¿Nos hacemos un chequeo?

Una enfermedad detectada a tiempo es mucho más fácil de combatir. Y esta máxima puede aplicarse tanto a los grandes problemas médicos, incluso cáncer, como a los simples. Es por este motivo que acudir a una revisión no debe ser cuestión sólo de momentos de malestar evidente.

Las revisiones médicas han de convertirse en una práctica periódica. Así, hacerse un chequeo es conveniente, por ejemplo, para comprobar la salud del corazón. Y es que los accidentes cardiovasculares (como los infartos de miocardio) son responsables de un tercio de los fallecimientos que se producen en España. Los factores de riesgo son bien conocidos: colesterol, tabaquismo, hipertensión arterial, diabetes mellitus, edad y antecedentes personales. Algunos de ellos, por tanto, pueden irse controlando a través de revisiones periódicas.

Aunque más allá de los chequeos generales, hay algunas disciplinas que requieren de controles específicos. Cuidarse la vista, los dientes o el oído facilita la vida diaria.

Llevar gafas no es raro, e ir a la óptica tampoco, pero es recomendable hacer una revisión oftalmológica antes de que haya problemas, cuando se es niño, para descartar alteraciones y confirmar que el desarrollo es adecuado. Al llegar a los 50 se han de realizar chequeos anuales, puesto que a partir de esta edad es frecuente el glaucoma y enfermedades como la Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE).

Tampoco se hace del todo extraño lo de hacerle una visita al dentista, y aún así todavía hoy el 96 por ciento de los españoles sufre algún tipo de enfermedad periodontal. Para remediarlo es bueno ir una o dos veces al año al especialista. A la vez, se convierte en fundamental la educación, y es positivo que los padres habitúen a los hijos a lavarse los dientes a diario y que los lleven al dentista aunque no tengan nada, para que no lo asocien con el dolor.

Los más olvidados, los oídos

Y los oídos, ¿por qué habrían de ser menos? Más de la mitad de la población española no se ha sometido nunca a una revisión auditiva, cuando este sentido hace posible el habla, ni más ni menos. Si se tiene dificultad para seguir una conversación se ha de acudir al otorrinolaringólogo.

La realidad es que tener una caries o miopía está mucho más aceptado socialmente que padecer una deficiencia auditiva. Sin embargo, los oídos también existen, y cuando se observan complicaciones para hablar por teléfono, cuando se da una necesidad de subir el volumen de la radio o la televisión, no se entiende a los niños o se confunden unas palabras con otras, es conveniente hacerse una revisión auditiva.

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