Una infancia problemática puede hacer a las personas más propensas a adquirir el hábito de fumar

Las personas que durante la niñez "hicieron frente a una terrible carga de tensiones", es decir, experimentaron situaciones negativas, como por ejemplo, sufrir abusos, malos tratos, un divorcio o la muerte de sus padres, son más propensos a fumar, según un estudio publicado en la revista científica Journal of the American Medical Association (JAMA).

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El estudio, conducido por la Centers for Disease Control and Prevention (CDC), se ha centrado en traumas infantiles como el abuso psicológico, físico y sexual, sufrir la separación o divorcio de los padres, o haber tenido que convivir con padres enfermos mentales o que hayan estado en la cárcel.

Los investigadores estudiaron la relación existente entre las experiencias negativas durante la niñez y adquirir el hábito de fumar en la adolescencia o en la edad adulta. La información fue compilada a partir de encuestas realizadas a 9.215 pacientes adultos, miembros de la Kaiser Permanent Health Maintenance Organization.

El doctor Roberto Anda del CDC opina que “más problemático incluso que el hábito de fumar cigarrillos, es que dos terceras partes de la gente que nosotros estudiamos sufrieron durante su infancia, por lo menos, una de las experiencias adversas que hemos tenido en cuenta en la investigación”

Según los resultados de la investigación, aquellas personas que declararon que durante su infancia experimentaron cinco o más traumas, son 5 ó 4 veces más propensos que los que declararon no padecer ningún trauma, a iniciarse en el hábito de fumar a una edad más temprana, hacia los 14 años aproximadamente. “El porcentaje de personas que explicaron que sintieron la sensación de depresión o tristeza durante la mayor parte del tiempo en el último año aumenta del mismo modo que aumenta el número de experiencias adversas que sufrieron en la niñez”, según explican los autores del estudio. Además, “para cualquier número dado de experiencias infantiles adversas, el porcentaje de los encuestados que señalan problemas con efectos depresivos era siempre más alto entre fumadores que entre no fumadores”, señalan los investigadores.

Asimismo, el 63 por ciento de los encuestados señalaron, por lo menos, una experiencia traumática durante la niñez. La exposición a una experiencia adversa durante la infancia eleva la probabilidad de exposición a cualquier otra categoría de experiencias adversas, según los investigadores.

“En mi opinión, el mensaje central de este estudio es, en primer lugar, que nuestros hijos están haciendo frente a una terrible carga de tensiones y, en segundo lugar, que estas tensiones les conducen a fumar”, explica el Doctor Anda. Los resultados de la investigación pueden explicar algunas recientes revocaciones en tendencias positivas: pocos adultos fumadores están actualmente luchando contra su hábito de fumar, y cada vez más adolescentes encienden un cigarrillo por primera vez.

Por su parte, el psicólogo Roberto Schwebel añade que la gente joven toma a menudo hábitos como fumar para resolver sus necesidades emocionales. “Así, si un niño está sufriendo algún tipo de dolor, tiene una depresión, está triste o se siente mal, el tabaco, mientras esto sucede, es algo que le ayuda a cambiar su humor temporalmente”, explica Schwebel.

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