La desconocida enfermedad de la fibromialgia

La fibromialgia es una enfermedad crónica que consiste en dolores múltiples en todo el cuerpo y cansancio generalizado, que suele afectar a mujeres adultas. Se trata de una enfermedad poco conocida, y a veces negada como tal, aunque ha sido reconocida recientemente por la Organización Mundial de la Salud. No obstante es bastante frecuente, pues se cree que la padece entre un uno y un tres por ciento de la población, es decir, entre 400.000 y 1.200.000 personas en España.

Enfermedades y patologías relacionadas: Fibromialgia

Aunque de momento se ignora el origen de la enfermedad, se ha comprobado la aparición de fibromialgia después de sucesos estresantes como infecciones, accidentes de automóvil, separaciones matrimoniales, traumas y otro tipo de problemas personales. También es posible padecer fibromialgia junto a otras enfermedades como la artritis reumatoide o el lupus eritematoso. Lo que sí parece cierto es que dichos males no son los causantes del trastorno pero sí favorecen su aparición. Del mismo modo actúan factores como la ansiedad o la depresión que, sin ser fundamentos del mal, aumentan sus síntomas.

Así pues, la enfermedad sería una respuesta anormal al estrés creado por determinados acontecimientos. Los últimos estudios realizados han detectado en el sistema nervioso de los enfermos niveles bajos de algunas sustancias importantes en la regulación del dolor, en especial de la serotonina.

Síntomas de la fibromialgia

La fibromialgia se caracteriza, ante todo, por el dolor que ocasiona. El enfermo habla de un dolor generalizado, difuso, que afecta una gran parte del cuerpo, variando según la hora, los días, el nivel de actividad, los cambios climáticos, la falta de sueño, el estrés u otros factores. Aparte del dolor, otro rasgo común es la rigidez que causa al paciente, sobre todo al levantarse por la mañana, y la hinchazón u hormigueo de manos y pies. Otro síntoma habitual es el cansancio, que además tiende a durar todo el día. La persona, que se encuentra como si no tuviera energía, apenas puede tolerar el ejercicio físico, aunque sea moderado. Entre un 70 y 80 por ciento de los pacientes padece de un sueño de mala calidad, donde se incluye la apnea, siendo habitual para ellos levantarse más cansados de lo que se acuestan. De hecho concilian el sueño sin problemas pero, cuando duermen profundamente, el sueño se ve interrumpido por unas ondas cerebrales similares a las que nos mantienen alerta. Síntomas no tan comunes son la depresión, ansiedad, jaquecas, dolores en la menstruación, trastornos digestivos, dolores abdominales, estreñimiento, diarrea, problemas genitourinarios, hipersensibilidad a los cambios climáticos, dolores en el tórax, mareos, sequedad de boca, y problemas de circulación.

¿Cómo se diagnostica la enfermedad?

Aparte de los síntomas descritos anteriormente y que pueden ser indicativos de este mal, el médico puede detectar la patología a través de la exploración del paciente. Mediante la exploración física el especialista intenta identificar dolor presionando unos puntos determinados del cuerpo, un total de 18 situados en el cuello, las vértebras cervicales, los omoplatos, las clavículas, la base de la espalda, el hueco de los codos, los muslos y las rodillas. Cuando los puntos dolorosos son más de 11, se puede diagnosticar fibromialgia. Además, durante la exploración suele aparecer otro síntoma que consiste en el enrojecimiento de la piel al presionar en cualquier lugar del cuerpo. Actualmente se están investigando nuevos sistemas de diagnóstico, como algunos tests, pero de momento ninguno es aplicable a corto plazo.

Tratamiento a seguir

Si bien en el presente no existe un tratamiento definitivo de la fibromialgia, sí que se puede alcanzar una notable mejoría del enfermo. Se acostumbran a seguir los siguientes pasos:

1º Diagnóstico firme: Reduce la ansiedad de encontrarse mal y desconocer el motivo, al mismo tiempo que se tranquiliza el paciente al saber que la fibromialgia no tiene nada que ver con el cáncer, no afecta a las articulaciones, ni produce lesiones irreversibles ni deformidades.

2º Evitar los factores que agravan los síntomas: La obesidad, levantar pesos, adoptar malas posturas o hábitos erróneos al caminar.

3º Eliminar sentimientos depresivos o de ansiedad: Suelen agravar el problema. Si es necesario, se debe acudir al psiquiatra.

4º Mantener una actitud positiva y vital: En este sentido, conviene modificar el comportamiento y la mentalidad, cuando éstas sean negativas. La excesiva preocupación, un ambiente poco relajado o el estrés no ayudan a la recuperación.

5º Acostumbrarse al ejercicio físico: Pasear o nadar moderadamente pueden ser un primer paso para el necesario fortalecimiento muscular. Recuerde que el ejercicio físico ha de ser suave y situarse por debajo del límite de tolerancia del paciente para que no llegue a sentir dolor. Como complemento, también son válidos los masajes, el calor local o algunos tipos de electroterapia.

6º Medicamentos: Para los dolores intensos localizados, el médico puede aplicar inyecciones con anestésicos locales. En la misma línea, los calmantes o analgésicos pueden ayudar de forma ocasional. Otro tipo de fármacos son los que intentan aumentar los niveles de serotonina y, por lo tanto, elevar el nivel de resistencia al dolor. Estos últimos tardan en actuar de dos a tres semanas, tiempo en el que, sobre todo en los primeros días, los síntomas se acrecientan para luego disminuir, por lo que se aconseja que el enfermo tenga la suficiente paciencia para resistir esta primera fase del tratamiento en la que parece empeorar.

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