La necesidad de abrir un espacio de diálogo entre ciudadanos, políticos y científicos

La necesidad de estrechar lazos entre la comunidad científica y los ciudadanos fue uno de los temas principales de la mesa redonda sobre el futuro de la investigación en Europa, celebrada durante la Jornada sobre Investigación en Calidad de Vida en la Unión Europea en Barcelona.

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Tal y como describe el doctor Octavi Quintana, “la ciencia a veces no entiende los miedos y las expectativas de la sociedad y la sociedad no entiende a menudo los retos de la ciencia”. Por ello, el vicepresidente del European Group on Ethics de la Comisión Europea añade que “habría que investigar por qué la sociedad percibe la investigación como un riesgo”, algo para lo que podría buscarse una respuesta desde disciplinas como la antropología y la sociología.

En opinión de su colega el doctor John Martin, asesor del gobierno británico en temas de calidad de vida, “la televisión puede ser un gran medio para educar al ciudadano y hacerle descubrir el valor de la ciencia”. Martin cree que temas como el uso de animales en experimentos dejarían de ser socialmente criticados si se conocieran más los beneficios terapéuticos que se obtienen, y subraya que también “los científicos deben escuchar los deseos de la sociedad”.

Ética y ciencia

“Toda investigación que pretenda aumentar el conocimiento es éticamente válida”, opinó de forma contundente el doctor Octavi Quintana en su intervención sobre ética y ciencia, quien añadió que “lo que puede no ser éticamente válido son sus aplicaciones”. Y enmarcó su afirmación en un contexto en el que los últimos avances en genética abren muchos interrogantes sobre las hipotéticas aplicaciones, médicas y no médicas, del desciframiento del Genoma Humano.

Quintana lamentó que no exista un organismo a nivel europeo que evalúe éticamente la investigación, “por lo que suele ser el financiador el que impone sus condiciones”. Y aconsejó la creación de este organismo a nivel europeo de evaluación científica a pesar de las diferencias culturales y legales entre los países de la Unión Europea. Ya que en opinión de Quintana, “existen unos valores comunes” donde los países pueden ponerse de acuerdo, pues “hay que respetar las diferencias, pero también la libertad de investigación y la libertad de pensamiento”.

Proyectos como la clonación de embriones humanos con fines terapéuticos chocan con la recia oposición de países como Alemania e Irlanda y las diferentes legislaciones de los países miembros de la Unión Europea, más o menos restrictivas. “No hay que imponer siempre la opinión del más restrictivo”, opina Quintana, “pues entonces la investigación estaría siempre a merced de estos países, y ser más restrictivo no significa ser más ético”.

Para llegar a un consenso, el doctor Quintana propone la creación de un consejo científico a nivel de la Unión Europea, que evaluaría la ética de los proyectos de forma independiente. Además de “impulsar una ética de la investigación y una investigación de la ética”, en la que el diálogo entre la comunidad civil y la científica vuelve a ser clave.

Nuevos retos abiertos, viejos retos sin cerrar

El debate posterior entre estos especialistas dejó a la vista numerosos problemas que deberían empezar a plantearse y debatirse. Por ejemplo, se destacó que aunque la genética y la biotecnología han abierto un campo amplísimo para aumentar nuestro conocimiento sobre la vida y mejorar nuestra calidad de vida, todavía existen muchas parcelas de la investigación que no hay que dejar de lado. Y se insistió en que, antes que desarrollar terapias farmacogenómicas, quedan por descubrir aún terapias más efectivas contra enfermedades como el SIDA, la malaria u otras patologías que afectan el tercer mundo.

“No sólo hay que investigar lo que está de moda”, resaltó el doctor Pere Puigdoménech, profesor de Investigación del Instituto de Biología Molecular del CSIC en Barcelona (IBMB-CSSIC), opinión que apoya el doctor Martin quien explica cómo hoy “la investigación se hace con dos objetivos, aumentar la salud y generar beneficios económicos”, y añade que esta “sumisión de la investigación a la ley de la oferta y la demanda provoca a veces consecuencias terribles”.

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