meses.

Infarto muscular: Prevención

En la prevención del infarto muscular es imprescindible el control óptimo de la enfermedad de base que lo ha originado, como es la diabetes en la mayoría de ocasiones, y también los otros factores de riesgo cardiovascular. De modo más concreto, la prevención del riesgo cardiovascular en una persona que padece diabetes consiste en:
  • Evitar el tabaco.
  • Evitar la obesidad y mantenerse en el peso adecuado para la edad y el sexo.
  • Practicar actividad física moderada de forma regular, cada día o varias veces por semana.
  • Tener un control óptimo de los niveles de azúcar en sangre (glucemia):
    • Análisis de sangre con valores de hemoglobina glicosilada (HbA1C) por debajo del 7%.
    • Niveles de glucemia en ayunas (medida antes de las comidas) con cifras entre 70-130 mg/dl
    • Niveles de glucemia postprandial (medida después de comer) con cifras por debajo de 180 mg/dl.
  • Llevar un control adecuado de otros factores de riesgo como hipertensión y colesterol elevado.
  • Seguir una alimentación equilibrada y saludable para el sistema cardiovascular, con indicaciones especiales para la persona con diabetes:
    • Reducir o eliminar la ingesta de grasas saturadas, sobretodo las grasas de origen animal. En teoría el consumo de grasas saturadas debe ser inferior al 7% del total de calorías diarias.
    • Consumir aceite de oliva como grasa saludable.
    • Evitar comidas copiosas
    • Evitar los azúcares de absorción rápida, harinas refinadas y bebidas azucaradas.
    • Comer alimentos ricos en fibra dietética.
    • Repartir aproximadamente la misma cantidad de alimentos con carbohidratos en cada comida.
    • Tomar variedad de verduras, frutas, legumbres y semillas.
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