Insuficiencia renal oculta

En España, cerca de dos millones de personas sufren de enfermedad renal crónica, una de las principales causas de mortalidad en nuestro país. Además, entre un 11 y un 13 por ciento de la población adulta española sufre lo que los expertos denominan "insuficiencia renal oculta", es decir, daños en la función renal todavía sin diagnosticar.

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El difícil pronóstico de esta patología se debe, en buena medida, a la falta de síntomas en sus fases iniciales. De hecho, la progresión es muy lenta y no se empiezan a notar los síntomas (fatiga, náuseas, vómitos, pérdida de apetito, picores y/o alteraciones del sueño) hasta que “la enfermedad está muy avanzada y ya es necesario iniciar de forma inmediata diálisis, a fin de reemplazar la función deteriorada del riñón”, explica el doctor José Luis Rodicio, responsable de la Unidad de Nefrología de la Clínica la Luz.

Por este motivo, los esfuerzos de los expertos se centran en el diagnóstico precoz, ya que “permite reducir la velocidad de progresión de la patología y la morbilidad asociada”, declara el doctor Rodicio.

Factores de riesgo y métodos de prevención

En la última década, la prevalencia de la insuficiencia renal ha aumentado de forma progresiva en la población adulta debido al envejecimiento paulatino de la población y el aumento de los porcentajes de obesidad, diabetes e hipertensión en los países desarrollados. “Cada día son más frecuentes los pacientes obesos en las consultas de Nefrología como consecuencia de una mala alimentación (exceso de hidratos de carbono, lípidos y proteínas) y una vida sedentaria”, añade el experto.

De esta forma, se hace necesario alentar hábitos de vida saludables en la población general, y de manera más acentuada, en los afectados. El doctor Rodicio asegura: “La primera medida que se ha de tomar como protocolo de actuación en la Unidad de Nefrología es elaborar una dieta personalizada y acorde a la patología del paciente”.

Por otro lado, los expertos recomiendan como medida de prevención someterse a un chequeo de salud cada tres años y, superados los 50, se aconseja repetirlo anualmente. En concreto, la revisión debe consistir en un análisis de sangre y orina, una radiografía o ecografía de tórax y abdomen, y un electrocardiograma.

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