La ansiedad, ¿tu compañera habitual?

¿Te notas irritable? ¿Te falta aire y tienes presión en el estómago? Puede que tengas un episodio de ansiedad. El doctor Salvador Ros, director médico del Instituto Europeo de Neurociencias nos explica qué es la ansiedad, qué relación tiene con el estrés, la depresión u otros trastornos emocionales. Además, nos explica qué terapias principales presenta y qué fármacos son los más usuales.

Enfermedades y patologías relacionadas: Ansiedad

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una respuesta adaptativa en el ser humano que se remonta a épocas animales, donde éstos tienen que sobrevivir gracias a su ansiedad. Lo que ocurre es que, en un momento determinado, puede aumentar su intensidad y puede hacerse insostenible para el paciente y producirle un profundo sufrimiento; incluso puede llegar a provocar una discapacidad. De hecho, hay enfermedades ansiosas que provocan tanta discapacidad como cualquier enfermedad médica crónica.

La ansiedad ha existido siempre. No obstante, los síntomas cambian con el tiempo y con las culturas. Se puede incrementar el riesgo de ciertas patologías o enfermedades psiquiátricas. La ansiedad es una de ellas. Nuestro mundo es complicado, con exigencias horarias, donde constantemente tenemos que adaptarnos a una circunstancia nueva. Además, han aumentado de forma significativa el consumo de tóxicos. Todos estos factores pueden haber condicionado la ansiedad durante las últimas décadas.

¿En qué se diferencian estrés, ansiedad y depresión?

El estrés y la ansiedad son términos equiparables, serían respuestas fisiológicas ante circunstancias externas que se viven como amenazantes. La depresión es un trastorno del estado de ánimo, del humor, sería el equivalente a la tristeza. A partir de aquí, lo que ocurre es que ansiedad y depresión, con frecuencia, caminan juntas. De hecho, un 80 por ciento de los pacientes presentan síntomas ansiosos y depresivos simultáneamente. En estos momentos, en la psiquiatría, hablamos de trastornos afectivos, que es un término, que incluye los problemas de ansiedad y los problemas depresivos.

¿Qué podemos hacer para evitar la ansiedad?

Nuestra sociedad está programada de una manera en la que es difícil dar marcha atrás. Evidentemente, evitar la extrema competencia y las prisas es una acción para prevenir trastornos psicológicos. El factor fundamental es la identificación precoz de la patología, especialmente en aquellos pacientes que consideramos más vulnerables. En este punto sí se puede intervenir de una manera puntual. Si identificamos niños ansiosos, probablemente podamos adelantarnos a adolescentes ansiosos que van a consumir tóxicos. Si mejoramos las circunstancias del anciano, probablemente consigamos rebajar la patología ansioso-depresiva. Además, por supuesto, cuando la mujer delegue responsabilidades y reparta tareas en casa, ya que ha asumido tareas laborales, esto también va a obrar en su beneficio.

¿Cuándo debemos acudir al médico, ante qué síntomas o comportamientos? ¿Qué sistemas de detección precoz tiene la sanidad?

El paciente ansioso se presenta en una consulta médica con malestar. Hoy en día, el médico de cabecera puede identificar patologías que aparecen encubiertas en forma de síntomas físicos. La ansiedad se manifiesta con dos tipos de síntomas predominantes. Por un lado, los de tipo más cognitivo, del pensamiento – como serían la tensión y la espera de algo negativo, la sensación de irritabilidad, inquietud interna, la sensación de sobresalto -, y por otro lado, los síntomas físicos – la taquicardia, la falta de aire, los síntomas digestivos, colon irritable con diarreas espontáneas, imperiosidad a la hora de miccionar… – y todo esto acompañado de miedo. Este último es síntoma nuclear de los estados de ansiedad. Cuando el paciente presenta esta sintomatología, puede ser que acuda al médico inmediatamente. El problema está en aquellos cuadros en los que no se presenta la gravedad suficiente todavía, y el paciente lo soporta, pensando que forma parte del derecho de existir.

