Los ancianos son cada vez más dependientes

La tercera edad no se vive de manera problemática para aquellos ancianos que gozan de buena salud y pueden realizar actividades de ocio. Pero para las personas con dependencia, que requieren una atención médica continuada, la calidad de vida no es tan buena, y la soledad se convierte en un mal añadido.

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En España hay 1.691.800 ancianos con problemas para valerse por sí mismos, según un informe realizado durante el pasado año y presentado en Madrid en el marco de la II Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento y el Foro Mundial de ONGs. Actualmente hay más de siete millones de ancianos, de los cuales la mitad tiene una edad comprendida entre los 70 y los 80 años y una cuarta parte del total sobrepasa los 80 años. El estudio Situación de Dependencia y necesidades asistenciales de las personas mayores en España con una previsión al año 2010 ha sido elaborado conjuntamente por la Fundación Pfizer, el CSIC y el IMSERSO.

Según este informe, en el 2010 habrá 2.352.797 ancianos dependientes, ya que la mayoría de los ancianos tendrán entre 75 y 84 años. Esta avanzada edad es fruto del resultado de los avances médicos logrados frente a las enfermedades que causan más muertes entre la tercera edad, como el cáncer o las enfermedades pulmonares o cardiovasculares. La consecuencia negativa es que la calidad de vida de los ancianos empeora bastante.

Con estas cifras dentro de unos años podremos hablar de una nueva etapa de la vida: la Cuarta Edad. La Cuarta Edad es un nuevo concepto que se refiere a aquella población que ha llegado a una vejez en la que necesita ayuda, no es autónoma y ha dejado de vivir en las condiciones más saludables.

Los problemas asociados a la dependencia

La situación de aumento de la dependencia en la tercera edad se ve favorecida por los pocos avances encaminados a conservar la autonomía. Además se espera que en el futuro haya más enfermedades crónicas que incrementen el número de ancianos dependientes. La vida sedentaria y el estrés a los que estamos acostumbrados tampoco son los más apropiados para disfrutar de una vejez saludable y sin dependencia.

La dependencia no sólo tiene causas sanitarias, también se puede dar por causas sociales. Se ha comprobado que los ancianos con menor renta tienen más dependencia. El sobrepeso, que está muy relacionado con el sedentarismo, y el consumo de tabaco y alcohol llevarán a más dependencia al alcanzar la vejez.

Las limitaciones de la dependencia se manifiestan cuando hay problemas para realizar las tareas del hogar y los desplazamientos suponen una dificultad. Por ello, el anciano es más propenso a la soledad, se aparta de la sociedad y obliga a tener un cuidador que a su vez debe sacrificar su vida social. Hasta ahora muchos ancianos eran atendidos por sus familiares, pero las estructuras familiares están cambiando, la familia tradicional se está debilitando y cada vez hay más mujeres incorporadas al trabajo y menos tiempo para cuidar de los ancianos.

Por todo ello los expertos prevén que en los próximos años se dispare la demanda de servicios públicos. Los servicios sanitarios se enfrentarán a un aumento de los costes de atención por persona de más del 40 por ciento en los próximos 50 años, según un informe de la Organización Mundial de la Salud presentado también en la II Asamblea Mundial sobre Envejecimiento.

Los retos para mejorar la atención médica en el futuro

Para enfrentarse al aumento de las necesidades de atención geriátrica se deben desarrollar políticas de prevención de hábitos de vida saludables que prevengan o reduzcan las enfermedades o su dependencia. Coincidieron en afirmarlo el subsecretario del Ministerio de Sanidad, Domingo Menéndez, y la directora general de la Organización Mundial de la Salud, Gro Harlem Brundtland, en la II Asamblea Mundial sobre el envejecimiento.

La nueva cultura del envejecimiento debe incluir un cambio de hábitos que dé más protagonismo a la actividad física, que facilite la jubilación gradual y haga posible que los ancianos presten servicios en ONG o realicen actividades de voluntariado. Menéndez y Brundtland apostaron también por la detección precoz de las enfermedades utilizando las posibilidades que ofrece la genética.

En una de las mesas redondas sobre geriatría del Foro Mundial de ONGs se debatieron las carencias del sistema de atención a los mayores en España. Según el presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), Isidoro Ruipérez, hay tres grandes grupos de personas que tienen dificultades para acceder a la atención geriátrica: “Los mayores de 80 años, que es el grupo de población que más está creciendo; los que tienen enfermedades que conllevan una pérdida de función y pueden llegar a generar dependencia y por último los más pobres y con menores apoyos familiares”.

La SEGG propone para mejorar la atención geriátrica tener en cuenta a la población más necesitada de cuidados, entre los que se hallan los mayores de 80 años, las personas con pérdida de funciones y los más pobres. Otras medidas eficaces son extender la asistencia geriátrica a domicilios, hospitales y residencias, coordinar el personal ya disponible y formar a profesionales especializados en Geriatría, que deben estar presentes también en los hospitales.

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