Prevenir el trombo antes de que sea tarde

La aterotrombosis, cuyo "desarrollo y complicaciones suponen en todos los países desarrollados la primera causa de mortalidad", puede producirse por la presencia de factores de riesgo como "hipertensión arterial, elevación del colesterol en la sangre o tabaquismo", pero también existen otros procesos que contribuyen al desarrollo de la patología como la diabetes y la obesidad, explica el doctor Leandro Plaza, cardiólogo del Hospital Carlos III de Madrid.

Enfermedades y patologías relacionadas: Ictus, Infarto / Angina de pecho

Según el lugar donde se desarrolle la enfermedad (cerebro, corazón o extremidades) la aterotrombosis puede manifestarse de diferentes formas: angina de pecho, accidente cerebrovascular isquémico, arteriopatía periférica (fundamentalmente en las piernas) y ataque cardíaco. Su aparición responde a la formación de un coágulo en los depósitos de grasa de un vaso sanguíneo, que obstruye total o parcialmente dicho vaso.

“A pesar de los grandes adelantos de la ciencia todavía no conocemos un tratamiento total para la enfermedad”, indica el doctor Plaza. Por ello de momento lo que se está intentando es “prevenir que el trombo sea más pequeño o que no se forme”. Asimismo, también es primordial “promover hábitos de vida saludable sobre todo en la población infantil y juvenil”.

Cuando la aterotrombosis afecta al cerebro puede dar lugar a un ictus, que consiste en “un trastorno brusco de la circulación cerebral”, o a un ataque isquémico transitorio, señala el doctor Antonio Gil Núñez, neurólogo y jefe de la Unidad de Ictus del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. En España el ictus es la segunda causa de muerte y de demencia, pero también es la principal causa de incapacidad en el adulto, puesto que “el 31 por ciento de los pacientes que sobreviven necesitan cuidados, un 20 por ciento no puede caminar y un 70 por ciento se ven perjudicados profesionalmente”.

Además de los factores de riesgo comunes a todas las variantes de la aterotrombosis, la probabilidad de sufrir un ictus aumenta si se trata de personas que han sufrido una patología similar anteriormente, tienen más de 55 años (el riesgo va en aumento a medida que se supera esta edad) y si son hombres (aunque en edades avanzadas la incidencia es mayor en mujeres).

Entre los síntomas de la enfermedad se encuentran, en palabras del doctor Gil Núñez, “la pérdida de fuerza o el trastorno de sensibilidad en un lado del cuerpo; la cefalea o dolor de cabeza intensísimo, las dificultades para caminar de manera súbita”, y también “pueden afectarse la visión y el habla”.

Respecto al ataque isquémico transitorio (AIT) los síntomas son similares pero “desaparecen en menos de 24 horas, generalmente en menos de una hora”, pero el doctor Gil Núñez advierte que también es necesario que el paciente sea trasladado inmediatamente a un hospital para “mejorar la supervivencia y evitar que quede discapacitado”. Este especialista insiste en la importancia de la prevención, porque si no se toman medidas de este tipo un 40 por ciento de los pacientes vuelve a sufrir un ictus a los cinco años y en ese mismo período entre un 24 y un 45 por ciento de ellos pueden fallecer.

Infarto y angina de pecho

Por su parte, el doctor Isidoro González Maqueda, de la Unidad Coronaria del Hospital La Paz de Madrid, explica que cuando la aterotrombosis afecta al corazón se manifiesta de dos maneras: la angina de esfuerzo estable, en la cual las arterias se encuentran “cerradas a un determinado nivel” y la angina inestable y el infarto de miocardio, en los que ya se ha producido “un trombo que ocluye la arteria”. En su opinión, la prevención es muy importante en las enfermedades cardiovasculares, puesto que “el 90 por ciento de las muertes se producen inmediatamente, no da tiempo a llegar al hospital”. Por ello, es preciso que los enfermos se sometan a controles de la tensión, realicen “ejercicio físico regular, metódico y progresivo”, abandonen el tabaco (porque “sólo el acto de dejar de fumar disminuye la mortalidad post-infarto en un 50 por ciento”) y después de los 50 años el doctor González Maqueda cree que puede ser adecuado administrar “incluso un antiagregante plaquetario”.

Extremidades

Respecto a la aterotrombosis a nivel de las extremidades, “lo más importante es que la mayoría de los pacientes son asintomáticos”, opina el doctor Enrique Puras, cirujano vascular del Hospital Fundación Alcorcón de Madrid. A partir de los 65 años un 20 por ciento de la población padece esta patología y una de cada tres personas de más de 75 años “tiene la enfermedad sin saberlo”. Además, estos pacientes “tienen multiplicado el riesgo de tener enfermedad cardiovascular y cerebrovascular”.

Para realizar un diagnóstico de la aterotrombosis a nivel vascular periférico recomienda la utilización del índice tobillo-brazo, que consiste en “dividir la presión arterial del tobillo entre la presión arterial del brazo”. Si el resultado es inferior a 0,9 significa que el enfermo padece enfermedad arterial periférica (EAP). El tratamiento, aparte de evitar los factores de riesgo, consiste en “una técnica de irrigación endovascular para abrir esos vasos o hacer diversos tipos de bypass”, para trasladar el flujo sanguíneo desde otro vaso.

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