Gordito no significa saludable

Hay que desterrar la creencia de que un niño gordito es sinónimo de un niño sano. Al contrario, un niño con sobrepeso u obesidad tiene más posibilidades de convertirse en un adulto obeso, con todos los problemas de salud que eso conlleva. Charlamos con la autora del libro Gordito no significa saludable (Ed. Grijalbo), Lourdes Alcañiz.

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.¿En España estamos alcanzando las cifras de obesidad infantil Estados Unidos?

Las cifras de obesidad infantil en EE.UU son las más altas de todo el mundo con diferencia. Pero las cifras de España se parecen cada vez más. Incluso hay segmentos en los que los niños españoles son más obesos. En las franjas entre dos y cinco años y entre doce y catorce, hay más niños obesos en nuestro país que en Estados Unidos.

¿A qué se debe el aumento de la obesidad infantil en nuestro país?

Se han unido varios factores. Uno de ellos es la incorporación de la mujer española al mercado laboral. Esta incorporación ha sido rápida y la mujer ha unido sus habituales tareas en la cocina o en la compra a una actividad laboral que también le ocupa horas y horas. Ahora tiene poco tiempo para cocinar y suele recurrir más a comidas precocinadas, bollería industrial en el desayuno… Todo eso hace que los niños hoy ingieran más calorías.

También hoy los niños pasan demasiadas horas ante el televisor…

Sí, el nivel de ejercicio físico ha descendido. Mientras que antes los niños jugaban en los parques o corrían en la calle, hoy en día no es seguro que los niños estén jugando fuera. ¿Y donde están? En casa jugando con los videojuegos, frente al televisor…

¿Por qué un niño gordito no significa que sea más sano?

Es una creencia fuertemente arraigada en las familias. Se remonta a la guerra civil y a la postguerra. Pero hoy el problema es que, por este aumento de calorías y el descenso del ejercicio, un niño gordito tiene muchas posiblidades de seguir siéndolo en la edad adulta.

¿Cómo podemos evitar un exceso de peso en el niño?

La prevención empieza desde que un niño nace, porque si nace con un peso elevado es un niño que puede tener una tendencia a acumular más grasa. En muchas ocasiones se le dan cereales antes de tiempo, o en demasiada cantidad. Una serie de actuaciones que conducen a la obesidad. La mejor forma de saber si nuestro hijo tiene un peso correcto es consultarlo con el pediatra.

Si no atajamos pronto el problema, ¿qué ocurrirá?

Si entre los cinco y los siete años vemos que hay una tendencia al sobrepeso y si durante la adolescencia ese niño también presenta un problema de peso, es muy difícil que ese problema se corrija más adelante. Probablemente ahí tenemos ya un adulto obeso.

Hoy en día si una madre ve que un niño tiene un problema de obesidad o que su peso está aumentando es tan importante que vaya al médico como si detectara una neumonía, una meningitis o un problema infeccioso grave, porque las consecuencias que va a tener a largo plazo son igual o más graves que las de una enfermedad infecciosa.

¿Qué consecuencias tiene este exceso de peso en la vida adulta?

Hay consecuencias tanto físicas como psíquicas. Las consecuencias físicas más comunes son diabetes tipo 2, colesterol elevado e hipertensión. Si se trata de una obesidad en un límite alto hablaríamos de problemas ortopédicos y/o menstruales.

¿Y en el ámbito psicológico?

Es un problema grave porque en la preadolescencia es cuando se está formando la valía interior del niño, su autoestima, su seguridad. Si un niño gordito está recibiendo burlas todos los días, esa persona no va a enfrentar el mundo con la misma seguridad que un niño que sí es aceptado por el grupo.

¿Qué aconseja a padres y madres?

La planificación es esencial y se puede conseguir por ejemplo, creando un menú semanal o quincenal equilibrado que nos permitirá poder comprar los productos con antelación, dejando para el último momento sólo los productos frescos.

Del mismo modo, cuando se estén cocinando platos que requieran elaboración, en lugar de hacer las raciones justas para ese día se pueden hacer más y congelarlas en porciones separadas para los días que las necesitemos.

Otra parte importante de esta planificación es el desayuno, importantísimo para la nutrición de los niños y para evitar la obesidad. Los niños que no desayunan y luego comen más adelante durante el día o cenan más presentan un comportamiento nutricional que está relacionado con ciertos índices de obesidad.

¿Cómo sería un desayuno saludable?

Unos lácteos que no tienen por qué ser necesariamente leche, puede ser yogur; unos cereales o producto del grupo de los cereales, puede ser una tostada de pan integral o bien cereales bajos en azúcar; fruta; y luego un poco de proteínas, un poquito de jamón de york, queso fresco, huevo. Este es un desayuno perfecto. Y si luego lo complementamos con un desayuno saludable que se lleven al colegio para tomar a media mañana (bocadillo y pieza de fruta, por ejemplo en lugar de bollería industrial) van a tener una alimentación perfectamente equilibrada durante la mañana que les va a permitir enfrentarse a la jornada escolar bien preparados.

¿Debemos invertir en educar sobre nutrición?

La alimentación saludable es un problema de educación. Igual que las madres cuando llega la etapa de los celos hacen acopio de paciencia porque se sabe que es transitorio, lo mismo ocurre cuando estamos enseñando a comer a un niño.

Educar para comer bien es una labor educativa de toda la familia. Si en nuestra casa se lee y el niño está rodeado de libros, desarrollará el gusto por la lectura; y lo mismo debe suceder con la comida saludable y el ejercicio. Hay que predicar con el ejemplo.

En el tema del ejercicio, mi opinión es que debemos ayudar toda la sociedad. Si bien decimos que los niños tienen que hacer más ejercicio, a la hora de la verdad es muy difícil de conseguir si los padres tenemos jornadas laborales que son incompatibles con otras actividades.

A veces encontrar el tiempo para hacer ejercicio en familia es difícil…

Teniendo en cuenta la magnitud que tiene el problema de la obesidad en España, las autoridades pertinentes deberían ayudar a las familias españolas a recoger a esos niños y llevarlos a actividades deportivas. Es cierto que algunos colegios las organizan, pero no siempre los padres pueden combinarse los horarios.

No obstante, durante el fin de semana, las familias deben promover la práctica de actividades deportivas y una buena manera es promoviendo premios por las buenas acciones de los niños que consistan en actividades al aire libre como montar en bici, ir a la montaña… La recompensa debe ser algo saludable y no por ejemplo, como sucede mucho, una merienda a base de fast food.

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