La salud de las mujeres trabajadoras

"La entrada de la mujeres en el mercado laboral ha tenido un efecto positivo sobre su estado de salud", pero al mismo tiempo el paro y la inestabilidad laboral "están teniendo costes en términos de salud mental", denuncia la doctora Lucía Artazcoz, del grupo Género y Salud Pública de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS).

Enfermedades y patologías relacionadas: Depresión, Ansiedad

En nuestro país “el mercado laboral se caracteriza por una profunda segregación de género”, que conlleva que correspondan a las mujeres los puestos menos cualificados y que éstas tengan mayores tasas de paro e inestabilidad laboral que los hombres. Además reciben peores salarios, sufren más acoso moral y sexual y realizan un trabajo “más monótono” y “con menos perspectivas de promoción”. La doctora Artazcoz considera que todos estos rasgos del empleo femenino “están asociados a un amplio abanico de trastornos de salud ligados al estrés, que van desde la depresión o la ansiedad a las enfermedades cardiovasculares”. Por ejemplo, el trabajo temporal o sin contrato, más frecuente entre las mujeres, “tiene un efecto negativo sobre su estado de salud mental”. Lo mismo ocurre con el paro, pero su impacto es mayor entre las mujeres solteras, porque las que tienen familia “sustituyen la pérdida del trabajo remunerado con la dedicación a los roles familiares”.

Conciliación de vida laboral y familiar

Pero además las mujeres tienen problemas para compaginar su vida laboral con la familiar ya que deben afrontar una “doble jornada interminable” y hoy “la sobrecarga es mucho mayor” que hace diez o quince años porque “cada vez trabajamos más” . Sin embargo, las mujeres que trabajan fuera tienen un mejor estado de salud que las amas de casa, pero “sus estilos de vida son más insaludables” ya que “fuman más, duermen menos y hacen menos ejercicio físico”. Por ello, progresivamente “las mujeres incorporarán las enfermedades que reducen su esperanza de vida”, hasta ahora características de los hombres. Éste es el caso del cáncer de pulmón, que ya es una de las cinco primeras causas de mortalidad entre las mujeres mayores de 35 años y se prevé que dentro de diez años será la principal causa de fallecimiento.

Para conciliar el trabajo con el cuidado del hogar y la familia las mujeres suelen recurrir a sus padres o sus suegros, lo que tiene un “efecto muy protector para su estado de salud”. Lo mismo ocurre con la contratación de trabajadoras domésticas, pero precisamente éste es el colectivo que presenta las “peores condiciones de salud”, por lo que la doctora Artazcoz se pregunta: “¿las mujeres más cualificadas protegen su salud gracias a la explotación de las menos privilegiadas?”.

Respecto al trabajo a tiempo parcial, esta especialista rechaza que sea “la mejor forma para lograr la igualdad de género, porque perpetúa la división sexual en el trabajo” (los hombres siguen siendo los que trabajan fuera de casa). Asimismo, “en España se asocia de forma muy estrecha a la temporalidad”, “está peor pagado en términos de precio/hora”, ofrece “menos oportunidades para aprender”, supone una “reducción de las pensiones” y “disminuye la presencia de las mujeres en la vida pública”.

En la última década se ha duplicado el número de mujeres que han abandonado su empleo “por razones personales o responsabilidades familiares”, pero esta tendencia es más habitual en los trabajos de menor cualificación, así como en los del sector de restauración y comercio, porque sus horarios son incompatibles con la atención a la familia.

Finalmente, la última opción es que la mujer acabe “financiando la conciliación con su propia salud”, lo que lleva aparejado “un mal estado de salud general, limitación crónica de la actividad habitual y trastornos crónicos de salud”.

Políticas institucionales

La doctora Artazcoz opina que “son importantes las políticas para fomentar la entrada de las mujeres en el mercado laboral pero tienen que ir acompañadas de otras para facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar” y se deben “aumentar mucho los recursos comunitarios para el cuidado de las personas dependientes”. También es fundamental “introducir la perspectiva de género y salud en las políticas” de otras áreas como la economía, el trabajo o la educación y que las medidas de salud laboral no se dirijan exclusivamente a los hombres y a los accidentes de trabajo, sino a otro tipo de “riesgos psicosociales” como el estrés.

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