No estás sola

El trato cercano y continuo de los médicos de familia en la atención son la base de su relación con la paciente y por tanto le resulta más fácil detectar un problema de malos tratos a través de signos de alerta, como pueden ser la ansiedad o una mayor frecuencia en la consulta por motivos de salud poco justificados.

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Se calcula que el 90 por ciento de las mujeres maltratadas pasa por la consulta de atención primaria en el año siguiente a la agresión, sin embargo la mayoría de ellas no reconoce la existencia del problema. Los únicos datos disponibles sobre la prevalencia del maltrato en España son los que proceden de las denuncias y fallecimientos registrados. “Las denuncias, siendo uno de los datos más objetivos, no reflejan más allá de un 5-10 por ciento de todos los casos que realmente existen”, explica la doctora Mª Carmen Fernández Alonso, médico de familia del Centro de Salud Casa del Barco de Valladolid.

Según cifras del Instituto de la Mujer, cuarenta y cuatro mujeres murieron víctimas de la violencia entre enero y septiembre de 2002. Este mismo organismo realizó en el año 2000 una encuesta para conocer más datos sobre este tema, de la que se desprende que un 12 por ciento de las mujeres encuestadas estaba en una situación objetiva de violencia en el entorno familiar. Extrapolando estos datos a la población española significaría que más de dos millones de mujeres españolas sufrirían maltrato y en un millón y medio de estos casos el agresor sería la pareja.

“El lugar que ocupa el médico de familia en la puerta de entrada al sistema sanitario continúa siendo el más idóneo, no sólo para actuar sobre el problema antes de que sea demasiado tarde, sino también para proporcionar a la paciente apoyo personal, información y orientación sobre qué organismos pueden ayudarla”, señala la doctora Asunción Prieto, médico de familia y miembro del Comité Asesor de la semFYC.

Detectarlo lo antes posible

Para la doctora Fernández Alonso la prioridad del médico de familia con respecto al maltrato debe ser la detección temprana de un problema de salud con consecuencias graves a medio y largo plazo. “Pueden llegar a pasar entre siete y doce años desde que se producen los malos tratos hasta que se diagnostica, de ahí la necesidad de potenciar una detección lo más temprana posible. En el ámbito urbano, la mujer acude una media de más de cinco veces al año al médico de familia, por tanto son muchas las oportunidades que tenemos los médicos de familia para lograr este objetivo”, explica la doctora Fernández Alonso.

El primer paso para detectar este problema debe ser siempre mostrar una mayor sensibilidad, pero suele ser frecuente que el facultativo tema invadir la intimidad de la mujer. Por eso deben estar atentos a una serie de signos físicos fácilmente visibles, aunque muchas mujeres se esfuerzan por ocultar el problema. “Es fundamental estar muy atento porque hay muchos más casos de los que detectamos. La hiperfrecuentación a la consulta del médico, la ansiedad prolongada no justificada y los entornos de posible riesgo constituyen señales de alerta que deben empujar al médico a indagar activamente si existe o no una situación de maltrato”, apunta la doctora Prieto.

Una vez detectado el maltrato y para que la mujer se sienta protegida y apoyada es necesario ponerla en contacto con trabajadores sociales y asesorarla sobre los mecanismos judiciales y policiales con el fin de que encuentre una salida a su situación.

Las causas de la violencia

Aunque existe algún estudio que sugiere la influencia de factores biológicos que predisponen a manifestar una actitud agresiva, son más numerosas las investigaciones que demuestran la relevancia de elementos del entorno, como pueden ser el ámbito familiar, cultural y comunitario, en la aparición de actitudes agresivas en el ámbito doméstico. Según informaciones de la Organización Mundial de la Salud, se ha relacionado el riesgo de que un hombre agreda físicamente a su pareja con la juventud, la escasez de ingresos, los malos resultados escolares y la participación en conductas delictivas en la adolescencia.

También son importantes otros factores como el consumo excesivo de alcohol y los antecedentes violentos en la familia del varón. “Cuando un niño o adolescente ha vivido en su hogar situaciones de esta naturaleza es más proclive a reproducir esas mismas actitudes y conductas violentas como adulto. Incluso, esa especie de contagio de la violencia puede llegar a alcanzar a la propia mujer maltratada que acaba mostrando ella también una conducta agresiva hacia sus hijos. Estamos hablando de personas que viven al límite y en las que la violencia forma parte de su vida cotidiana”, afirma la doctora Prieto.

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