No pierdas tu mundo de vista

La Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE) y la miopía patológica son dos de las enfermedades oculares más graves que afectan a la mácula, la parte del ojo responsable de la visión central.

Enfermedades y patologías relacionadas: Degeneración Macular Asociada a la Edad, Miopía

Según datos de la Sociedad Española de Oftalmología, la DMAE afecta a unas 300.000 personas en España, mientras que la miopía patológica afecta a entre 60.000 y 70.000 personas. Pero se espera que el progresivo envejecimiento de la población triplique estas cifras en el próximo cuarto de siglo.

Por esta razón, la Sociedad Española de Retina y Vítreo junto a la Sociedad Española de Oftalmología ha puesto en marcha la campaña No pierdas tu mundo de vista con el objetivo de sensibilizar a la población sobre la gravedad de estas patologías y de la necesidad de acudir al oftalmólogo de manera periódica -los especialistas recomiendan acudir al menos una vez al año o ante cualquier síntoma-.

Tanto la DMAE como la miopía patológica pueden conducir a la pérdida severa de visión de forma irreversible, por lo que el diagnóstico precoz es básico para detectarlas y poner en marcha un tratamiento que, aunque no puede curar aún la enfermedad, puede frenar su evolución y en algunos casos mejorar la visión.

La campaña de prevención, además de anuncios en medios de comunicación, incluye un centro de atención móvil que recorrerá ocho ciudades españolas ofreciendo información sobre estas patologías y consultas gratuitas efectuando diversas pruebas oculares. Esta campaña está principalmente dirigida a personas mayores de 50 años para poder detectar DMAE y a personas de entre 30 y 50 en el caso de la miopía patológica.

Características de las enfermedades de la mácula

LA DMAE afecta a unos 27 millones de personas en el mundo, mientras que en los países industrializados se calcula que una de cada cuatro personas mayores de 60 años padece esta enfermedad. La DMAE puede causar ceguera en un tiempo relativamente breve (de dos meses a tres años). Su origen no es único sino que su aparición responde a varios factores: antecedentes familiares, exposición prolongada al sol sin protección, tener la piel y los ojos claros, seguir una dieta baja en vitaminas minerales y antioxidantes y, por último, también es factor de riesgo el padecer hipertensión, cataratas o hipermetropía.

En cuanto a la miopía patológica, se calcula que a nivel mundial se diagnostican 50.000 nuevos casos cada año. Puede aparecer en personas con más de seis dioptrías o que tienen una longitud axial del globo ocular de más de 26 milímetros.

Detención y tratamiento

Las pruebas para detectarlas de forma precoz son sencillas. Una de ellas es la Rejilla de Amsler, que consiste en una cuadrícula que el paciente debe sostener por debajo del nivel de los ojos a una distancia en la que se puede realizar una lectura con total comodidad (aproximadamente unos 30 centímetros). El paciente se tapa un ojo y centra la vista en el punto situado en el centro de la rejilla repitiendo con el otro ojo. Si en el transcurso de la misma se ven líneas borrosas u onduladas, o no se reconocen determinadas partes de la rejilla es necesario una visita inmediata al oftalmólogo. Si se utilizan gafas para leer, éstas se deben llevar durante la prueba. La otra prueba utilizada es el tradicional test de agudeza visual consistente en un panel iluminado con letras de mayor a menor tamaño.

Por lo que hace a los tratamientos, para la forma seca de la DMAE la única terapia disponible es la administración de complejos vitamínicos y minerales (antioxidantes) junto a recomendaciones higiénicas y sanitarias.

En cuanto a la forma húmeda, destaca el tratamiento con terapia fotodinámica, una intervención en dos fases que puede realizarse en la misma consulta de un oftalmólogo especializado. En ella en primer lugar se inyecta un fármaco por vía intravenosa y a continuación se aplica la luz de un láser no térmico en el ojo del paciente que activa el fármaco actuando de forma selectiva.

Otra técnica es la fotocoagulación con láser, todavía empleada, que puede llegar a quemar las estructuras sanas de la retina junto con los neovasos. Sus contraindicaciones hacen que sea aplicable sólo en un 10-20 por ciento de los casos. Hay otros tratamientos en fase de estudio, pero las revisiones oculares periódicas son de momento la única forma de garantizar un buen pronóstico gracias al diagnóstico precoz.

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