¿Qué agua dar a los lactantes?

Cuando se opta por alimentar a los lactantes con preparados en polvo en lugar de con leche materna, se pueden adquirir en el mercado productos que son muy parecidos a la leche de la madre. Sin embargo, a la hora de elaborar estos preparados, tienen que mezclarse con agua, y ya sea ésta del grifo o embotellada, puede suceder que la fórmula quede estropeada y que incluso pueda dañar las funciones digestivas del bebé.

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Nuevos estudios pediátricos han demostrado que la calidad de los preparados lácteos en polvo queda alterada al mezclarlos con agua del grifo o incluso con la embotellada, debido a la alta concentración de minerales que poseen. Y es que a la hora de juzgar un agua no sólo deben tenerse en cuenta sus características más evidentes, como el color, sabor, olor o turbidez, sino también una serie de parámetros analíticos que pueden presentar un riesgo potencial para la salud del bebé. Una alternativa novedosa y segura para esta situación estaría en el uso de las denominadas aguas adaptadas, que están hipomineralizadas y que preservan los valores nutricionales de la alimentación de los bebés, además de prevenir diarreas y acidosis.

Y es que diarreas y acidosis pueden presentarse por la inmadurez fisiológica del organismo de los lactantes -el aparato renal no se estabiliza hasta el año de edad-, que les impide absorber correctamente los minerales, tal y como lo puede hacer el cuerpo de un adulto.

Inconvenientes del agua

Aunque hasta ahora se han producido importantes avances en lo que respecta a la composición de los preparados lácteos en polvo, todavía no se había profundizado en la calidad del agua de consumo empleada. Mientras que las del grifo suelen ser inadecuadas por su contenido en sales minerales (como sodio, bicarbonato, calcio o cloro), las embotelladas suelen contener una excesiva presencia de sodio, lo que favorece grados de hipertensión en la edad adulta. Incluso en muchos casos se ha detectado que son excesivamente ricas en bicarbonatos (mineral inexistente en la leche materna). Otro problema específico que puede presentar este agua es un alto contenido en flúor, con riesgo de provocar fluorosis.

Tradicionalmente, para paliar los efectos negativos que se creía podía tener el agua del grifo, muchas madres solían hervirla antes de preparar el biberón, creyendo eliminar así cualquier sustancia nociva. Sin embargo, éste ha sido un mito ampliamente desmentido por los especialistas ya que cuando el agua entra en ebullición se produce un aumento de la concentración iónica, tras la evaporación de parte del líquido. De hecho, hirviendo el agua durante 10 minutos, se aumenta dicha concentración de minerales en un 200 por ciento.

Agua pura

Las necesidades de agua de un lactante suelen ser del 10 al 15 por ciento de su peso corporal al día. Tal y como se especifica en un estudio reciente realizado por un grupo de trabajo de la Sociedad Española de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica respecto al consumo de agua en la infancia, la leche materna, segregada en cantidades adecuadas, es el único alimento natural que permite por sí solo satisfacer las necesidades del lactante durante largos períodos de tiempo, ya que es un producto rico en agua (88 por ciento). Aún así, las cifras indican que durante los primeros tres meses de vida de los niños, más de un 90 por ciento de las madres reemplazan esta opción más idónea por preparados lácteos.

Salta a la vista que el consumo de agua en los lactantes es necesario, y por ello una buena opción puede ser el uso de aguas adaptadas, como la que comercializa la empresa española Nafree en supermercados y farmacias de este país. Éstas resultan de una pureza mucho mayor que cualquiera de las otras disponibles.

En su tratamiento se procede, en primer término, a su descalcificación o eliminación de todas las sales minerales para favorecer el siguiente paso: la doble ósmosis (filtrado por presión). En este punto se eliminan por completo los minerales y residuos sólidos. El agua resultante es químicamente pura. Posteriormente se realiza un filtro total para eliminar completamente los gérmenes y bacterias que pudieran quedar en el agua. Pero, para una mayor garantía microbiológica, luego se realiza una esterilización con rayos ultravioletas. A esta altura del proceso, el agua obtenida tiene un nivel de pureza similar al agua de lluvia.

Sin embargo, con la eliminación de todos los minerales se altera el pH, por lo que resulta necesario enriquecer el agua con 60 mg de calcio (único mineral que el lactante puede tomar en abundancia). Una vez compensado el pH se procede a la pasteurización para evitar que el calcio introducido genere alteraciones en el agua. Finalmente se envasa asépticamente en tetra pack.

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