La hipertensión, una enfermedad peligrosa y mal cuidada

La Sociedad Española de Hipertensión ha presentado al Ministerio de Sanidad un documento de consenso para mejorar la calidad asistencial. Según esta sociedad, una buena relación médico-paciente o las condiciones en las que se realiza el control de la presión arterial son factores determinantes para el correcto tratamiento de la hipertensión.

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El 27 por ciento de la población española sufre hipertensión. Ésta consiste en el aumento de la presión arterial de forma crónica y continuada: el corazón impulsa la sangre por el cuerpo y las arterias oponen resistencia. Esta enfermedad crónica constituye uno de los factores más importantes de riesgo cardiovascular y supone el primer factor de riesgo de derrame cerebral.

Para mejorar su control, miembros de la Sociedad Española de Hipertensión presentaron en Madrid un documento de consenso a nivel nacional con el que se pretende evaluar en un futuro la calidad de la actuación médica sobre pacientes hipertensos.

Antonio Coca, miembro de la directiva de este grupo de expertos y presidente de la Sociedad Catalana de Hipertensión, señaló que los principales factores que inciden en el déficit actual del control de la enfermedad son, entre otros, los pocos medios y las condiciones de trabajo que ofrece la Administración. Igualmente, Coca apunta que también sería necesario mejorar los tratamientos farmacológicos que se administran al paciente.

Con tal de reducir los efectos de este déficit de control, la Sociedad Española de Hipertensión Arterial considera necesario dar especial importancia a la detección, el diagnóstico y la evaluación final de la enfermedad, a su tratamiento, su seguimiento periódico, el funcionamiento de las urgencias y el grado de detección de la hipertensión secundaria.

El tratamiento no farmacológico

Las personas que padecen hipertensión deben estar informadas y saber cómo pueden evitar un empeoramiento de su enfermedad. Se deben tener en cuenta toda una serie de normas higiénicas y dietéticas no sólo para complementar el tratamiento farmacológico y reducir el riesgo cardiovascular, sino también para prevenir la hipertensión.

Algunas de las medidas que se establecen son llevar una alimentación equilibrada, evitar el consumo de sal, controlar el peso y reducir el consumo de alcohol. Dejar de fumar también es importante, pues el tabaco es uno de los principales factores de riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. También es aconsejable el ejercicio físico, intentar llevar una vida sin estrés y moderar el consumo de café.

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