Aneurisma cerebral

¿Qué es?

El aneurisma cerebral es una alteración de un vaso sanguíneo (arteria) del cerebro en la que sus paredes están abombadas, dilatadas y sobresalen de su trayecto normal, lo cual conlleva que ese vaso esté debilitado y sufra riesgo de rotura.

Aproximadamente el 5% de la población tiene algún aneurisma en el cerebro, pero solo un pequeño número de estos aneurismas llega a producir síntomas o una ruptura.

Causas

La causa de un aneurisma cerebral tiene relación con los diferentes factores de riesgo que implican una mayor debilidad del vaso sanguíneo y, por tanto, facilitan que se abombe o deforme en alguna parte de su trayecto. Estos factores de riesgo son:
  • Antecedentes familiares de aneurismas cerebrales
  • Enfermedades como la poliquistosis renal, la coartación de la aorta y endocarditis
  • Areteriosclerosis o endurecimiento de las arterias
  • Hipertensión
  • Tabaquismo
  • Consumo excesivo de alcohol
  • Consumo de drogas ilegales
  • Traumatismos craneales
  • Infecciones en el sistema nervioso central o el cerebro
Hay diferentes tipos de aneurismas, los más grandes y con forma de saco son más comunes en los adultos. Cuando ocurre más de un aneurisma en la misma persona se puede pensar que hay un componente hereditario en la aparición de estos aneurismas.

Aneurisma cerebral: Síntomas

Los síntomas de un aneurisma cerebral pueden llegar a pasar inadvertidos si se trata de un aneurisma pequeño o que no afecta a ninguna estructura vecina dentro del cerebro y no produce complicaciones. En ese caso, se puede encontrar el aneurisma como un hallazgo casual después de realizar alguna prueba de neuroimagen cerebral (TAC o resonacia). En los casos que el aneurisma produce síntomas, estos pueden aparecer lentamente en forma de dolor de cabeza intenso, en caso de que en el aneurisma se produzca una fuga de sangre en pequeña cantidad.  Este dolor de cabeza es descrito por la persona como el peor dolor de cabeza de su vida. Se le llama “cefalea en trueno” o “cefalea centinela” porque puede ser una advertencia de una ruptura total del aneurisma en futuros días o semanas después. Los síntomas del aneurisma dependen de su localización, de si se rompe o no y  del área del cerebro donde está ejerciendo presión. Estos síntomas pueden incluir:
  • Visión doble
  • Pérdida de la visión
  • Dolores de cabeza
  • Dolor en el ojo
  • Dolor en el cuello
  • Cuello rígido
  • Zumbido en los oídos
Cuando un aneurisma se rompe por completo, ocurre un sangrado abundante y se produce  dolor de cabeza intenso y repentino, junto con otros síntomas posibles como:
  • Confusión, falta de energía, somnolencia o estupor
  • Párpado caído
  • Náuseas o vómitos
  • Debilidad muscular o dificultad para mover cualquier parte del cuerpo
  • Entumecimiento o disminución de la sensibilidad en cualquier parte del cuerpo
  • Problemas para hablar (diartria)
  • Crisis epiléptica
  • Cuello rígido en ocasiones
  • Cambios en la visión, visión doble o pérdida de visión
Un aneurisma cerebral del cual se sospeche una ruptura es una emergencia médica y se debe acudir a urgencias o llamar al teléfono de emergencias 112 inmediatamente.

Aneurisma cerebral: Diagnóstico

En el diagnóstico del aneurisma cerebral se tienen en cuenta los datos de la historia clínica y la exploración física. Por ejemplo: en la exploración neurológica puede ponerse en evidencia que existen signos de aumento de la presión dentro del cerebro, como edema del nervio óptico o sangrado dentro de la retina del ojo, que se observa en un estudio del fondo del ojo. También se pueden alterar otras partes de la exploración neurológica como el  movimiento ocular, habla, fuerza o sensibilidad. Las posibles pruebas complementarias a realizar son:
  • TAC craneal
  • Resonancia magnética cerebral
  • Angiografía cerebral junto con una tomografía computarizada (TAC) en espiral o una resonancia para señalar la localización y el tamaño del aneurisma
  • Punción lumbar
  • Electroencefalograma

Aneurisma cerebral: Tratamiento

El tratamiento de un aneurisma es diferente si está intacto o si ya se ha roto. En caso de un aneurisma que está íntegro sin rotura, se utilizan las siguientes técnicas quirúrgicas para repararlo:
  • Clipaje: colocación de grapas por medio de una operación de neurocirugía por craneotomía abierta (se abre el cráneo para operar directamente).
  • Reparación endovascular: reparación del vaso lesionado usando una espiral que se introduce dentro del aneurisma, o bien embolizando, es decir, aplicando una sustancia en el interior del aneurisma que lo rellene y lo selle por completo. Esto se realiza mediante un catéter que se introduce por un vaso sanguíneo fuera del cráneo que llega hasta el vaso dañado dentro del cerebro. Es una manera menos invasiva de tratar los aneurismas y es la más utilizada.
No todos los aneurismas necesitan tratamiento inmediato ya que en los que tienen menos probabilidades de rotura por ser de tamaño menor de  3 milímetros, se puede proponer una conducta expectante y un control regular, así como un tratamiento o control de los factores de riesgo cerebrovasculares. Un aneurisma roto implica una emergencia médica y necesita tratamiento inmediato:
  • Hospitalización en una unidad de cuidados intensivos (UCI)
  • Reposo absoluto en cama y restricción de la actividad
  • Drenaje ventricular cerebral
  • Fármacos para prevenir las crisis epilépticas o convulsiones
  • Medicamentos para controlar la presión arterial y los dolores de cabeza
  • Medicamentos intravenosos para prevenir infección  
Una vez reparado el aneurisma se deben tomar medidas oportunas para prevenir un posible ataque cerebral (ictus) u otras complicaciones debidas al espasmo de los vasos sanguíneos.

Aneurisma cerebral: Prevención

La prevención de un aneurisma para evitar su aparición no es conocida. Por ello, el interés de la prevención se basa en evitar que un posible aneurisma se pueda llegar a romper. Las medidas de prevención en este caso son las mismas que se ofrecen para la prevención de los accidentes cerebrovasculares (ictus):
  • Control estricto de la presión arterial.
  • Control de enfermedades que debiliten los vasos sanguíneos, como la diabetes,  aumento del colesterol, aterosclerosis, etc.
  • Evitar el estrés.
  • Evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol y drogas ilegales.
  • Mantener un estilo de vida saludable, incluida la alimentación, actividad física y descanso.
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