Los amargos tragos del alcoholismo

El alcohol acaba con la vida de 13.000 personas en nuestro país cada año. Pero se trata sólo de una cifra aproximada porque la real es difícil de cuantificar. El alcohol provoca estragos directa e indirectamente, en forma de enfermedades hepáticas, como desencadenante de accidentes de tráfico o desinhibidor de la agresividad y detonante en homicidios, abusos sexuales y suicidios. Los especialistas en Psiquiatría Gabriel Rubio y Joaquín Santo-Domingo, han coordinado la Guía Práctica de intervención en el alcoholismo, desvelando las características de este drama social.

Enfermedades y patologías relacionadas: Adicciones, Alcoholismo

En España conviven más de tres millones de personas alcohólicas. El 12 por ciento de los ciudadanos confiesa que se emborracha al menos una vez al año. El 4 por ciento lo hace una o más veces por semana. 291.000 personas lo hacen a diario. Los estudios afirman que en los años noventa el consumo se ha estabilizado en casi diez litros por habitante cada año. Pero esta cifra “es engañosa”, nos advierte el doctor Gabriel Rubio, “porque cada vez hay más gente que bebe menos y los que beben, beben más; cantidades muy importantes”. Y esto tiene una repercusión en forma de 637.000 millones de gastos sanitarios y, lo más trágico e importante, más de 13.000 vidas sesgadas cada año.

El doctor Rubio, especialista en Psiquiatría del Hospital 12 de Octubre y Joaquín Santo-Domingo, Jefe de Psiquiatría del Hospital La Paz, ambos de Madrid, han coordinado la Guía Práctica de intervención en el alcoholismo para confluir datos y reflexiones sobre este problema en nuestro país. Uno de los principales fenómenos que recogen es el descenso de la edad de inicio de consumo. Como describe el doctor Gabriel Rubio, “hay un grupo de jóvenes que cada vez son más abstemios, y el grupo que queda son jóvenes que cada vez bebe más temprano, ya llegamos a los 12 años”.

El perfil de este grupo es el de jóvenes de 14-16 años, con un consumo de alcohol muy abusivo los fines de semana y además de alta gradación, alternando “ginebra, combinaciones de vino, y cerveza, durante un periodo de tiempo corto que suele ser viernes y sábado, lo que tiene unas consecuencias físicas y psicológicas muy importantes”, explica Rubio.

El problema de erradicar el consumo entre estos jóvenes, explica este especialista, “es que ellos consideran que su ocio está íntimamente relacionado con el alcohol y no entienden actividades de ocio el fin de semana sin estar el alcohol por medio”, por lo que no sólo se trata de cambiar su consumo, sino conseguir también “que cambien sus actividades de ocio, sus parámetros para divertirse”.

Las mujeres y las personas mayores, nuevos perfiles de riesgo

Pero los jóvenes no son el único colectivo que ha irrumpido con fuerza en los grupos de riesgo de padecer alcoholismo. La mujer ha conseguido una triste igualdad con el hombre en cuanto a los hábitos de consumo abusivo de alcohol, sobretodo entre las mujeres menores de treinta años. “Se está equilibrando el porcentaje de mujeres y hombres” afirma el doctor Rubio, “por lo menos en las ciudades, aunque a nivel rural el varón sigue siendo el consumidor predominante”.

Otro fenómeno significativo recogido por los doctores Santo-Domingo y Rubio, es un creciente número de pacientes alcohólicos pertenecientes a la Tercera Edad, un fenómeno que también ha aparecido en otros países occidentales: “Antes, con los años se iba reduciendo el consumo de alcohol y prácticamente a partir de los sesenta y cinco años desaparecía. Era poco frecuente encontrar nuevos alcohólicos por encima de los 55 años” afirma Rubio. Pero esto está cambiando, “están apareciendo nuevos perfiles que son varones, jubilados por la empresa anticipadamente, que tienen dinero y no saben cómo ocupar su ocio. Que se encuentran sin saber qué hacer”. Y un porcentaje creciente de ellos aumenta su consumo de alcohol, “entrando en dependencia a los pocos meses o años de sufrir esta situación”.

