Mortalidad infantil por accidentes de tráfico

La principal causa de muerte entre los niños españoles son los accidentes de tráfico. El automóvil causa el 40 por ciento de las muertes infantiles, mientras que los ahogos y las caídas originan el 13 y el 12 por ciento de estas muertes, respectivamente, según cifras de la Asociación para el Estudio de la Lesión Medular Espinal (AESLEME).

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Afortunadamente también son muchos los pequeños que se salvan en los accidentes de tráfico, pero es difícil sufrir un accidente y no padecer a posteriori alguna secuela, tanto física como psicológica. En opinión del jefe de Pediatría del Hospital de Basurto (Bilbao) y presidente de AESLEME, el doctor Alfonso Delgado, los accidentes de tráfico “les pueden marcar para toda la vida”, por lo que “es decisiva la rehabilitación psicológica, ya que los niños tendrán que volver a montar en un coche”.

En una tragedia las víctimas no son los únicos que sufrirán las repercusiones, los familiares de las víctimas de accidentes de tráfico también se ven afectados por este tipo de traumas. Según el psicólogo Luis Montoro, las secuelas psicológicas por accidentes de circulación aumentan cuando el fallecido es un niño y llegan a ser “impresionantes” e “insuperables” en el caso de que los acompañantes cometieran algún descuido o negligencia respecto a la seguridad del menor. “La culpabilidad es muy fuerte. Genera depresión, apatía, ansiedad, insomnio, fobias, miedos, tendencias suicidas y trastornos muy graves”, explica este psicólogo.

En este mismo sentido, un estudio de la Federación Europea de Víctimas de Accidentes de Tráfico (FEVR) concluye que la mitad de los familiares de las víctimas de tráfico experimentan una drámatica disminución en la calidad de vida. Este estudio señala que, además del dolor que conlleva la tragedia, hay que añadir los trastornos psicológicos que rodean todos los acontecimientos que viven las personas que sufren esta experiencia como son entierros, estancias en hospitales o asistir a juicios, entre otros asuntos.

Importancia de los sistemas de seguridad

A la hora de viajar en automóvil con niños es muy importante considerar cuál es la forma más segura de viajar para los pequeños. Hay que tener en cuenta que, según la AESLEME, tres de cada cuatro niños fallecidos y nueve de cada diez lesionados en accidentes de tráfico hubieran resultado ilesos si hubieran llevado un sistema de retención infantil apropiado. Los automóviles incorporan una serie de sistemas que, bien utilizados, son útiles para salvar las vidas de los niños en caso de accidente o para evitar que éstos se produzcan. Estos son algunos:

Seguros en las puertas: Todos los coches que disponen de puertas traseras tienen un sencillo mecanismo que impide que puedan ser abiertas desde el interior. Se trata de una palanca a la que se accede desde el marco interior de la puerta. Los seguros traseros no son suficientes, ya que se pueden levantar si se acciona el mecanismo de apertura desde dentro.

Sillas: Varias marcas disponen de sillas de seguridad intantiles para cada edad. Las mejores deben proteger la cabeza, abdomen y piernas en caso de impacto lateral, el más peligroso para los pequeños.

Cinturones: Siempre hay que utilizarlos. Si el niño es menor de 12 años y mayor de tres puede utilizar un cojín elevador para que el cinturón se adapte adecuadamente a su hombro y muslos. Si el coche es antiguo y no lleva cinturón trasero, su colocación es necesaria y no muy costosa.

Cuál es la forma más segura de viajar para los pequeños, según su edad

De 0 a 9 meses: Silla de seguridad en el asiento anterior y en sentido inverso a la marcha.

De 9 meses a 3 años: Silla de seguridad en el asiento delantero orientada en sentido inverso a la marcha o silla trasera fija orientada en el sentido de la marcha. En caso de que el coche disponga de airbag para el acompañante, los niños de cualquier edad deben viajar en el asiento trasero.

De 3 a 12 años: En asiento trasero poner cojines elevadores, mecanismos de ajuste del cinturón o cinturones especiales. No conviene usar un cinturón para adultos hasta la adolescencia. Y, en general, evitar que vayan de pie, en brazos de un adulto o sin cinturón.

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