Si va al médico, no le mienta. Si usted es el médico, tampoco lo haga

La relación clínica ha de evolucionar desde el paternalismo a la deliberación, desde el médico como guardián de la salud, al médico como maestro que acompaña y ayuda al enfermo a dar luz a su propia realidad. La clave está en un acercamiento individual y progresivo para compartir información en las mejores condiciones posibles.

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La frontera entre salud y enfermedad no está clara. “Es fácil descubrir quienes se consideran sanos y no lo están tanto, y quienes refieren carecer de buena salud porque ante un trastorno determinado, lo viven excesivamente condicionado por su entorno”, aseguró Daniel Solano, miembro del Departamento de Medicina de la UPV/EHU, en el marco de la conferencia Tengo que darle una mala noticia. Mi experiencia en la relación médico-paciente, que se celebró en Bilbao dentro del programa Encuentros con la Salud.

Ante esta delgada línea divisoria el experto asegura que “el asunto debe desdramatizarse, pues los médicos han de dar todos los días buenas y malas noticias sin hacer una división tajante; son dos caras de la misma moneda insertada en la comunicación médico-paciente, donde lo importante no es la noticia en sí, sino el modo en que se da”.

El experto subrayó que “la salud se construye, difuminándose cuando se convierte en un bien de consumo”. Desde esta perspectiva, Daniel Solano entiende que “la relación clínica ha de evolucionar desde el paternalismo a la deliberación, del bien del paciente según criterios exclusivamente médicos, a la persuasión de aquél por parte del profesional; desde el médico como guardián de la salud, al médico como maestro que acompaña y ayuda al enfermo a dar luz a su propia realidad, superando el modelo asistencial estrictamente técnico que predomina actualmente”.

Considera el especialista que “el médico es y debiera ser reconocido como experto en la enfermedad y su tratamiento, mientras al paciente es un experto en su cuerpo, su historia, sus creencias, en sus deseos, esperanzas y visión propia del mundo. Se ha de trabajar bajo los dos criterios”.

Estrategia comunicativa

Para Daniel Solano “tan importante como saber qué debo decir y cómo he de dar una mala noticia a un paciente, es conocer lo que como persona temerosa y esperanzada desea y lo que le estoy permitiendo transmitir sobre su situación.” A juicio del experto, “la clave está en un acercamiento individual y progresivo para compartir información en las mejores condiciones posibles”.

Asimismo, “escamotear el pronóstico a un paciente no sirve más que para erosionar la confianza hacia su médico cuando con el tiempo este pronóstico es descubierto, por sí mismo, en soledad”.

“Lo que los pacientes necesitan de los médicos, y por extensión del resto de profesionales sanitarios, es que evitemos el dilema de decirles o no el pronóstico, afrontando el problema de permanecer a su lado, ofreciéndoles un cauce comunicativo leal y verdadero”, indicó Solano.

Ser discreto y ser comprensivo

Ser discreto significa que saber mucho nunca debe ser distintivo de superioridad. “Hemos de resistirnos a contar cosas incomprensibles o pendientes de confirmación; es preciso evitar vocabulario técnico, jerga o siglas”.

Por otra parte, “ser comprensivo significa que a veces los pacientes no escuchan cuando oyen; dar documentos informativos sobre su proceso es complementario, y nunca sustitutivo de la información directa que los médicos hemos de dar y recibir cara a cara”.

Frases desafortunadas

Existen en la comunicación médico-paciente algunas frases que se podrían calificar como desafortunadas, incluyen el “tiene que acostumbrarse a vivir con ello” o el “no hay nada más que podamos hacer”.

Hablando de riesgos, el experto señala que “no es bueno ir con la lista de complicaciones por delante. Es necesario informar de los riesgos más comunes aunque no sean serios y de los rarísimos si son graves”. Además, “cuando el proceso es crónico o irreversible, y el pronóstico malo, nunca hay que decir al paciente que se va a curar”, agrega.

En estos casos “el silencio compartido, no el conspirativo que oculta información que el paciente solicita, es un buen compañero de viaje; la mentira, incluso piadosa, nunca es buena”.

Las preguntas al médico

Las preguntas “¿qué más podría ser?, ¿hay algo más que no encaje?, ¿es posible que tenga más de un problema?, ¿es malo lo que tengo?, ¿qué va a ser de mi?, ¿me voy a morir pronto?”, contribuyen a sacar a la superficie la realidad inevitable de la incertidumbre en Medicina.

Ante esta incertidumbre, Solano explica que “los pacientes me han enseñado que además de curarles, si podemos, quieren sobre todo que les cuidemos. Al paciente indudablemente le gusta la seguridad de su médico pero aún más su flexibilidad”.

Enfermos saludables

Así pues, Solano exhorta a “acostumbrarse a periodos de incertidumbre y a la cada vez más frecuente cronicidad”, pues es la consecuencia “del progreso sanitario del siglo pasado”. Por esta razón, según el conferenciante “hemos de aprender a ser enfermos saludables más que sanos eternos, permanentemente curados”.

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