¿Sabe un doctor guardarnos el secreto?

La Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria (SCMFiC) ha elaborado un documento sobre la confidencialidad que debe guardar el médico de cabecera a la hora de atendernos. Entre otras obligaciones, la SCMFiC recuerda que sólo los facultativos implicados en la atención de un paciente pueden tener acceso a los datos referentes a su estado de salud.

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El documento Confidencialidad: el derecho a la intimidad ha sido redactado por el Grupo de Ética de la SCMFiC y expone 27 situaciones diarias en las que, a veces por descuido o por desconocimiento, un médico puede vulnerar el derecho de sus pacientes a la confidencialidad. Un secreto que el médico “debe mantener incluso después de la muerte del paciente”, recuerda este documento.

Según esta sociedad profesional, “cada día se nos plantean multitud de situaciones en las que podemos vulnerar el derecho de los pacientes a la confidencialidad de la información sobre su persona y sus datos clínicos”. Por ello, piden a sus colegas que se rijan por la norma de la prudencia, pues “es mucho más difícil equivocarse por callar que por hablar”.

Un ejemplo práctico: un hijo interroga al médico sobre el estado de su padre, o al revés, un padre pregunta al médico por qué su hijo o hija fue el otro día al médico. “El médico no puede caer en la trampa”, subraya el documento de la SCMFiC, pues “en estos casos el médico tampoco puede facilitar información a no ser que se disponga de la autorización del paciente”, recoge el documento. ¿Y si alguien nos pregunta si ha venido alguien a visitarse? La respuesta es la misma: el médico no está obligado a dar esa información.

Si el paciente es menor de edad, la SCMFiC considera que en caso de enfermedades graves donde la familia juega un papel importante debemos implicarla, pero “siempre con el consentimiento del adolescente”. Especialmente si el paciente “tiene más de 16 años o si está emancipado”.

En los episodios de enfermedades graves, la SCMFiC aconseja que “la información se dé al paciente hasta el nivel que quiera saber” pues estar completamente informado “es un derecho, no una obligación”. El paciente también debe dar su consentimiento y autorizar al médico para que hable de su estado a la familia o cuidadores.

Pasillos, ascensores, existen muchos escenarios de encuentros entre médicos donde el compromiso de confidencialidad puede romperse. “A menudo hay compañeros del centro que nos preguntan o comentamos temas con otro profesional”. La SCMFiC reconoce que esos encuentros son “las formas más frecuentes e inconscientes de la violación de la confidencialidad”, por lo que insta a evitar informar a otros colegas sobre los propios pacientes. Y debe pedir permiso al paciente para poder consultar su caso con otro colega.

Otro escenario donde frecuentemente se rompe la confidencialidad es el mostrador del centro de atención sanitaria, donde se atiende a los pacientes personalmente y por teléfono. Allí, un paciente puede escuchar accidentalmente una conversación y obtener información sobre una visita de otro paciente o una receta que ha pedido o una patología sobre la que ha pedido consulta. Por ello, la SCMFiC pide extremar la precaución en este ámbito.

Casos delicados

Hay situaciones donde no guardar la confidencialidad puede comportar graves problemas. Por ejemplo, las situaciones y enfermedades que provocan la denominada “conspiración del silencio”, donde circula información entre el médico y la familia a espaldas del paciente. El documento recomienda en estos casos que el médico “no hable con la familia al margen del enfermo, aunque sea terminal, porque violamos así la confidencialidad”.

Otro de los dilemas más complejos se da con las enfermedades contagiosas. Por ejemplo, una persona infectada por el virus del Sida que no lo comunica a su pareja incurre en un delito. Por lo que el documento recomienda que el médico haga todo lo posible por “conseguir una comunicación voluntaria del propio afectado”.

Otro apartado delicado son los protocolos de atención en caso de maltratos. Según este documento de la SCMFiC, es recomendable “no tomar ninguna iniciativa sin el consentimiento de la víctima puesto que en algunos casos nuestra denuncia, sin consentimiento, puede producir aún más problemas. Hay que valorar cada situación globalmente”.

Y en el caso de malos tratos a menores, el documento aconseja “romper la confidencialidad del niño para protegerlo” si existen “datos objetivos”. No obstante, cuando el menor sea competente intelectualmente, no debe darse ninguna información a los padres sin su consentimiento, recomiendan los expertos que han elaborado este documento.

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