¿La homosexualidad en el diván?

Un estudio de la Universidad de Columbia afirma que existen suficientes casos de homosexuales que cambiaron voluntariamente de orientación sexual tras someterse a terapia psicológica como para poner en duda que la orientación sexual de una persona sea fija.

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Un controvertido estudio presentado en la reunión Anual de la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos (APA) ha reavivado la polémica sobre si los homosexuales pueden cambiar a una orientación heterosexual mediante tratamiento psicológico. El estudio, liderado por el doctor Robert Spitzer, psiquiatra de la Universidad de la Columbia, abrió una extensa discusión sobre si la homosexualidad es una elección de conducta modificable, y reavivó el debate que en los años 70 consiguió que la homosexualidad fuera borrada de la lista oficial de desórdenes mentales de la APA, aceptándose que no requería tratamiento psiquiátrico.

El doctor Spitzer presentó el resultado de 196 entrevistas a 143 hombres y 53 mujeres homosexuales que aseguraron que habían cambiado a heterosexuales al someterse a terapia de forma voluntaria. Y de ellos, el 66 por ciento de los varones y el 44 por ciento de las mujeres relataron relaciones heterosexuales satisfactorias, estables y de amor. El resultado ha sorprendido al propio Spitzer, que en el año 1973 formó parte del grupo de presión que consiguió que la homosexualidad dejara de ser considerada una enfermedad mental en Estados Unidos. Su trabajo concluye también que los cambios de orientación obtuvieron mejores resultados cuando fueron supervisados por un profesional de la salud mental.

La APA se distancia del estudio

Sin embargo, la propia APA se ha apresurado a emitir un comunicado distanciándose de los resultados del estudio del doctor Spitzer y afirma que no publicará los resultados, pues no existen aún evidencias científicas de que la terapia psicológica pueda cambiar la orientación sexual de una persona.

Ante la avalancha de críticas de colectivos homosexuales de Estados Unidos, el propio Spitzer ha salido al paso afirmando en declaraciones a la agencia Reuters que estaba “sorprendido por la forma con la que los medios de comunicación han difundido el estudio, como si cualquier persona homosexual pudiera cambiar de orientación con sólo estar muy motivado” y matiza que “eso no es lo que dije”.

Spitzer matiza que su aportación es afirmar que existen suficientes casos de personas beneficiadas por una terapia de reorientación sexual, llevada a cabo de forma voluntaria, como para poner en cuestión el concepto de que la orientación sexual del individuo es fija.

En oposición al trabajo de Spitzer, un segundo estudio presentado en esta reunión de la American Psychiatric Association por los psicólogos Ariel Shidlo y Michael Schroeder, afirmaba que sólo seis de los 202 homosexuales y lesbianas que entrevistaron cambiaron de orientación sexual tras someterse a terapia psicológica. Pero además, 18 de ellos afirmaron haberse convertido en asexuales o sexuales confusos, revelando el peligro del posible fracaso de este tipo de terapias.

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