La generación del clon

Cuando nació el primer bebé fecundado in vitro, ya hace 21 años, el evento se convirtió en una de las noticias médicas que más dio que hablar, y ahora es un método plenamente instaurado y aceptado. Probablemente, en los primeros años del siglo XXI un equipo de científicos de cualquier lugar podría anunciar el nacimiento del primer bebé humano clónico. Este primer ser humano clonado seguro atraerá la atención de los medios de comunicación y de la opinión pública. Pero unos años más tarde será tan sólo uno de los cientos o miles de niños que habrán nacido en el mundo mediante esta técnica.

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La historia de la clonación empezó hace relativamente poco: en febrero de 1997 Ian Wilmut y sus colegas en el instituto Roslin, cerca de Edimburgo, anunciaron al mundo que habían clonado a una oveja, la ahora famosa Dolly. Pero muchos se preguntan en que consiste esta técnica y cómo se lleva a cabo. Para Ronald M. Green, el director del Darmouth College”s ethics institute, la técnica que usaron el doctor Wilmut y sus colegas será la misma que se utilizará en un futuro para clonar a los humanos.

La técnica de transferencia nuclear de células somáticas consiste en tomar el núcleo de la célula- con el correspondiente ADN con los genes del individuo- e inyectarlo en un óvulo, el núcleo del cual ha sido extraído previamente. El embrión resultante, que llevará consigo toda la información del ADN del donante, se implanta en la matriz de una hembra y cuando nace ya tenemos un ser idéntico al primero. Con esta técnica, personas que hayan sufrido quemaduras o lesiones en la médula espinal podrán acceder a un cambio de piel o de tejido del nervio creándolos a partir de su propio DNA. Y otras enfermedades procedentes de desórdenes degenerativos tales como diabetes, Parkinson o Alzheimer podrían ser reversibles gracias a la clonación ya que los científicos serán capaces de crear órganos enteros para reemplazarlos. Estos son algunos de los importantes usos médicos que esta técnica puede aportar y sin duda, solucionar los problemas de muchos pacientes.

Pero según Green “lo apropiado es la precaución” en vistas a de los riesgos físicos, todavía desconocidos, que la clonación podría suponer para el feto. De los 29 embriones creados mediante la técnica de la transferencia nuclear por llevada a cabo por el doctor Wilmut, sólo sobrevivió Dolly. De aquí se desprende que la actual técnica tiene un alto nivel de pérdida de embriones y fetos. A parte de eso, las investigaciones en animales deberían estar definitivamente comprobadas antes de probar suerte con los humanos.

Es posible que en estos momentos nuestro hipotético investigador este trabajando en la clonación humana. Por ahora, el factor técnico que limita la clonación es la disponibilidad de un número suficiente de óvulos humanos maduros. Si tomamos a Dolly como ejemplo, serán necesarios cientos de óvulos para producir sólo unos pocos embriones clonados.

¿Quién será el primero?

Una vez eliminados los obstáculos técnicos y legales que la clonación puede conllevar, ¿quien o quienes podrían obtener un bebé mediante la clonación? La realidad en este caso podría superar la ficción. Dictadores que configuran su “ejército perfecto” o bien padres que querrían a sus hijos iguales a ellos. Opciones que, según Green, son “realmente desagradables”. Así, ¿quienes están más capacitados o son los más adecuados para usar el método de clonación humana? En este sentido Green considera a las parejas que carecen de óvulos o esperma necesarios para la reproducción sexual deberían ser los principales beneficiarios. Gran parte de las parejas que utilicen este método serán las parejas de lesbianas, según afirma Ronald M. Green, ya que no necesitarán el esperma de un donante para tener un hijo con su misma información genética. Pero en cambio los homosexuales no podrán beneficiarse de la clonación ya que necesitarían la matriz de una madre de alquiler para poder tener a su hijo. Según Green, otros de los posibles usuarios de la clonación serían “aquellos individuos o parejas cuyos genes tengan mutaciones que puedan causar serias enfermedades genéticas en sus hijos”.

La clonación también traerá esperanza a las familias con historial de enfermedades genéticas hereditarias, abriendo camino a la terapia génica. Esta terapia -que en la actualidad consiste en la corrección o reemplazo de secuencias de genes defectuosas en el embrión o en el adulto- es el gran campo de investigación de la medicina genética.

Pero uno de los grandes problemas que acompañan a la clonación son los aspectos éticos. En este sentido, Green plantea nuevas dimensiones del asunto: Si mediante la clonación podemos solventar problemas de salud extremadamente serios, ¿por qué no ir más lejos y conseguir grandes “realces” de las habilidades humanas? ¿Cómo se sentirá, en el aspecto psicológico, la persona clonada? ¿Qué podrá significar, en el aspecto familiar, ser un clon exacto de tu padre o madre? ¿Qué presión experimentará un niño clonado si desde que ha nacido se le ha estado comparando con una persona que todavía está viva?.

Según Green el problema se puede agravar si los padres utilizaran la técnica de la clonación para reemplazar a algún ser querido. De todas estas preguntas se desprende que los éticos hayan reivindicado el derecho a tener un único código genético. Un derecho que choca frontalmente con la técnica de la clonación que, por otra parte y dejando de lado las consideraciones éticas, puede suponer unos avances médicos que ayuden a mejorar el nivel de vida y la salud de muchas personas.

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