Un correcto control del embarazo

El embarazo es un proceso complejo que requiere toda la atención de quienes participan en él. El ginecólogo, la madre y el padre, las comadronas, los enfermeros y los familiares tienen que formar un equipo para vigilar que el estado de la embarazada y del bebé sean inmejorables. Controlar el embarazo a nivel médico y a nivel personal es lo primero a tener en cuenta para poder vivir esos nueve meses con la máxima plenitud y sin perderse ni un detalle.

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Cuando se habla de un proceso de gestación se tiende a definir como nueve meses en los cuales una mujer embarazada sólo tiene que esperar a que nazca su hijo. Pero es mucho más que eso. Esta espera tiene que estar controlada en su totalidad por un especialista en Ginecología y Obstetricia, y a su vez, este especialista tiene que estar respaldado por aquellos que viven día a día el embarazo: la madre, el padre y los familiares del futuro bebé. Seguir un calendario de visitas y ciertas pautas a lo largo del proceso es básico para asegurar que todo vaya como la seda.

Según nos explica el doctor Ángel Martínez de la Riva, jefe clínico y director del programa de salud materno-fetal del hospital Vall d”Hebrón de Barcelona, los parámetros o protocolos de control de embarazo establecen que el mínimo de visitas que una embarazada debe hacer a su ginecólogo es de ocho a diez consultas. En el caso de que se hayan realizado menos de ocho, se considera un factor de riesgo de cara al parto. Estas visitas deben realizarse con una cadencia de una vez al mes los primeros meses, una cada quince días a partir del cuarto mes y una cada semana, una vez cumplidas las nueve faltas.

Las pruebas médicas

¿Pero para que sirven las pruebas que se hacen en estas visitas? En el primer trimestre las pruebas van a confirmar la existencia del embarazo en sí, y ya empiezan a realizarse análisis de marcadores ecográficos, que son una serie de signos que se pueden observar a través de las ecografías, que determinan si el feto esta marcado por alguna alteración. En las pruebas que se realicen en el segundo trimestre, o sea a las 20 ó 22 semanas, se vuelven a comprobar estos marcadores y a confirmar la edad del embarazo. En el tercer trimestre se comprueba la integridad física del feto y se valora la función de la placenta a través del Doppler; un sistema radiográfico para ver como circula la sangre en la placenta. Durante el embarazo también se pueden llevar a cabo (si es preciso) otras pruebas como puede ser la amniocentesis, que consiste en extraer una muestra del líquido amniótico y analizar las células, proteínas y cromosomas. También se pueden realizar estudios periféricos de la sangre de la madre, para saber si es una embarazada de riesgo, es decir, si presenta o puede presentar algún riesgo para el parto; si es diabética, si tuvo dificultades en un parto anterior, si padece alguna enfermedad coronaria, si es muy mayor.

Qué hacer a nivel personal

El embarazo es un momento ideal para empezar a adoptar ciertas conductas que a nivel sanitario y a nivel psicológico son de gran ayuda a los implicados en el embarazo. “Lo ideal es lograr integrar en un mismo equipo de embarazo a la madre, al padre, al ginecólogo, al equipo de enfermería y a la comadrona, de tal manera que estemos trabajando para que el niño tenga la mayor calidad posible”- asegura el doctor Martínez de la Riva.

El rol que se le asigna a la madre acostumbra a ser de observadora de los correctos cuidados de su cuerpo, tan cambiante durante esos nueve meses. Llevar a cabo normas dietéticas y de vida adecuadas, intentar no engordar excesivamente y no llevar a cabo conductas que pueden ser perjudiciales es lo básico. Puede colaborar haciendo una vida sana, controlar si tiene pérdidas, si nota que el feto crece excesivamente o demasiado lentamente.y al padre, que conozca estas normas y que recuerde a la madre del niño que debe cumplirlas. Que colabore en ellas en la medida que pueda: también es su embarazo. Ambos pueden asistir a cursos de información sanitaria para saber qué signos de alerta que pueden estar repercutiendo en la salud del feto o de la madre; ambos pueden “obligarse” a realizar ciertas prácticas que son beneficiosas para la embarazada y el futuro bebé. El padre puede recordar a la embarazada que sería bueno caminar dos horas al día, vestir y calzarse cómodamente, llevar una higiene adecuada. Todo para que ésta llegue al parto de manera tranquila, lo más relajada posible y conocedora de todos los posibles resortes que el nacimiento del bebé puede conllevar.

Un parto donde la presencia del padre es básica: “hay ejemplos de padres que participan en el parto activamente: respiran al mismo tiempo, empujan cuando tienen que empujar y es un buen ejemplo de colaboración” -asegura Martínez de la Riva.

¿De que sirve controlar el embarazo?

Si el embarazo es un proceso de lo más natural, ¿por qué es necesario tanto control, tantas pruebas, tantos cuidados? Aparte de los beneficios psicológicos que éstas comportan a la embarazada, el control médico junto el control personal reducen el riesgo de mortalidad perinatal, es decir, en el momento del parto. “No controlarse el embarazo significa estar perjudicando las posibilidades de salud de su niño dentro del útero”- asegura el doctor Martínez de la Riva. “El embarazo no debe entenderse como “esa cosa que sucede durante nueve meses”, sino que es una situación en la que hay cierta trascendencia biológica y psicológica. Una pareja o una mujer deben planificar su capacidad para poder reproducirse, y este análisis debe hacerse antes del embarazo” -continúa Martínez de la Riva.

Según el doctor, es conveniente hacer un asesoramiento reproductivo pre-concepcional, es decir, hacer una serie de visitas antes de concebir al bebé con tal de entender el embarazo como un todo. Según Martínez de la Riva, “de esta manera se podría determinar qué embarazada es de riesgo, hacer un análisis de las parejas, cuáles pueden desarrollar problemas en el momento en que se quedan embarazadas”- aclara Martínez de la Riva.

Así, los expertos pueden hacer algo para mejorar el embarazo. Por ejemplo, está demostrado que si se administra ácido fólico 3 ó 4 semanas antes de la concepción y tres meses después de ella se reduce sensiblemente el riesgo de que el bebé sufra cardiopatías o defectos de la espina bífida. O mediante las visitas preconcepcionales se pueden prever futuros problemas. Si la futura mamá es hipertensa, o diabética, pues el ginecólogo puede enfocar el futuro embarazo de cierta manera mucho más adecuada para el bebé y la madre.

Tan sólo se trata de saberlo todo de antemano para prevenir complicaciones. Hacer lo que sea para que el nacimiento de tu hijo sea un éxito, combinando el control médico con los cuidados “caseros” y cotidianos.

La nutrición en el embarazo

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