Crisis de ansiedad

¿Qué es?

La crisis de ansiedad o ataque de pánico es un episodio temporal en el que la persona sufre de manera repentina una gran sensación de temor intenso, terror o miedo, sin un peligro aparente.

Aunque por sí misma la crisis de ansiedad no implica un riesgo grave para la salud, sí suele acompañarse de un cortejo de síntomas físicos que provocan verdadero malestar a la persona, o incluso a confundirse con enfermedades de riesgo vital, como un infarto.

Por todo ello, es un motivo bastante frecuente como consulta médica de urgencias.

Causas

Tanto la ansiedad como el estrés o el miedo son respuestas fisiológicas que el propio organismo genera de forma automática ante situaciones de peligro o de tensión, y es útil para mantenernos alerta o tener cuidado. En condiciones normales esa ansiedad termina al poco tiempo cuando ya ha finalizado la situación que la provoca. El problema ocurre cuando estas reacciones tienen lugar fuera de ese contexto, o si la ansiedad no desaparece y empeora con el tiempo. Es más común entre mujeres que en hombres, y suele iniciarse en la edad de adulto joven. Existen algunos factores desencadenantes bien identificados, como el estar sometido a mucho estrés, una prueba o examen, hablar en público, un disgusto grave, una fobia, etcétera… Algunas veces, en personas que han sufrido crisis de ansiedad anteriormente o de forma repetida, el propio miedo volver a sufrir una crisis igual también puede ser el desencadenante de una nueva crisis.

Crisis de ansiedad: Síntomas

La crisis de ansiedad es de inicio repentino y de forma rápida, con máxima intensidad a los pocos minutos. Se puede prolongar un tiempo indefinido de varios minutos u horas. Síntomas psicológicos y emocionales:
  • Llanto.
  • Miedo intenso.
  • Sensación de muerte inminente.
  • Sensación de irrealidad, como si estuviera dentro de un sueño.
  • Sensación de pérdida de control o miedo a enloquecer.
Síntomas físicos acompañantes:
  • Pulso acelerado (taquicardia).
  • Palpitaciones.
  • Respiración acelerada (taquipnea).
  • Mareo, debilidad.
  • Desmayo.
  • Náuseas.
  • Sudoración, sofocos.
  • Temblor, escalofríos, estremecimiento…
  • Dolor o sensación de opresión en el pecho y/o en la garganta, que puede confundirse con un infarto de miocardio.
  • Ahogo o sensación de falta de aire.
  • Hormigueo en las extremidades o sensación de que están “dormidas” las manos, brazos o piernas (parestesias).

Crisis de ansiedad: Diagnóstico

Es raro presentar todos los síntomas a la vez. Se considera que la persona sufre una crisis de ansiedad si se dan por lo menos 4 de los síntomas descritos. El diagnóstico es clínico, es decir, el médico reconoce e identifica los síntomas del paciente a través de la historia clínica (anamnesis) y la exploración física. En ocasiones el propio paciente sabe reconocer sus síntomas, sobre todo si ha vivido un episodio similar con anterioridad. Se pueden realizar algunas pruebas complementarias para descartar enfermedades orgánicas que confunden con los síntomas físicos de la ansiedad:
  • Electrocardiograma
  • Radiografía de tórax
  • Analítica de sangre que incluya marcadores de lesión miocárdica.
  • Las pruebas que el médico considere oportunas según cada caso.
Es posible que después de la atención en urgencias o si han ocurrido episodios de repetición, sea recomendable una derivación al servicio de salud mental para recibir atención especializada con un médico psiquiatra y/o un psicólogo.

Crisis de ansiedad: Tratamiento

En condiciones normales, una crisis de ansiedad suele ser autolimitada, es decir, cesa de forma espontánea, aunque no se haga nada. Aun así es necesario intervenir asistiendo y acompañando al paciente y dando atención al resto de los síntomas, según el criterio médico. Los medicamentos ansiolíticos de acción rápida y vida media corta, por ejemplo el grupo de las benzodiacepinas, son eficaces para frenar una crisis de ansiedad.

Crisis de ansiedad: Prevención

Los medicamentos antidepresivos pueden estar indicados en la prevención y tratamiento de nuevas crisis a medio y largo plazo. También algunos medicamentos de fitoterapia han demostrado ser efectivos para tratar y prevenir la ansiedad, por ejemplo, aquellos que contienen los principios activos de la tila, la valeriana, la melisa, la pasiflora… Siempre bajo control médico. Es muy útil saber reconocer los posibles desencadenantes de una crisis para evitarlos en la medida de lo posible, o si no, elaborar estrategias para afrontarlos. Esto puede requerir ayuda y apoyo psicológico especializado. Algunas estrategias pueden ser: diversas técnicas de relajación, respiración abdominal, mantener la calma, no dejarse llevar por el miedo y estar acompañado. Es aconsejable practicar alguna actividad física regular que resulte gratificante evitar las bebidas estimulantes, procurar un descanso nocturno reparador y en general mantener unos hábitos de vida saludables.
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