Los casos de ansiedad se duplican en las mujeres a partir de los 50 años

Los trastornos hormonales así como el hecho de tener, en ocasiones, puestos de trabajo peor pagados o haberse convertido en las cuidadoras de dos generaciones –sus padres y sus hijos- han provocado que en mujeres de más de 50 años se duplique el riesgo de padecer ansiedad con respecto a lo que sucede en los hombres. A estos condicionantes, hay que sumar la dificultad de conciliar la vida profesional y personal en este sector de la población femenina.

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Sin embargo, los expertos prevén que esta tendencia no se mantendrá y se irá revirtiendo poco a poco durante los próximos años. “En las mujeres adultas jóvenes se está produciendo un cambio en su estilo de vida que provocará que la incidencia de los trastornos de ansiedad se equipare en ambos sexos. Esto se debe en gran medida a que poco a poco se está equiparando su status laboral al del hombre y se están impulsando políticas de conciliación, entre otros factores”. Así lo indica el doctor Salvador Ros, presidente de la Asociación Española de Psiquiatría Privada (ASEPP) y coordinador del VI Congreso Nacional de Ansiedad y Trastornos Comórbidos y que se celebró recientemente en Barcelona.

A lo largo de esta reunión, auspiciada por la ASEPP, se ha puesto en evidencia que la ansiedad afecta de forma diferente según la población, y al igual que no se da de la misma forma en mujeres y hombres, tampoco lo hace en adolescentes o ancianos, por lo que es necesario conocerla para que no sea confundida con otras dolencias.

De hecho, una conducta agresiva en la adolescencia suele estar enmascarado un trastorno de ansiedad. “A esta edad, la enfermedad no está diagnosticada en toda su medida y así comportamientos de rebeldía u oposición pueden confundirse con conductas típicas de esos años cuando esconden un cuadro de ansiedad”, apunta el doctor Ros. “El consumo de tóxicos e incluso el fracaso escolar y la agresividad, también están relacionados con episodios de ansiedad”.

El 5% de las personas mayores padece algún cuadro de ansiedad, estrechamente relacionado con la pérdida progresiva de la funcionalidad física, el deterioro cognitivo y los trastornos depresivos. “En pacientes de la tercera edad, la aparición del miedo a la discapacidad, la muerte o el abandono conlleva la generación de este tipo de trastornos, a lo que se le suman importantes alteraciones del sueño en al menos un 35% de los casos”.

Por otro lado, en adultos, la ansiedad está generada en su mayoría por problemas de estrés laboral, situaciones económicas desfavorables o de desestructuración familiar. En los hombres, esta patología también se asocia a inconvenientes en la función sexual.

Menos miedo a acudir al especialista

La ansiedad tiene una prevalencia en España que fluctúa entre el 5 y el 20%. Es una enfermedad infradiagnosticada, aunque el número de casos no diagnosticados se está reduciendo a lo largo de los últimos años, porque cada vez los pacientes acuden con mayor frecuencia al especialista. “A causa de la actual coyuntura económica se ha incrementado el número de consultas de pacientes con síntomas directamente relacionados con la crisis”, adelanta el doctor Ros.

El incremento del número de consultas también se debe a que la figura del psiquiatra, se está desestigmatizando, al igual que la de sus pacientes, que acuden a él ante los primeros síntomas de un posible cuadro de ansiedad. Esta desaparición paulatina del miedo a sufrir una enfermedad de este tipo ha propiciado que los casos que ahora se tratan sean menos graves y puedan ser tratados de forma precoz.

Estrés y competitividad

Por otro lado, el hecho de trabajar en entornos muy competitivos hace que las personas vean incrementados sus niveles de ansiedad hasta incluso convertirse en patológica. Según subraya el doctor Ros, “culturas como la occidental, donde se fomenta la competitividad del individuo casi desde el nacimiento, acarrea, un incremento los niveles de inseguridad de las personas, por lo que es lógico que las tasas de pacientes con ansiedad crezcan”.

Una consecuencia de estos cuadros ansiosos generados por la alta competitividad laboral son los trastornos del sueño y de los ritmos circadianos –intervalos entre sueño y vigilia-. “Nuestra cultura duerme mal y en malas condiciones. Las prisas, madrugar periódicamente y las alteraciones por la vida social fuera de casa han modificado la regularidad del sueño reduciendo por tanto el descanso de los individuos”, explica el doctor Ros. “El consumo de sustancias estimulantes como el café o ciertas bebidas, así como los cambios de turno en determinados empleos han rebajado la cantidad pero también la calidad de las horas de sueño”.

Proceso adaptativo

Pero a pesar de que ansiedad es sinónimo de incertidumbre y preocupación, constituye un proceso normal en la vida del ser humano que ha ayudado a que la especie se adapte a cada situación y haya podido sobrevivir hasta el momento actual. Es el exceso de esta ansiedad, o su aparición sin desencadenante alguno, la que puede llevar a convertirla en un trastorno, produciendo incluso discapacidad.

Como asegura el doctor Ros, “no existe una numeración que indique con un punto de corte cuándo la ansiedad pasa de ser necesaria a convertirse en patológica, sino que depende de cada persona, cómo asume su preocupación, qué trastornos le produce y su nivel de tolerancia ante una misma situación”.

De la misma forma que un trastorno de ansiedad puede provocar taquicardias, cefalea e incluso diarrea, también puede surgir como consecuencia de enfermedades como la epilepsia, el hipertiroidismo o el colon irritable.

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