Malnutrición: un problema de distribución de nutrientes

En la actualidad son 800 millones de personas las que están sumidas en el hambre, y éste es un problema que no sólo asola a los países del Tercer Mundo sino también a nuestro propio entorno. La cifra sobrepasa a la de las poblaciones de Europa y Estados Unidos juntas, pero algo que hace aún más dramática la situación es que globalmente se producen los nutrientes necesarios para abastecer a todos, sólo que están mal distribuidos.

Enfermedades y patologías relacionadas: Malnutrición

Una de las organizaciones que a lo largo de su trayectoria ha denunciado esta situación es la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que desde su creación en el seno de las Naciones Unidas hace más de 55 años, evalúa los hábitos alimentarios de 150 países. Y, a lo largo de todo este tiempo, no han dejado de apoyar la “necesidad de vivir en un mundo en el que todos tengan cada día comida suficiente”. Se trataría, por tanto, de liberar a estos 800 millones de personas, el 20 por ciento de la población mundial, “del hambre crónica y del miedo a la inanición”.

En este sentido, cabe puntualizar que alimentarse correctamente no consiste únicamente en ingerir alimentos saludables. A menudo se asocia, por ejemplo, un alto contenido en vitaminas y minerales con una buena alimentación, mientras más se ingieran mejor. Pero nada más lejos de la realidad. Una dieta correcta debe tener la cantidad justa de nutrientes.

Hambre unos, otros sobrealimentación

El actual volumen de alimentos que se producen en el mundo contiene suficientes nutrientes para abastecer a toda la población mundial haciendo desaparecer la hambruna. Es decir que el acabar con el hambre y la inseguridad alimentaria no es una simple cuestión de cultivar más alimentos, porque la producción mundial bastaría para proporcionar a todos una dieta adecuada. Pero el problema es que la distribución no equitativa de estos recursos hace que gran parte de la población estemos sobrenutridos y, en el peor de los casos, sobrealimentados, mientras que otros no alcanzan unos mínimos necesarios.

Además, ingerir una cantidad mayor de energía, lípidos y proteínas no está comprobado que forme parte de una dieta sana. Al contrario, se ha demostrado que la ingestión de cantidades excesivas de determinados alimentos puede favorecer patologías como la arteriosclerosis, enfermedades cardiovasculares o ciertos tipos de cáncer, como el de colon.

Componente social de la desnutrición

Aunque la desnutrición no sólo es un problema sanitario sino que puede desembocar en conflictos sociales, bélicos y medioambientales. Actualmente cuesta a los países en desarrollo hasta 128.000 millones de dólares, sólo en pérdidas de productividad. A lo que habría que sumar una cifra económica difícil de evaluar destinada a las intervenciones con fines sanitarios y humanitarios en los conflictos surgidos a raíz de, entre otras causas, la insuficiente alimentación y los consiguientes problemas sanitarios de estos países.

Y es que hambre y insalubridad se dan trágicamente la mano y la ayuda económica y humana para combatir enfermedades como el cólera o la filariasis linfática, enfermedades denominadas “de la pobreza”, se hace cada vez más necesaria, a la espera de una intervención política que ponga fin a este desequilibro en la distribución de recursos.

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