La realidad transexual

Aunque la nueva ley aborda las especificidades del colectivo transexual, los profesionales sanitarios exigen que la transexualidad no sea contemplada como una enfermedad mental. Para tratar adecuadamente este fenómeno, se considera necesaria la creación de equipos multidisciplinares, con psicólogos, endocrinólogos y cirujanos. En muchos casos, las dificultades que encuentran los transexuales para ser tratados por el sistema sanitario público les llevan a recurrir al autotratamiento hormonal.

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La sexóloga Miren Larrazábal, presidenta del Comité Científico del Congreso Español de Sexología, asegura: “La transexualidad no es necesariamente una enfermedad y, menos aún, una enfermedad mental”

La aclaración es importante porque, como denuncia la sexóloga, “en estos momentos, y a pesar del avance que ha supuesto la Ley Reguladora de la Rectificación Registral de la Mención Relativa al Sexo de la Personas, sigue siendo imprescindible el diagnóstico de disforia de sexo para que se acepte un cambio de sexo en nuestro país”.

Transexualidad y disforia

Aunque frecuentemente se confunden, la transexualidad y la disforia de sexo aluden a dos realidades distintas. El término transexualidad indica una tendencia a no asumir el género asignado en el nacimiento, mientras que la disforia de género indicaría que dicha valoración genera en el sujeto alteraciones emocionales.

“No todo transexual padece disforia; sin embargo, la Ley señala que si el transexual no presenta disforia no puede modificar su adscripción de género ni puede ser atendido para modificar su deseos de cambio de género”, denuncia Miguel Ángel Cueto, sexólogo del Centro Psicológico de Terapia de Conducta de León y presidente organizador del Congreso Español de Sexología.

Sin duda, añade, “se está favoreciendo una patologización de dichas personas que, en vez de ser derivadas a psicólogos, se orientan a psiquiatras directamente, con lo que se presupone una valoración patológica de antemano”.

500 personas candidatas a cirugía

La transexualidad consiste en una disociación entre el sexo genético, gonadal y fenotípico, y el sexo psicológico o identidad de género. Son personas que no se identifican con el género que socialmente se corresponde con su sexo biológico de nacimiento. Por extrapolación de estudios de otros países, se calcula que habría unas 2.600 personas transexuales en España (1.800 de hombre a mujer, y 800 de mujer a hombre); de éstos, tras un adecuado proceso diagnóstico, serían candidatas a cirugía unas 500 personas.

Un desafío a la división de géneros

La transexualidad supone un desafío a la rígida división de géneros establecida en nuestra sociedad. También cuestiona la idea de la supuesta naturalidad de los géneros, que presupone que nacer macho implica de manera natural sentirse hombre y nacer hembra sentirse mujer. “Nuestra tarea como profesionales es acompañar en este proceso: clarificando si hay confusión (no todas las crisis de identidad de género implican una transexualidad) y ayudando psicológicamente a que se expresen socialmente tal como sienten el género psicológicamente”, afirma la psicóloga Miren Larrazábal.

Tal y como denuncia, “estamos ante una problemática novedosa que implica estudio y reflexión por parte de la comunidad científica, que necesita despojarse de esquemas mentales y estereotipos sexuales y sociales cerrados”.

La respuesta del sistema sanitario

El deseo de vivir y ser aceptado como un miembro del género opuesto al sexo biológico no es un trastorno mental aunque puede crear, por desconocimiento, incomprensión social o falta de asunción de su rol, cierta disforia que podría necesitar asesoramiento o apoyo terapéutico.

En este sentido, los especialistas resaltan la importancia de hacer un buen diagnóstico del trastorno, ya que un diagnóstico no certero es un factor predictivo de arrepentimiento post-tratamiento de reasignación de sexo y de la evolución.

La falta de atención de este trastorno dentro del sistema sanitario público está condicionando a la ausencia de datos epidemiológicos, la escasez de publicaciones, la identificación de factores de pronóstico, los estudios sobre calidad de vida, los estudios sobre comorbilidad psiquiátrica asociada y la evolución del trastorno.

Según expone Miguel Ángel Cueto, “las dificultades que encuentran para ser tratados por el sistema sanitario público les llevan a recurrir al autotratamiento hormonal, lo que se puede traducir en graves efectos para su salud, en la aparición de desórdenes psicológicos diversos e, incluso, en el incremento del riesgo de autolesiones en los genitales o en intentos de suicidio”.

Abordaje multidisciplinar

Los tratamientos intentados desde diferentes especialidades se muestran ineficaces para reconciliar al paciente transexual con el sexo biológico al que pertenece. En cambio, sí está contrastada la eficacia de ajustar el cuerpo a la mente mediante el tratamiento multidisciplinar: psicológico, endocrinológico y quirúrgico. Por eso, los psicólogos consideran esencial su participación en el proceso de abordaje de los problemas que plantean los transexuales. “Tienen el derecho de ser atendidos mediante protocolos consensuados por la comunidad científica, siendo valorados por psicólogos y no por psiquiatras”, sentencia Miguel Ángel Cueto.

Más allá de la Ley

En las principales clasificaciones diagnósticas internacionales de enfermedades, se incluye a la transexualidad como un trastorno o enfermedad. No obstante, indica Miren Larrazábal, “pensábamos que se debería analizar seriamente la eliminación de la situación de transexualidad de las clasificaciones internacionales de trastornos y enfermedades (como ya se hizo con la homosexualidad) ya que, aunque no se pretenda, sí que produce cierta estigmatización que atenta contra estas personas, dificultando así su integración social y, por tanto, su bienestar personal”.

De hecho, un aspecto común de las personas transexuales es su negativa a ser considerados enfermos. Los transexuales sitúan su problema sobre todo en la representación corporal; “si recurren al sistema sanitario no lo hacen porque se sientan enfermos, sino para que se les restituya su verdadera identidad de género en un cuerpo al que no consideran como suyo”, apunta Miguel Ángel Cueto.

Con la aprobación de la Ley Reguladora de la Rectificación Registral de la Mención Relativa al Sexo de la Personas se reconoce el derecho de las personas transexuales a cambiar su sexo, para que éste se corresponda con la identidad de género que reclaman como propia.

Pero, como subraya Mirel Larrazábal, “aunque la Ley supone un paso adelante, plantea controversias al seguir incidiendo en que la transexualidad es un trastorno mental y al incluir en su diagnóstico (como un requisito de obligado cumplimiento) la disforia de género”.

En estos momentos, numerosos colectivos de transexuales y profesionales de la salud mental (sexólogos, psicólogos, médicos), así como todas las sociedades científicas de Sexología, se oponen a considerar la transexualidad una enfermedad, un trastorno mental.

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