Pequeño ABC de trastornos mentales

Una gran cantidad de trastornos del ánimo y de ansiedad afectan a millones de europeos, según los autores del estudio ESEMED/MEDEA que estudia en estos momentos la incidencia de diferentes trastornos mentales en la población de seis países de la Unión Europea.

Enfermedades y patologías relacionadas: Depresión, Trastorno bipolar, Trastorno obsesivo-compulsivo, Ansiedad, Fobias, General

La Organización Mundial de la Salud ha advertido que para el año 2020 se espera que la depresión mayor sea la segunda causa de discapacidad en el mundo. También está aumentando la incidencia de trastornos como la angustia, la fobia social, el trastorno de ansiedad generalizada y el trastorno por estrés postraumático, entre otros.

Según los datos preliminares del estudio ESEMED/MEDEA, un 14 por ciento de los europeos sufrirá una depresión mayor en algún momento de su vida y un 16 por ciento desarrollará un trastorno ansioso. Cifras similares a las de Estados Unidos, según los datos del también reciente US National Comorbidity Survey. La conclusión es clara: el mundo occidental se deprime cada vez más.

Características de los diferentes trastornos mentales

Según criterios internacionales, una persona es diagnosticada de depresión cuando experimenta durante un periodo de al menos dos semanas, cinco o más de los siguientes síntomas: ánimo depresivo, disminución del interés por las actividades a las que antes se dedicaba atención, dificultad para concentrarse, disminución o aumento del apetito, sentimientos de poca valía o inutilidad, aumento o pérdida significativa de peso, fatiga o pérdida de energías, insomnio o hipersomnia, agitación, disminución de la capacidad para concentrarse e ideación suicida.

Estos síntomas depresivos, a su vez, pueden estar producidos por trastornos del estado de ánimo de diferentes tipos: debidos a una enfermedad, inducidos por sustancias como alcohol o drogas, un trastorno depresivo mayor (lo que se conoce comúnmente como depresión) o un trastorno de distimia, que Aiscal definió en 1983 como un mal humor prolongado en el que la persona afectada se siente habitualmente triste, introvertida, melancólica, excesivamente consciente, incapaz de sentir alegría y preocupada por una supuesta insuficiencia personal.

Por otra parte, el trastorno de ansiedad es un estado emocional en el que las personas se sienten inquietas, aprensivas o temerosas. Las personas afectadas experimentan ansiedad frente a situaciones que no pueden controlar o predecir, o sobre situaciones que parecen amenazantes o peligrosas. Un sentimiento que puede dificultarle el realizar las actividades cotidianas. La ansiedad descontrolada y persistente durante un periodo de seis meses o más es calificada de trastorno.

Los trastornos de ansiedad más importantes son la fobia social, el trastorno por ansiedad generalizada, el trastorno por estrés postraumático y el trastorno obsesivo-compulsivo.

El estudio ESEMED/MEDEA calcula que la fobia social tendría una prevalencia/vida de aproximadamente un cuatro por ciento. Es decir, cuatro de cada cien personas experimentará fobia social a lo largo de su vida. Se caracteriza por el temor a ser juzgado por otras personas. Por lo que los sujetos con este trastorno tienen un marcado y excesivo temor a involucrarse en situaciones en las que podrían ser avergonzados o humillados. Su diagnóstico puede hacerse identificando una serie de síntomas físicos que incluyen aceleración del ritmo cardíaco, temblores, rubor, dificultad para respirar, sudoración y malestar de estómago.

El trastorno de ansiedad generalizada es un trastorno ansioso debilitante que, según los artífices del ESEMED/MEDEA, convierte la vida de la persona afectada en un estado incontrolable de miedo y preocupación. Se caracteriza por ansiedad excesiva y quienes lo sufren habitualmente se preocupan en demasía por las actividades cotidianas como las responsabilidades laborales, los problemas financieros o de salud de los miembros de la familia.

A pesar de que los afectados por este trastorno no siempre visualizan sus temores como excesivos, experimentan confusión debido a la constante ansiedad, tienen problemas para controlar la preocupación y tiene grandes dificultades en las situaciones cotidianas. Algunos de los síntomas que pueden experimentar son: incapacidad para relajarse, alteraciones del sueño, fatiga, tensión muscular, dificultades para concentrarse, temblores, irritabilidad y dolor de cabeza. Su incidencia, según el estudio ESEMED sería de un cuatro por ciento en la población europea.

Por su parte, el trastorno por estrés postraumático afectará a un dos por ciento de la población de la UE. Es un trastorno psiquiátrico altamente incapacitante, caracterizado normalmente por una repentina sensación de intenso temor o desamparo a consecuencia de un evento traumático.

Las personas afectadas experimentan tres grupos de síntomas que habitualmente duran más de un mes. Cada uno de estos grupos se caracteriza por: recuerdos o flashbacks, incluyendo recuerdos del trauma, pesadillas y otros pensamientos intrusivos; evitación de lugares, actividades, personas o temas relacionados con el trauma, siendo común también la pérdida de interés y alejamiento de las actividades cotidianas; y finalmente aumento de la respuesta emocional, incluyendo mayor irritabilidad, sustos, ataques de rabia, una sensación extrema de estar en guardia, problemas de concentración e insomnio.

El trastorno obsesivo-compulsivo se caracteriza por pensamientos, sentimientos o acciones que provocan ansiedad, a pesar de que el paciente reconoce la anormalidad de su obsesión. Las obsesiones se definen como ideas, pensamientos, impulsos o imágenes persistentes, intrusivas y sin sentido que el paciente intenta ignorar o suprimir con algún otro pensamiento o acción. Las obsesiones más comunes son: lavado de manos, contar, necesidad de preguntar o confesar y guardar cosas.

Finalmente, el trastorno de angustia afectará a un tres por ciento de la población de la UE y es un trastorno ansioso caracterizado por crisis de pánico inesperadas y recurrentes. Las crisis se definen como sentimientos repentinos e incontrolables de estar en peligro que ocurren sin aviso. Algunos de los síntomas físicos más comunes durante las crisis de pánico son: palpitaciones, sudoración, temblor, sensación de ahogo, opresión en el pecho, náuseas, mareos y escalofríos.

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