Obesos desde niños

La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) ha advertido del creciente número de niños con problemas de obesidad en nuestro país. Según la SEEN, en España la obesidad afecta ya hasta al 15 por ciento de niños y adolescentes. Las principales causas son, según los expertos, una peor alimentación y un mayor sedentarismo.

Enfermedades y patologías relacionadas: Obesidad, General

El doctor Joan Soler, presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), explica que según estudios recientes la obesidad afecta a entre el 10 y el 15 por ciento de niños y jóvenes españoles, mientras que entre un 12 y un 31 por ciento sufren sobrepeso. Los endocrinólogos españoles temen que si esta tendencia sigue creciendo, en pocos años la situación de España será comparable a la de Estados Unidos, donde más del 30 por ciento de la población es obesa y más de la mitad de los ciudadanos tiene sobrepeso.

Las posibilidades de que un niño obeso lo continúe siendo en la edad adulta son de un 80 por ciento, por lo que desde la SEEN se insiste en la necesidad de que las familias españolas modifiquen los hábitos alimentarios de los niños, incrementando el consumo de frutas, verduras, legumbres y pescado; reduciendo la carne, las grasas y el azúcar en la dieta y promoviendo el ejercicio físico.

La obesidad “inicialmente es un problema de estilo de vida pero más tarde se transforma en una enfermedad crónica comparable a la diabetes o la hipertensión”, explica el presidente de la SEEN. Algunos de los factores que provocan el aumento de la obesidad y el sobrepeso en los niños son el mayor consumo de bollería, ver más de tres horas al día la televisión, no hacer deporte y la pérdida de la dieta mediterránea. Otras causas que manejan los expertos son que el niño tenga un peso que supere los tres kilos y medio al nacer, la ausencia de lactancia materna y que los padres desconozcan qué come su hijo, explica de forma detallada la doctora Montserrat Barbany, secretaria de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).

Prevenir desde la infancia

Los expertos coinciden en señalar que la prevención es lo más importante en la lucha contra la obesidad infantil. “Hay que trasmitir a los hijos buenas costumbres alimentarias”, comenta el doctor Manuel Serrano, Catedrático de Medicina Interna de la Universidad Complutense de Madrid. La obesidad “no es únicamente un problema médico sino también social”, añade en este mismo sentido el doctor Soler. Por lo que la mejor forma de combatir la obesidad, una de las grandes epidemias del siglo XXI, viene a través de la “educación precoz”, opina el doctor Serrano.

Ante la necesidad de prevención, la SEEN y la SEEDO han reclamado a la Administración que actúe promoviendo la conciliación entre la vida laboral y familiar. “Se trata de lograr que los padres no lleguen tarde a casa y que los niños se hayan pasado quince horas viendo la televisión y comiendo golosinas”, explica el doctor Soler.

En relación al nivel de concienciación de los padres ante la problemática de la obesidad, el doctor Juan Manuel Fernández, especialista en Endocrinología Pediátrica del Hospital Clínico San Cecilio de Granada, comenta que la mitad de los niños que acuden a un endocrino por primera vez lo hacen por problemas de obesidad. Según este experto, hay que reconocer que cada vez más los padres están tomando conciencia progresivamente de la necesidad de una buena nutrición y están desterrando poco a poco el mito que consideraba a las personas con sobrepeso personas sanas.

El papel de los padres en la educación nutricional es muy importante. Este experto recuerda que es muy importante introducir en la alimentación de los más pequeños frutas y verduras, y evitar alimentos calóricos. “El problema es que hoy día los niños tienen muy fácil el acceso a la nevera”, critica este experto. Igualmente, la libertad que algunos padres les otorgan para decidir “qué quieren comer, la excesiva ingesta de productos de bollería industrial, grasas y refrescos azucarados, propician el aumento de peso y la obesidad en los más pequeños”, añade.

Consejos para evitar la obesidad infantil

A largo plazo, la obesidad puede derivar en complicaciones cardiovasculares, enfermedades metabólicas, gestacionales, psiquiátricas y de autoestima. Además, los niños obesos presentan cambios desfavorables en sus arterias, que afectan tanto a la elasticidad de las mismas como a su funcionamiento, lo que aumenta el riesgo de infarto de miocardio e ictus.

Los padres deben ser muy conscientes de la importancia de unos hábitos de vida saludables. La clave para evitar el desarrollo de esta enfermedad radica en unos buenos hábitos nutricionales y en la práctica de ejercicio físico en la vida cotidiana del niños, además de un correcto tratamiento individualizado, controlado por un médico, si la enfermedad ya se ha desarrollado.

