Trabajar puede ser un auténtico peligro para tu piel

De la mano del Dr. Julián Conejo-Mir, Presidente de la Academia Española de Dermatología y Venereología te mostramos cómo afectan las distintas profesiones a la salud y la belleza.

Enfermedades y patologías relacionadas: General

Trabajar se ha convertido en un peligro para la salud. Al menos, para la de la piel. Dedicarse a una profesión determinada podría no estar exento de riesgos en cuestiones cutáneas. De hecho, cada vez observamos más problemas en la piel debido a eccemas de contacto, a la radiación solar, al estrés o a los aires acondicionados.

Todo está relacionado con las células de Langerhans: ellas son el “chivato” de la piel, que avisan de cualquier problema e inducen una respuesta inmunológica.

Estas son las principales manifestaciones de las “profesiones de riesgo”:

1. DERMATITIS DE CONTACTO

Nuestro organismo desarrolla un mecanismo de “hipersensibilidad retardada” ante ciertas sustancias con las que convivimos a lo largo de nuestra vida. Sobre todo en la infancia: ¿Sabías que ponerle pendientes muy pronto a un bebé puede desarrollar en el futuro alergia al níquel o al cromo (muy presentes en bisutería)? Pero también haber estado en contacto con el cromo y el níquel de pequeño puede desarrollar alergia a los detergentes (todos poseen dichos elementos), en el caso de los camareros.

Peluqueros: Manipulan muchas sustancias químicas: tintes, acondicionadores, champús… Pueden sufrir dermatitis de contacto en las manos (manifestándose en grietas, picor y sequedad) al abusar de tintes y sustancias químicas, debido a una sustancia presente en ellos: la parafenilediamina. El tinte negro es el que más cantidad posee de dicha sustancia. Pero también la henna la posee. En los acondicionadores capilares, el peligro está en la lira: este producto químico lo llevan todos, y se deposita en el pelo. Lo curioso es que la reacción alérgica no tiene lugar en la cabeza, sino en las orejas, la cara, los hombros, etc.

Cirujanos plásticos: Sus manos pueden quedar agrietadas y secas debido a que se lavan las manos continuamente y a que manipulan de todo: desinfectantes, detergentes, medicamentos, etc.

Eccema del ama de casa: El manto hidrolipídico de la piel se va “desgastando” por el uso continuado de detergentes. No es en este caso una alergia, sino una irritación. Hay que tener cuidado con los “blanqueadores ópticos”: los detergentes que lavan más blanco, los que se anuncian así en televisión, poseen en realidad un fluorescente óptico que puede dar alergia. Aún peor cuando el tejido, una vez lavado con estos detergentes, se mezcla con el sudor cutáneo: la alergia empeora.

Textiles: Dependientes o diseñadores. Además del color negro, los tonos fuertes como el naranja o el azul contienen mucha parafenilediamina.

Además, el curtido de cuero, lo que se pone al tejido para que resulte elástico, lleva cromo. Los pantalones de cuero poseen gran cantidad, por ejemplo.

Abogados: Por el manejo diario del papel impreso podrían sufrir dermatitis en las manos, pues el toner lleva parafenilediamina.

Dentistas: Amalgamas, composites, pegamentos, anestésicos… Todo ello es un peligro potencial para la salud cutánea, aunque cada vez están más perfeccionados.

Jardineros: Manipulan plantas, las cuales producen la llamada “dermatitis de los prados”. El césped, la aquilea o la higuera podrían producir por ejemplo inflamación de la piel y formación posterior de manchas marrones.

Albañiles: Alergia al cobalto.

2. PROBELMAS CUTÁNEOS DEBIDOS AL SOL

Además de envejecimiento, sequedad, manchas y flacidez, la radiación puede provocar cáncer de piel. Hoy no lo reconoce la legislación como enfermedad profesional, pero lo es.

Pilotos y azafatas: Tienen una alta probabilidad de sufrir cáncer cutáneo. Los rayos cósmicos inciden a 30.000 pies de altura (10 km) a través del cristal, lo que afectaría directamente a los pilotos. Menos claro está en el caso de las azafatas. Durante un tiempo se pensó que podía deberse a que los fines de semana, aprovechando los viajes, abusaban del sol, pero tampoco ha podido comprobarse. ¿La electrónica de los aparatos del avión y los campos electromagnéticos? Quizá, no hay pruebas al respecto.

Ejecutivos, oficinistas, periodistas, administrativos: Un 20 por ciento de estos profesionales sufre las consecuencias de los llamados “edificios inteligentes”. Así, pueden desarrollar, debido a la bajísima humedad relativa del aire y al abuso del aire acondicionado, sequedad cutánea, falta de luminosidad, malestar general, cefaleas, rinitis y, algo peor, lipoatrofia semicircular. Esta enfermedad que se manifiesta en las piernas como si se hubiera marcado la costura de unas medias a mitad de muslos, es en realidad debido al gesto repetido de presionar la parte superior de estos contra el tablón de la mesa, es decir, por traumatismo repetido. A ello llegó un estudio realizado en Barcelona hace unos años.

Deportistas: Son una profesión de alto riesgo. La manía de “ser saludable y deportista” podría tener una connotación de peligro en forma de melanoma. Ir a trabajar en bicicleta media hora al día, hacer trekking, surf, fútbol, montar a caballo, pasear… Sin fotoprotección la radiación podría ser letal. También poseen estos profesionales alto índice de micosis (hongos) por el sudor o ambiente de humedad, deshidratación cutánea, etc.

3. POR ESTRÉS

Modelos: Aunque no lo parece, se trata de una profesión capaz de deteriorar la piel: alergias de contacto a cosméticos (empeoradas por el continuo cambio de marcas y productos), estrías por los habituales adelgazamientos en tiempo record, celulitis (la cual es independiente de estar delgada) debido al estrés, a la falta de ejercicio, a la mala alimentación y, en ocasiones, al abuso de tabaco y otros tóxicos, acné por estrés, rosácea por hipersensibilidad, alopecia debido al estrés y al uso y abuso de secadores, dermatosis seborreica, etc.

Médicos: El estrés es muy alto. Alopecia, acné, rosácea, liquen ruber plano (enfermedad inflamatoria de la piel de causa desconocida que se caracteriza por la aparición de pequeñas lesiones abultadas en la piel o mucosas que producen picor). Además, dermatitis de contacto por guantes, agentes de limpieza, etc.

Perfeccionistas en su trabajo: ¿Sabías que el 80 por ciento de los pacientes con rosácea son mujeres entre 25 y 50 años muy exigentes consigo mismas?

4. POR HUMEDAD

Curioso es el caso de los spas: quien trabaja en uno o acude a menudo puede desarrollar una infección en las uñas por unos gérmenes llamados pseudomonas: las uñas se ponen verdes por la continua humedad.

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