¿Qué tratamientos hay ante estas patologías?

La terapia es compleja, porque cada persona es distinta. Los tratamientos deberían ser individualizados, ya que cada paciente tiene unas circunstancias que lo condicionan. Las terapias farmacológicas existen desde los años 50 aproximadamente, con la aparición de los tranquilizantes, las llamadas benzodiacepinas. Posteriormente, en los años 90, aparecen los antidepresivos, que elevan la acción de la serotonina; los fármacos de acción dual; y más recientemente, una última familia de productos, la pregabalina, etc. que probablemente van a sustituir a los tranquilizantes que tenían problemas importantes de dependencia, somnolencia, etc. No obstante, si todo se basase en esto, trabajaríamos insuficientemente, de forma parcializada. También existen tratamientos psicológicos. Hay patologías de la ansiedad donde lo farmacológico es fundamental, por ejemplo la angustia, el pánico o el trastorno obsesivo compulsivo. Luego hay otros estados de ansiedad, donde lo psicológico es fundamental; por ejemplo, los problemas adaptativos, cómo me han cambiado mi medio laboral, me han incrementado mis responsabilidades. Lo perfecto sería una sinergia de las terapias psicológicas y farmacológicas, y además, aplicadas de una forma individualizada.

¿En qué consisten las terapias psicológicas?

Hay cientos de terapias psicológicas diferentes; la que todos conocemos por películas: el psicoanálisis, por ejemplo. Quiero destacar que la tecnología moderna va de la mano de las terapias conductuales cognitivas. En el tratamiento de las fobias se utilizan técnicas de sensibilización, de inundación o de reestructuración cognitiva. Son terapias breves, de tres o cuatro meses de duración, con una secuencia semanal.

¿Son ciertos los últimos estudios que cuestionan la eficacia de algunos psicofármacos?

Con respecto al último estudio que pone en duda los efectos de ciertos fármacos antidepresivos, creo que lo que realmente plantea el estudio es la eficacia similar entre técnicas psicológicas y técnicas farmacológicas. Yo creo que esto no es un problema. Los fármacos son eficaces, porque lo han demostrado durante diez años; Prozac ha sido consumido por 300 millones de europeos. Cualquier fármaco tiene un desarrollo complejo que puede durar hasta una década. Cuando se hace este desarrollo, los fármacos son comparados con sustancias inocuas, placebo y otras sustancias comparativas, y han demostrado que son efectivas. Ninguna agencia del medicamento facilitaría una patente si no hubiese algún tipo de ventaja en ello. Lo que sí es cierto es que ciertos tratamientos psicológicos demuestran ser tan eficaces como los farmacológicos en algunos tipos de patología. En todo caso, lo que está claro es que la conjunción de ambos es más eficaz que cada uno de ellos por separado.

¿Existe un consumo excesivo de psicofármacos en las sociedades occidentales?

Ha habido un consumo fuera de control en el caso de los tranquilizantes, las benzodiacepinas. Debemos ser muy rigurosos en el control de estos productos y buscar medidas alternativas. En el tratamiento con antidepresivos, el control está muy bien establecido desde los servicios médicos; además, no han generado problemas de dependencia. Los tranquilizantes, sí. El uso de ansiolíticos en situaciones agudas (dos o tres meses) no presenta ningún problema. Cuando se pasa de ese tiempo, sí que debemos buscar estrategias paralelas.

¿Qué relación hay entre el consumo de tóxicos y la aparición de ansiedad, especialmente en el caso de adolescentes?

El consumo de tóxicos va emparentado con todo un incremento de problemas de conducta, de trastornos depresivos y de problemas de ansiedad. Hay un cambio también en el patrón de consumo. Hemos pasado de un consumo de sustancias sedantes (los opioides, la heroína, etc.), al consumo preferente de estimulantes (cocaína, anfetaminas, etc.) Este tipo de sustancias facilitan un incremento de la tasa de problemas de ansiedad.

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