Los especialistas recomiendan ponerse en manos de un profesional y huir de métodos alternativos como la llamadas “dietas milagrosas” o el consumo de determinados fármacos para controlar el apetito que pueden llevar a un empeoramiento de la salud. Todos los tratamientos deben ser individualizados y supervisados por profesionales, de modo que se trace un plan de pérdida de peso realista y sostenible; y que controle a la vez el impacto del tratamiento en el funcionamiento del organismo.

Los pediatras, sensibilizados ante la obesidad

El objetivo fundamental del pediatra es que los niños “lleguen a la edad adulta en las mejores condiciones de salud”, tanto física como psicológica, pero para conseguirlo es necesario educar a los niños para que lleven una vida sana y prevengan así futuras enfermedades, como indicó el doctor Alfonso Delgado, presidente de la Asociación Española de Pediatría (AEP) y catedrático de pediatría y puericultura en la Universidad del País Vasco, durante la presentación de la campaña “Consejos para un crecimiento saludable”.

Dentro de esta campaña de educación sanitaria, la obesidad infantil es una de las áreas prioritarias de la AEP porque puede desembocar en patologías graves como la diabetes, la hipertensión y enfermedades cardiovasculares. Las elevadas cifras de obesidad infantil que hay en España se deben, según el doctor Delgado, “a una malnutrición por exceso”, como ocurre en otros países desarrollados. Para conseguir acabar con esta epidemia, este experto recomienda seguir una dieta mediterránea basada en verduras, frutas y legumbres, que evite la grasas animales, el exceso de proteínas, los azúcares refinados y la bollería industrial, entre otros alimentos. Además, el juego al aire libre es muy aconsejable “porque esto no sólo es un excelente ejercicio sino que también facilita la relación con otros niños”, comenta el doctor Delgado.

Con una buena alimentación, un futuro asegurado

Es básico hacer entender al adolescente que debe llevar una alimentación sana y orientarle sobre los hábitos adecuados: qué, cuánto y cómo debe comer.

Los expertos coinciden en que es preferible moderar el consumo actual de carnes, que es muy elevado, reduciendo en especial el consumo de vacuno y aumentar el de pescado. Se debe evitar tomar alimentos con un gran aporte calórico pero muy poco valor nutritivo, como son algunos platos muy populares entre los adolescentes, como las hamburguesas, pizzas y frituras.

Al contrario, la fruta y la verdura deberían estar más presentes en la dieta del adolescente. La cantidad ideal son cinco raciones diarias entre fruta y verdura. El alto contenido en fibra de estos alimentos ayuda a evitar trastornos intestinales, previene la aparición de diabetes y ayuda a mantener el peso, ya que, la fruta sobre todo, contribuye a saciar nuestra necesidad de dulce.

Otras recomendaciones son utilizar siempre aceite de oliva, disminuir el consumo de sal y evitar el consumo de alcohol. La mejor manera de mantener la salud y evitar problemas de regulación metabólica y hormonal es mantener la tradición gastronómica y la variedad de platos.

Dónde encontrar los nutrientes

La dieta debe incluir alimentos ricos en hidratos de carbono, como pan, pasta, patatas, cereales y legumbres. Aumentando el consumo de cereales nos aseguramos un alto aporte de tiamina, riboflavina y niacina. Estos nutrientes están también en las legumbres, que además son ricas en vitamina B6, biotina, ácido pantoténico y folato. Dentro de los alimentos de este grupo es mejor reducir el consumo de azúcar, dulces y productos de bollería.

El aporte de grasas debe ser de aproximadamente un tercio del total de calorías de la dieta, pero trataremos de reducir el consumo de grasas saturadas y favorecer una dieta cuyas grasas sean insaturadas. Estas grasas insaturadas pueden ser monoinsaturadas, las que se encuentran por ejemplo en el aceite de oliva, o poliinsaturadas, como los ácidos grasos omega 3 que contienen los pescados.

Las carnes y sus derivados contienen tiamina, riboflavina, niacina, piridoxina y vitamina B12. Si se trata de hígado, conseguiremos un aporte de vitaminas A, D, E y B12, así como el folato. Debe ser obligado el consumo de huevos, que nos aportarán biotina, y de lácteos, fuente de vitaminas A y C, tiamina, riboflavina y vitamina B12.

Las verduras contienen vitaminas A, K y C y las frutas son ricas en vitamina C, que contribuye a tener una buena salud ocular, y algunas también en vitamina A. Su consumo nos ayudará a prevenir el cáncer gracias a los antioxidantes que contienen, a controlar y reducir la presión sanguínea por su aporte de potasio y magnesio, y a reducir el riesgo de enfermedad coronaria.

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