Hemorragia subaracnoidea

¿Qué es?

La hemorragia subaracnoidea es un tipo de hemorragia intracraneal, en la cual el sangrado se produce entre los surcos y cisuras del cerebro.

La incidencia anual es de 7-10 casos por 100.000 habitantes, siendo más común en las mujeres entre los 50-60 años de edad.

Causas

La hemorragia subaracnoidea puede ser causada por: - Sangrado de una maraña de vasos sanguíneos, llamado malformación arteriovenosa (MAV). - Trastorno hemorrágico. - Sangrado de un aneurisma cerebral. - Traumatismo craneal. - Causa desconocida. - Uso de anticoagulantes. Hasta en el 90% se produce por la rotura de aneurismas intracraneales, es lo que se llama hemorragia subaracnoidea aneurismática. El aneurisma se produce por un adelgazamiento de una de las capas que forman la arteria. Este defecto, combinado con factores hemodinámicos, son los que llevan a la formación de dilataciones aneurismáticas en las zonas de bifurcación de las arterias de la base del cerebro.

Hemorragia subaracnoidea: Síntomas

La clínica típica de la hemorragia subaracnoidea es cefalea repentina e intensa que comienza súbitamente y, a menudo, es peor cerca de la parte posterior de la cabeza. Los pacientes con frecuencia lo describen como "el peor dolor de cabeza de mi vida" y diferente a cualquier otro tipo de dolor de cabeza. Puede asociar o no disminución del nivel de conciencia. La cefalea suele localizarse en toda la cabeza (holocraneal),  con nucalgia, sin episodios previos similares. Otros síntomas: Disminución del nivel de conciencia. - Molestia en los ojos con la luz. - Cambios en el estado de ánimo y de la personalidad, incluyendo confusión e irritabilidad. Dolores musculares, especialmente dolor en el cuello y dolor en el hombro. - Náuseas y vómitos. - Entumecimiento en parte del cuerpo. Convulsiones. - Cuello rígido. Problemas de visión, entre ellos visión doble, puntos ciegos o pérdida temporal de la visión en un ojo.

Hemorragia subaracnoidea: Diagnóstico

El diagnóstico de la hemorragia subaracnoidea se basa en la exploración física y en la realización de pruebas de imagen. En la exploración podemos encontrar rigidez nucal y signos meníngeos positivos. Según la localización del aneurisma, habrá una sintomatología característica. Para el diagnóstico se suelen emplear el TC craneal y la arteriografía, recurriéndose a la punción lumbar y a la resonancia magnética en los casos dudosos. En urgencias la primera prueba que se solicita es un TC craneal, que en la mayoría de las ocasiones va a poner de manifiesto la HSA, con una sensibilidad del 98% en las primeras 12 horas. Se puede realizar en el mismo estudio un Angio TC de polígono de Willis, la vascularización arterial del cerebro, para valorar la presencia de un aneurisma responsable del sangrado.

Hemorragia subaracnoidea: Tratamiento

El tratamiento de la hemorragia subaracnoidea va a centrarse en el de sus principales complicaciones:  - Resangrado. - Hidrocefalia. - Vasoespasmo. La situación clínica del paciente va a condicionar su ingreso en planta o en la unidad de cuidados intensivos. En algunos casos, como en la hemorragia subaracnoidea secundaria a rotura de aneurisma, es necesario realizar cirugía, las dos opciones son las siguientes: - Craneotomía: perforar un agujero en el cráneo y colocar puntos metálicos en el aneurisma para cerrarlo. - Colocación de coils (espiral endovascular): colocar espirales en el aneurisma y stents (endoprótesis vasculares) en el vaso sanguíneo para corregir el aneurisma y así reducir el riesgo de un sangrado posterior. Las medidas generales de tratamiento incluirán: - Reposo en cama a 30º. - Habitación tranquila. - Pocas visitas. - Monitorización de constantes. - Dieta absoluta. - Antieméticos. - Fluidoterapia. - Analgesia (metamizol, paracetamol, opioides). - Laxantes. - Protección gástrica. - Profilaxis anticonvulsiva, si se considera oportuna. - Profilaxis de trombosis venosa profunda.

Hemorragia subaracnoidea: Prevención

La mortalidad de la hemorragia subaracnoidea es del 51%; hasta un tercio de los supervivientes necesitará cuidados a los largo de su vida. La mayoría de los fallecimientos ocurren dentro de las dos semanas siguientes al sangrado, un 10% antes de que el paciente reciba atención médica y un 25% en las 24 horas siguientes. Alrededor de la mitad de los supervivientes pueden tener un deterioro cognitivo importante, con afectación de su estado funcional y de su calidad de vida.
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