Las rabietas, inevitables y necesarias

Canal: Pediatría

La psicóloga infanto-juvenil Rocío Ramos-Paúl ha asegurado que la rabieta infantil "es evolutivamente necesaria porque el niño no sabe contar qué le ocurre" y los padres tienen que enseñarle "a identificar su emoción" e indicarle "lo que hay que hacer".

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La especialista ha explicado que “educar es un trabajo muy largo”, que requiere de “mucha constancia” y “flexibilidad” porque “cada momento del niño y cada niño son distintos” y “cada situación por la que pasa la familia es distinta y necesitamos enfrentar de manera distinta cada una de estas variables”.

Rocío Ramos-Paúl, conocida por su programa televisivo ‘Supernanny’, ha impartido la ponencia Dificultades en la educación de los hijos, en Ibercaja Patio de la Infanta de Zaragoza, dentro del ciclo Educar para el futuro de la entidad de ahorro.

La psicóloga ha comentado que las rabietas “muchas veces tienen que ver con que el niño no sabe expresarse emocionalmente y con el inicio de la identificación y control de las emociones para ser luego inteligentes emocionalmente”.

Así, hay investigaciones que dicen que las rabietas se producen cuando el niño está cansando y cuando tiene hambre por lo que “hay una o dos todos los días” y, además, “está la del ‘te he dicho que no'”.

En ellas, los padres deben enseñar al niño a identificar su emoción, controlarse y saber cómo canalizarla y actuar, ha dicho, para reconocer que para educar es preciso “cultivar la paciencia” y, en el caso de las rabietas “muchas veces son muy desesperantes” y si, por ejemplo, tienes dos hijos “son seis rabietas diarias y acabas con la cabeza como un bombo”.

La referencia

La especialista ha señalado que el ejemplo de los padres “es fundamental” porque “uno de los mejores aprendizajes para los niños es la imitación, para lo bueno y para lo malo” y en la etapa de cero a seis años lo niños “imitan todo de los padres porque no tiene otros puntos de referencia”.

También ha reconocido que para los padres “es difícil decir que no, pero si no decimos que no con determinada edad, el niño no es capaz de aprender que hay cosas que son adecuadas y comportamientos inadecuados”.

Así, “si no ponemos limites, muchas veces siguen pidiendo, exigiendo y pensando que tiene que estar todo a su disposición en el momento que ellos decidan y si eso no ocurre la reacción es agresiva o ansiosa”.

A su entender, hay que saber decir que no desde el primer día, si bien cada etapa es distinta y “a un recién nacido no puedes decirle ‘esto no’, pero sí generar unos hábitos respecto al sueño, la alimentación, diferenciar la noche del día”, de forma que “le vas organizando la cabeza, eso le genera orden y le da seguridad”.

Saber decir que no “es más claro” cuando tienen que aprender a comer alimentos sólidos o a comer solos y vestirse, “pero todo lo que hayamos hecho antes tiene sus frutos porque el niño entiende mejor el no e integra mejor sus hábitos”.

Para Rocío Ramos-Paúl, el objetivo de los padres es que sus hijos sean felices, algo que, en su opinión, supone “que tengan hábitos, límites y que se sientan queridos y valorados por sus padres”, para señalar que “nunca hemos tenido tanta información” sobre la educación de los hijos porque “estamos en un momento donde preocupa mucho” esta cuestión.

A este respecto, ha considerado que “estamos intentando volver a un punto medio” entre la laxitud y el autoritarismo, al tiempo que el hecho de que se tengan menos hijos hace centrar más la atención en ellos y “la investigación apoya todo esto”, ya que ha demostrado que entre los cero y seis años “el cerebro tiene una capacidad de aprender que no sabíamos” y que ha contribuido a que ahora “los niños sean más espabilados e inteligentes” porque “tienen muchos estímulos que antes no tenían”.

Dificultades por tramos de edad

La especialista ha repasado las principales dificultades en la educación según la edad. Así, entre los cero y tres años ha mencionado la comida y el sueño, entre los dos y los tres, las rabietas, las normas, los límites y el no, mientras que en la etapa de los siete y ocho también es complicada para normas y límites y a partir de esa edad los padres tienen que favorecer el hábito de estudio, para después llegar ya a la adolescencia.

La psicólogo ha sostenido que detrás de una conducta inadecuada o un comportamiento que se quiere quitar “hay que saber leer qué hay detrás” y que puede ser que “no se hayan puesto bien los limites al niño, no se haya premiado lo que quiero que se repita o no castigado lo que quiero que deje de aparecer”.

También pueden deberse a otras circunstancias, como un cambio de casa o los celos por la llegada de nuevos hermanos. “Las diferentes situaciones vitales por las que pasa el niño hace que se dispare más el comportamiento inadecuado”, que también puede responder a que “saca de él una ventaja”.

Para abordarlas, es preciso analizar la situación del niño y de la familia. Asimismo, ha indicado que hay que “reforzar conductas” y decirle a los niños lo que hacen bien “porque lo repiten”, especialmente hasta los ocho años, y señalarles lo que tienen que cambiar.

Por otra parte, ha sostenido que los padres no pueden tener miedo a las reacciones de los hijos. Cuando esto ocurre, ha apuntado, “utilizo el humor” para pedir a los padres que imaginen las situaciones de conflicto como una tercera persona que está mirando “y les pregunto si no les haría gracia la sensación de miedo y dominio de un ser chiquitito, que es capaz de organizar la comida o distribuir donde duerme cada cual”.

Ha agregado que los padres “se suelen reír bastante y quitamos angustia”. Respecto a la pérdida de paciencia de los padres, ha expuesto que “el problema es si no la tienes nunca”, mientras que “pegar un grito es normal” y “lo que hay que hacer es reconocerlo y reconocerlo al hijo, que estará encantando de escucharlo y aprenderá que cuando uno se enfada, a veces pega un grito” y si bien “no es la reacción que hay que tener normalmente y aprenderá a pedir perdón, que es una habilidad fundamental”.

Revisar la agenda

La especialista también ha defendido la necesidad de que los padres dediquen tiempo a sus hijos diariamente, en donde les atiendan y ellos sean los protagonistas, tiempo “que no tiene que ser solo de juego”, sino que también puede ser para enseñarles a controlar una rabieta o, por ejemplo, a atarse los cordones de los zapatos, es decir, estar con ellos y ayudarles a resolver sus problemas.

“Cada uno tiene que revisar su agenda y ser conscientes de que hay que tener un tiempo diario” para los hijos y si esto es difícil “darle calidad al tiempo” que se pasa con ellos.

Por otra parte, ha recalcado que “todos los agentes que tienen relación con el niño ejercen influencia en su educación”, y si bien “el peso de los padres es importante, también del colegio y de todos los que estamos en relación con el niño”, igual que la televisión y las nuevas tecnologías.

Rocío Ramos-Paúl ha defendido que a estas últimas, que “no hay que demonizar”, sino enseñar a los niños a tener “autocontrol”, para lo que es importante que las pantallas y el ordenador “estén en zonas comunes para todos” y dar un tiempo determinado de uso, además de que son medios “fantásticos” como premios para fomentar las conductas positivas y “también sirven para que los niños aprendan cosas”.

La especialista ha asegurado que todos los niños pueden cambiar porque “todo ser humano tiene capacidad de cambiar y el niño más” porque “está preparado para hacer cambios mucho más rápidos” y ha subrayado que el sentido del humor “es una de las grandes habilidades para educar”, además de opinar que “a veces queremos que todos los niños sean perfecto, pero es más bonito que cada uno sea distinto”.

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