Recomendaciones para la vuelta al cole

La vuelta al colegio después de unas largas vacaciones puede ser difícil, pero si aprovechamos sus aspectos positivos, podemos conseguir que los niños la vivan con entusiasmo e ilusión.

Para muchos niños, un nuevo curso también representa una nueva escuela, a veces la primera, con nuevos profesores o nuevos amigos. Y los cambios siempre generan un cierto grado de ansiedad por lo que requieren un tiempo más o menos largo de adaptación.

“Evidentemente, estos procesos serán muy diferentes según la edad del niño, y no van a ser iguales para el pequeño que va a la guardería que para el que ya acude al colegio, ni por descontado para el novato que va a ir por primera vez que para el veterano”, explica el Dr. Xavier Viñallonga, Jefe de Pediatría Ambulatoria de USP Instituto Universitario Dexeus.

Hábitos saludables: es el momento para establecer rutinas de alimentación, sueño y estudio

La vuelta al colegio es el mejor momento para el establecimiento o la recuperación de rutinas y hábitos saludables de alimentación, sueño y estudio. Es recomendable que el desayuno se haga en casa, sentados a la mesa, y que sea completo a base de lácteos, cereales (pan) y fruta (mejor entera que en zumo).

Por otro lado, hay que asegurar las horas de sueño necesarias para cada niño; que serán diferentes según la edad pero deben permitir que el rendimiento durante el día sea el correcto. Además, leer un cuento, un cómic o un libro antes de ir a dormir puede ayudar a fomentar el hábito de la lectura.

Referente al estudio, es fundamental que sea un hábito diario: se aprende más y mejor si se estudia un poquito cada día que si se deja todo para el final. El lugar para hacer los deberes y para estudiar debe ser tranquilo, cómodo y bien iluminado.

La postura correcta también es importante para evitar dolores de espalda. Para estudiar, el móvil y el ordenador deben permanecer desconectados.

“Sin embargo, nunca hay que olvidar que un aspecto básico en la vida del niño es el juego; es importantísimo que los padres jueguen con sus hijos, y que éstos también jueguen con otros niños. Asimismo, es esencial insistir en la importancia de la actividad física, que no sólo significa practicar un deporte, sino también andar, correr o bailar”, según el Dr. Viñallonga.

La elección de la mochila

El mal uso de la mochila no provoca deformidades de la columna vertebral, pero no obstante, una mochila mal fijada o con un peso excesivo puede acabar produciendo dolor de espalda.

Las más adecuadas son las que llevan tirantes adaptables, anchos y acolchados; también es bueno que incorporen cinturón y que dispongan de diferentes compartimentos para colocar el material escolar; los libros más pesados deben colocarse en la parte interior, pegados a la espalda.

Como explica el Dr. Viñallonga, “el tamaño de la mochila tiene que ser proporcional al tamaño del niño, y ha de quedar bien sujeta, con la parte más baja a unos 5 cm por encima de la cintura. Su peso no debe superar el 10% del peso del niño pequeño o el 15% en el niño mayor”.

Las mochilas con ruedas pueden representar una alternativa pero tampoco hay que sobrecargarlas y para llevarlas es mejor ir cambiándolas de mano.

La guardería y las enfermedades: la lactancia materna protege más a los niños

Durante el primer año de guardería da la impresión de que los niños están siempre enfermos, pero, en general, las patologías que padecen suelen ser banales. La mayoría de las veces sufren resfriados comunes, gastroenteritis leves y otras infecciones víricas de poca importancia.

Sin embargo, no todos los niños son iguales y, aunque la edad y la susceptibilidad individual influyen, existen factores protectores que los padres pueden manejar. Por ejemplo, si el niño empieza la guardería a partir de los 18-24 meses, su sistema inmunitario estará más formado que si la inicia durante el primer año de vida. Si su incorporación se hace de forma progresiva durante la primavera es menos probable que adquiera enfermedades infecciosas que si empieza el curso a tiempo completo en otoño o invierno.

Por otra parte, un niño que ha recibido lactancia materna durante un tiempo prolongado y que hace una alimentación variada, está más protegido.

“Muchas de las enfermedades infantiles clásicas, como la tos ferina, el sarampión, la rubéola, las paperas o la varicela, en ocasiones presentan complicaciones importantes, pero actualmente se pueden prevenir con las vacunas. Y lo mismo ocurre con buena parte de las enfermedades graves que pueden afectar a los niños, como la meningitis, por eso es importante que antes del inicio del curso los padres se aseguren de que el estado de vacunación de su hijo sea el correcto”, afirma el Dr. Viñallonga.

Recomendaciones para una buena adaptación a la guardería o al colegio:

-Durante los días anteriores al inicio del curso y durante los primeros días del mismo, escuche sus miedos y problemas, hable con el niño del colegio y recalque sus aspectos positivos (actividades que le puedan gustar, excursiones, colonias, nuevos amigos o encuentro con los “viejos” colegas,…).

-Deje que participe en las compras del material y que ayude a forrar los libros, a hacer la mochila, etc. Vaya estableciendo progresivamente los horarios del período escolar durante los últimos días de vacaciones. Si es posible, intente que, si no conoce el centro educativo, lo pueda ver antes de empezar el curso y que entre en contacto con sus nuevos compañeros antes de la vuelta al colegio.

-Acompañe a su hijo a la escuela y despídase de él de una forma natural. No es bueno que vea que usted lo pasa mal cuando lo deja: demuéstrele cariño pero también tranquilidad y seguridad.

-En la guardería, los primeros días es útil que pase un rato junto al niño y los cuidadores, para que se vaya adaptando poco a poco. Es mejor que al principio el niño no permanezca todo el día en la guardería. Su muñeco favorito o el chupete le pueden dar seguridad. Intente que el inicio del curso no coincida con otros cambios, como la retirada del chupete o del pañal.

-Vaya personalmente a buscar a su hijo a la salida del colegio y dedique un tiempo a ir al parque o a jugar con él.

-Tenga calma y paciencia. Recuerde que el período de adaptación es inevitable y que cada niño necesita su tiempo.

-No se preocupe si durante unos días el niño se queda llorando, pero si su reacción es exagerada y se prolonga durante mucho tiempo, consulte con su pediatra.

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