Los programas contra la obesidad infantil deben centrarse en la actividad física

El CESS ha diseñado el Programa Movi, un plan de actividad física que incluye tres sesiones semanales de carácter lúdico, no competitivo, de 90 minutos cada una. Más de 1.400 alumnos de 20 colegios de la provincia de Cuenca han probado su eficacia durante dos años.

En “una sociedad donde no empeoran los niveles de lípidos en sangre, pero está aumentando el sobrepeso, cualquier tipo de intervención contra la obesidad infantil debe centrarse en la actividad física”. Éste es el resumen de la intervención de Vicente Martínez Vizcaíno, director del Centro de Estudios Socio Sanitarios (CESS) de la Universidad de Castilla La Mancha (UCLM), durante la presentación del libro “Actividad Física y Prevención de la Obesidad Infantil”, que tuvo lugar en la sede de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN).

Según este especialista, “el estilo de vida sedentario de la población infantil y juvenil actual explica por qué aumenta la obesidad a pesar de mejorar el perfil de lípidos”. Por otra parte, la importancia de la promoción de la actividad física radica en que es aplicable a todos los niños y en que en cualquier tipo de intervención, lo principal es evitar cualquier tipo de perjuicio. “No podemos basar nuestras intervenciones en la reducción de la ingesta calórica porque ha aumentado la población infantil con sobrepeso y obesidad, pero también ha aumentado la población infantil con un peso por debajo del recomendado”.

En la actualidad, la tasa de sobrepeso u obesidad alcanza el 31,8% en los niños y el 30,7% en las niñas. En este contexto, según nuevos datos aportados por el “Estudio de Cuenca” la prevalencia del sedentarismo es del 39% entre los niños y del 68,2% entre las niñas. Si además, más de la mitad de los niños y el 75% de las niñas presentan un nivel de forma física insuficiente, la realidad es que la actividad física entre los escolares españoles es muy mejorable.

Los niños de hoy serán los adultos de mañana y, si se cumple la lógica, los niños sedentarios se convierten en adultos sedentarios, “la falta de actividad física será un predictor de mortalidad más influyente que el tabaco, el alcohol o la hipertensión”, ha declarado Vicente Martínez. Por eso el CESS diseñó el Programa Movi, un plan de actividad física que incluye tres sesiones semanales de carácter lúdico, no competitivo, de 90 minutos cada una. Más de 1.400 alumnos de 20 colegios de la provincia de Cuenca (10 del grupo control y 10 del grupo intervención) han probado su eficacia durante dos años.

La encuesta de calidad de vida que se hizo a los alumnos del grupo de intervención y del grupo de control sobre las variables satisfacción, bienestar, resistencia, evitación de riesgos y funciones, ha reflejado que los primeros mejoran en todas las variables respecto a los segundos. Y lo que es aún más importante, la actividad física marca la diferencia a la hora de medir los parámetros sobre calidad de vida. Las niñas, por ejemplo, tienen peor calidad de vida que los niños por la mayor prevalencia del sedentarismo. Sin embargo una niña activa, tiene igual o mejor calidad de vida que un niño activo. Entre los individuos del mismo género sucede lo mismo. Un escolar con sobrepeso físicamente activo, tiene mejor calidad de vida que otro con un peso normal, pero sedentario.

Antecedentes del “Estudio de Cuenca”

Los orígenes del trabajo “Evidencia Científica en la Prevención del Sobrepeso en Escolares: Estudio de Cuenca”, se remontan a 1992, cuando se empezaron a controlar los niveles de colesterol y obesidad de niños de 10 años de la provincia de Cuenca. Desde entonces y hasta el 2004, los niveles de colesterol LDL disminuyeron de 109,95 a 88,56 entre los niños y de 118,1 a 91,24 en las niñas. En el mismo periodo, el colesterol HDL se incrementó de 58,9 al 69,9 en los niños y de 61 al 64,4 en las niñas. A pesar de estos datos, el sobrepeso y la obesidad se incrementaron de acuerdo con el índice de masa corporal (IMC). Concretamente del 18,71 al 19,09 entre los niños y del 18,3 al 19,14 entre las niñas.

Esta mejora en el perfil de lípidos, al tiempo que se incrementaba la obesidad, es lo que se denominó como la paradoja conquense y, por extensión, española. Una mejora en los niveles de lípidos suele repercutir en el descenso del sobrepeso y la obesidad, que sin embargo aumentó. Según Vicente Martínez, “pensamos que el sedentarismo tenía que ser el responsable porque, si en 2004 los niños se estuvieran alimentando peor que en 1992, las cifras del colesterol no habrían mejorado”.

Antes de aplicar el programa, en junio de 2004 los niños se sometieron a distintas pruebas y análisis de sangre para registrar los datos sobre IMC, porcentaje de grasa corporal, grosor del pliegue cutáneo y perfil de lípidos, entre otras cosas. Tras dos años de actividad física programada, se repitieron las mismas pruebas y el resultado más importante fue que el nivel de sobrepeso u obesidad se redujo en un 6% entre las niñas y un 2% entre los niños, demostrando que la actividad física es una de las vías más importantes y efectivas para combatir la obesidad.

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