Alcohol y agresividad

“Sabemos que la relación entre alcohol y agresividad es muy estrecha” afirma el doctor Rubio, quien sostiene que de las diferentes hipótesis que explican la relación, la más consensuada es la que afirma que “hay existen factores culturales, culturas muy permisivas con el consumo de alcohol y con la aparición de actitudes violentas tras la ingesta. En estas culturas son más frecuentes las conductas agresivas”.

Pero también matiza que esta agresividad tras la ingesta de alcohol a veces es paralela a diferentes transtornos de la personalidad en personas que “cada vez que beben tienen este tipo de comportamientos agresivos”. El doctor Rubio cita las patologías del tipo de los “trastornos límites de la personalidad” o “trastornos antisociales de la personalidad”. En ellas, personas que sobrias no suelen mostrar determinadas conductas, “pero que bajo los efectos del alcohol son capaces de mantener conductas agresivas e incluso llegar al homicidio o al suicidio”.

Por ejemplo, en el caso de los malos tratos, en opinión del doctor Rubio, “es muy frecuente que en esta violencia contra las mujeres, los maridos suelan ser personas con un problema de alcohol y un problema de personalidad que hacen que cuando beban cometan ese tipo de horribles actos”.

¿Existe un umbral de seguridad?

El doctor Rubio dice que se atrevería a afirmar que no existe un umbral de seguridad en el consumo de alcohol y matiza: “cuando hablamos de un umbral tenemos que decir para qué nos sirve, ¿para que los reflejos no disminuyan? ¿para que el humor no aumente? Depende de qué conducta estemos midiendo y sobre esa conducta tendríamos que establecer ese umbral.

El doctor Rubio sentencia que “podemos pensar que una persona que después de tomar una caña no puede afectarle mucho a la hora de ponerse al volante. Y sabemos que sí”. En su opinión, una persona “no tiene la misma capacidad con veinte que con treinta años y, de igual forma, no tiene la misma capacidad cuando ingiere alcohol”. Además, el efecto que provoca en la persona la ingesta de alcohol depende de otros estados orgánicos, “el dormir poco, el soportar situaciones de estrés, todo ello hace que a veces pequeñas cantidades de alcohol que en situaciones normales no lo harían, nos mermen la capacidad”, aclara el doctor Rubio.

En su opinión, el umbral de seguridad debería ajustarse a la tarea que va a desempeñar cada persona, y en el límite de la conducción, el doctor Gabriel Rubio lo tiene claro: “debe ser cero”. Como también debería ser cero en el caso de las mujeres embarazadas. Las mujeres que ingieren alcohol durante su gestación pueden sufrir, como explica este psiquiatra, “un cuadro de síndrome alcohólico-fetal, naciendo los niños con una serie de malformaciones que arrastrarán durante un período de tiempo importante”. Y cita diversos estudios “que han demostrado que consumos de alcohol durante el embarazo estaban directamente relacionados con deficencias mentales entre los nacimientos de una población normal”.

La cultura del vino

Otro problema social que ve aumentada su mortalidad por la incidencia del consumo de alcohol es el de los accidentes laborales. “Efectivamente, en algunas profesiones, por su complejidad y alta sinestrialidad laboral es importante controlar el consumo de alcohol” explica el doctor Rubio, quien también destaca la positiva iniciativa de algunas empresas que han puesto en marcha campañas de prevención del abuso del alcohol y otras drogas entre sus trabajadores. “Es algo muy innovador. De una legislación donde se sancionaba, incluso con el despido, el tener una enfermedad llamada dependencia al alcohol, hemos pasado a una legislación más benigna donde se contempla el alcoholismo como una enfermedad y puede ser motivo de baja para que el trabajador se cuide”, acaba.

Por suerte, en opinión del doctor Rubio, “la sociedad es cada vez menos transigente con el consumo de alcohol, como es intransigente con la embriaguez, cada vez se está haciendo menos permisiva con determinadas formas de consumo”. La sociedad, en opinión de este psiquiatra, ve con cierta benevolencia el consumo de alcohol en reuniones, en fiestas, pero empieza a ver con malos ojos a “ese joven que bebe los fines de semana tal cantidad de alcohol que le deja fuera de sitio”. En su opinión, que esto cambie constituye “una carrera de fondo” que puede conseguirse ganar con “educación en los colegios y el apoyo adecuado de los medios de comunicación”. Todo para acabar con “una cultura vinícola y desmitificar las creencias de que el alcohol da energía o salud”.

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