La explotación petrolífera perjudica seriamente la salud del Amazonia

Los vertidos tóxicos que las compañías petrolíferas han vertido en la Amazonia ecuatoriana ha tenido graves consecuencias en la salud de los indígenas y campesinos de la zona. El Informe Yana Curi, presentado por Medicus Mundi, ha concluido que las comunidades que viven cerca de estas explotaciones tienen, por ejemplo un riesgo un 260 por ciento mayor a morir por cáncer que los habitantes de la capital, Quito.

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El doctor Miguel San Sebastián, colaborador de esta ONG que ha elaborado el proyecto, afirma que, además, “las mujeres de comunidades cercanas a pozos y estaciones petroleras presentan un riesgo de abortos espontáneos un 150 por ciento más alto que las mujeres que viven en comunidades no contaminadas”. Mientras que los hombres sufren un riesgo un 130 por ciento mayor de sufrir un cáncer si viven cerca de una explotación petrolífera, en comparación con los de la capital ecuatoriana.

La población de las comunidades afectadas también presentan síntomas como hongos en la piel, cansancio, irritación en la nariz y de los ojos, dolor de cabeza, garganta, oídos, diarrea y gastritis. Síntomas que, como el doctor San Sebastián afirma, “se corresponden con los efectos toxicológicos que se atribuyen al petróleo”.

Un juicio sin precedentes

Este estudio será utilizado como prueba en un juicio sin precedentes en el que el Frente de Defensa del Amazonia, en representación de treinta mil indígenas y campesinos, ha demandado a la multinacional Texaco por la contaminación que ha vertido en la zona en esos veinte años de explotación. La demanda fue aceptada en 1993 y ahora sólo queda saber si el juicio se celebrará en Estados Unidos o en El Ecuador. En él, los demandantes piden que la compañía limpie las más de 250 piscinas llenas de crudo y desechos que dejó y que compense económicamente los daños realizados en la salud de esas personas.

Estas piscinas de vertidos tóxicos, de unos veinte por treinta metros, suelen romperse o desbordarse con la lluvia, llevando estas sustancias contaminantes a los ríos que estas comunidades utilizan para bañarse o beber. En ellas puede encontrarse petróleo y distintos químicos como el benzeno y otros compuestos orgánicos y sustancias materiales como metales pesados del tipo cromo o plomo.

Un daño irreparable, que según el doctor San Sebastián, no debe repetirse: “en los casos de cáncer crónicos, es difícil reparar el daño, de hecho muchas personas han fallecido ya y muchos de los abortos no se pueden reparar, esas vidas se han perdido, pero queremos que en la medida de lo posible no vuelva a ocurrir lo que está pasando”.

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