¿Por quién (no) darías un riñón?

"Hay que felicitar de una manera clara a la sociedad española, que es una sociedad muy generosa y altruista, por su elevadísimo nivel de donación de órganos. Decirles que estamos en el primer puesto a nivel mundial", afirma orgulloso el doctor Juan Alcover, Jefe de los Servicios de Urología del Hospital Clínico de Barcelona. Sin embargo, la creciente demanda hace que no sean suficientes. Y para conseguir aumentar el número de donaciones, continúa, "necesitamos un apoyo decidido de la sociedad y las instituciones".

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La tasa de donantes en España es de 33,6 donantes por cada millón de habitante, situándose como la más alta del mundo, seguida de la de Estados Unidos, con 21 donantes por millón de personas y Canadá (15). Nuestros vecinos de Francia e Italia no rebasan los 20 donantes por millón de habitantes. Por Comunidad Autónomas, los más generosos son los vascos y los cántabros, con tasas que superan que superan los 50 por millón de personas, seguidos de madrileños y catalanes con 37,6 y 36,9 respectivamente.

Hoy en España, la gran mayoría de donantes son cadáver por muerte cerebral. Pero si hace veinte años estos cadáveres eran en su mayoría de jóvenes fallecidos en accidente de moto, hoy la obligatoriedad en el uso de casco hace que haya cambiado radicalmente el perfil de donante. Ahora el 70 por ciento de las donaciones de riñones son de personas mayores de 65 a 75 años, fallecidos por hemorragia cerebral.

Esta circunstancia ha obligado a potenciar los donantes vivos. Y si hasta hace poco los familiares directos como padres y hermanos eran los principales donantes para pacientes que necesitaban un transplante de riñón, hoy el espectro se amplía también a cónyuges e incluso amigos del paciente que tiene que ser transplantado.

Riesgo prácticamente cero para el donante

El riesgo cero en cualquier intervención quirúrgica no éxiste. Pero en el caso de los transplantes de riñón intervivos, el donante no corre prácticamente riesgos. Como explica el doctor Alcover, “les diría a los posibles candidatos para dar un riñón vivo que se informen y verán como es una opción estupenda, con poquísimo riesgo par el donante” y concluye que casi diría que existe “un riesgo cero, precisamente para desvanecer estos miedos cervales que mucha gente podría tener por desinformación”. Además, tras la operación el donante no ve alterada su vida, según este Jefe de Urología, ya que “no tiene por qué tener ningún detrimento en su vida en el futuro. Ni en su cantidad de vida, ni en su calidad de vida”.

La práctica de la nefrectomía laparoscópica, una técnica que ha logrado aumentar el número de donantes vivos en Estados Unidos, permite que la cirugía sea poco agresiva para el donante. El doctor Alcover lo define como “un acto quirúrgico más moderno, realizado a través de unos pequeños orificios que se realizan en la piel del paciente a través de los cuales, mediante una técnica depurada, se consigue extraer el órgano”. Por ello, el corte es mucho más pequeño y supone menos molestias y días de convalescencia.

Por su parte, el doctor Federico Oppenheimer, Jefe de la Unidad de Transplante del Hospital Clínico de Barcelona, lamenta las bajas cifras de este tipo de transplantes en España cuando sus resultados de superviviencia en los transplantados “son excelentes”, superiores a los riñón de donante cadáver, y no supone riesgos como se ha comprobado. Para ello, durante 25 años han seguido a los donantes, quienes “siguen viviendo bien, sin ningún problema”.

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