La alimentación en la tercera edad

La nutrición influye en el desarrollo y las repercusiones de las enfermedades crónicas y las disfunciones propias de la tercera edad como la artritis, la hipertensión, la diabetes o las insuficiencias cardíacas y respiratorias.

Enfermedades y patologías relacionadas: Alzhéimer, Diabetes, Hipertensión arterial, Demencia

El envejecimiento afecta de forma muy importante a la alimentación y se suelen producir situaciones de desnutrición en los ancianos porque su apetito va disminuyendo y, además, empiezan a presentar dificultades para masticar, deglutir y digerir los alimentos. Esto va a condicionar las estrategias dietéticas, nutricionales y culinarias de las personas de avanzada edad.

Además, algunos expertos aseguran que las deficiencias nutricionales de los mayores se ven aumentadas por ciertos aspectos propios de este grupo poblacional como son la soledad, las enfermedades y su medicación, las limitaciones funcionales de motricidad, sensoriales, así como sus condiciones socioeconómicas.

Los estudios realizados sobre la nutrición en ancianos constatan que, en paralelo con el aumento de años, se produce una reducción del aporte calórico-proteico y se ingiere una cantidad de vitaminas y minerales por debajo de lo recomendado. También se ha demostrado que a mayor deterioro cognitivo o mayor demencia para comer, la alimentación es peor. En enfermedades como el Alzheimer, la diabetes o la hipertensión, el control de la dieta se hace fundamental. Por todo ello, las sociedades médicas de Endocrinología y Gerontología inciden en que el anciano debe comer suficiente cantidad, alimentos variados y beber mucha agua.

Según Cleofé Pérez-Portabella, dietista supervisora de la Unidad de Soporte Nutricional del Hospital General Vall d”Hebrón de Barcelona, “una dieta equilibrada para la tercera edad consiste en un aporte de entre el 55 y 60 por ciento de hidratos de carbono, entre un 12 y un 15 por ciento de proteínas y el 30 por ciento restante de lípidos (grasas)”.

La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), recomienda una serie de pautas para la correcta alimentación de las personas de la tercera edad:

- No se deben saltar las comidas, aunque no tengan apetito ya que es necesario dotar al organismo de todos los nutrientes importantes.

- Reemplazar la leche entera y sus derivados (yogur, queso) por productos desnatados o semidesnatados. Así conseguirán el mismo aporte de calcio y proteínas pero menos cantidad de grasa. Se recomiendan de dos a tres raciones diarias.

- Seleccionar las carnes y los cortes que tengan menor contenido graso.

- Comer todo tipo de pescado con mucha frecuencia ya que aportan proteínas.

- Conviene limitar el consumo de vísceras, embutidos, yemas de huevo (es mejor la clara del huevo ya que no contiene grasas), mantequillas y productos de pastelería.

- Consumir frutas y verduras en abundancia ya que ayudan a evitar el estreñimiento. Dos o más raciones diarias son lo correcto.

- Beber mucho agua, al menos dos litros al día para evitar la deshidratación. Aunque no se tenga sed, es preciso beber.

- Moderar el consumo de sal, especialmente si se es hipertenso.

- Evitar la ingesta de azúcares, sobretodo si es diabético, y aumentar el consumo de cereales y pan integral, verduras, frutas y legumbres.

- Moderar el consumo de alcohol, siempre que no esté contraindicado.

- Para aumentar el consumo de calcio debe recurrir a leche sin grasa, quesos bajos en grasa y vegetales.

- Aumentar el aporte de hierro, se encuentra en las pasas, ciruelas, habichuelas, vegetales de hoja verde, cereales fortificados, pan integral y espárragos.

Las consecuencias de una mala alimentación en las personas mayores pueden traducirse en alteraciones a nivel metabólico o cambios en las defensas biológicas que hacen que la respuesta inmune sea menor, y la medicación no obtenga los resultados deseados. A pesar de que al llegar a la tercera edad el apetito suele disminuir, la alimentación que ha de seguir este colectivo de la sociedad (más amplio y que cada vez cobra más importancia) ha de ser equilibrada y variada. Las sociedades médicas de Endocrinología y Gerontología inciden en que el anciano debe comer suficiente cantidad, alimentos variados y de acuerdo con su tradición, además de beber mucho agua para evitar el desarrollo y la evolución de las enfermedades que se asocian a esta edad.

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