Enganchados al sexo

La adicción al sexo es una de las más escondidas de nuestra cultura. Además del componente social negativo que comparte con las demás adicciones, es difícil de reconocer. ¿Cuánto sexo es demasiado? ¿Cómo medir la cantidad de pensamientos o comportamientos sexuales dentro de la normalidad?

Enfermedades y patologías relacionadas: Adicciones

Como todas las adicciones, la sexual se manifiesta en un patrón de descontrol. En este caso se trata de un desorden de la conducta sexual, alternados con períodos de relativa calma, donde aparece la negación y la justificación de la adicción y el pensamiento obsesivo sexual. Las fantasías sexuales se hacen cada día más necesarias para lidiar con los problemas de la vida diaria, hasta interferir en todos los aspectos sociales y familiares del adicto. Para ser tomado como algo patológico, según las directrices que marca la psicopatología, el comportamiento sexual compulsivo debe causar sufrimiento emocional y proporcionar serias consecuencias interpersonales, ocupacionales, familiares y financieras.

Todo radica en la dificultad de definir y delimitar cuánto sexo es “normal” y cuánto es adicción. La adicción al sexo aparece cuando el deseo sexual pasa a ser una prioridad capaz de provocar serias interferencias en la vida cotidiana (trabajo, relaciones de pareja, relaciones sociales y familiares) y se convierte en una fuente de ansiedad acompañada de sentimientos de culpa y de arrepentimiento. Los cambios bruscos de ánimo son también usuales entre los sexoadictos y esto dificulta la comunicación con los que les rodean.

Muchas veces se intenta racionalizar la conducta impulsiva sexual con tal de minimizar o diluir el sufrimiento que produce un adicto a su familia, pareja y amigos, pero es peor el remedio que la enfermedad.

El perfil típico del sexoadicto no se limita a las relaciones sexuales propiamente dichas, ya sean de tipo homosexual o heterosexual, sino que se extiende a otro tipo de comportamientos adictivos como un uso desmesurado de material pornográfico o la masturbación compulsiva, hasta llegar a extremos tales como prostituirse, los abusos sexuales o el exhibicionismo.

¿Cómo reconocer a un adicto sexual?

Los adictos al sexo presentan los rasgos definidos anteriormente (uso desmesurado de la pornografía, constantes relaciones sexuales, masturbación compulsiva) y pueden llegar a extremos que rocen el delito. Estos pueden ser los síntomas de estar padeciendo una adicción sexual:

- Guardar secretos sobre las actividades sexuales de uno mismo, mantener una “doble vida”.

- Tener sexo en situaciones o sitios poco habituales con personas con las que normalmente no habría contacto.

- Sorprenderse a uno mismo buscando escenas sexualmente excitantes en periódicos, revistas u otros medios de comunicación no especializados en sexo.

- Darse cuenta de que las fantasías sexuales causan problemas en las relaciones interpersonales.

- Deseo de alejarte de la pareja después de una relación sexual.

- Sentir vergüenza del propio cuerpo o la propia sexualidad.

- Evitar tocar tu mismo cuerpo durante una relación sexual.

- Las actividades sexuales o románticas necesitan cada vez mayor variedad y frecuencia para resultar lo suficientemente excitantes.

- Arresto o peligro de arresto debido a prácticas de voyeurismo, abusos, exhibicionismo, llamadas telefónicas obscenas u otro tipo de contacto sexual en contra de la voluntad de la otra persona.

- Las prácticas sexuales van en contra de las creencias religiosas o los valores morales de uno mismo.

- Las actividades sexuales desarrolladas incluyen riesgos, amenazas o pueden ser causa de enfermedades, embarazos no deseados o incluyen violencia.

- El consumo de sexo en cualquiera de sus formas (líneas eróticas, prostitución, compra de material pornográfico) provoca graves problemas financieros.

- Existe depresión o pensamientos suicidas cuando se piensa en el propio comportamiento sexual.

El tratamiento

El tratamiento de la adicción al sexo no es restringir el número de relaciones sexuales del adicto, porque es algo difícil de conseguir. Se basa en reconducir el comportamiento sexual a unos niveles y unas pautas tales que reduzcan la ansiedad y la culpabilidad, dos elementos muy frecuentes entre los sexoadictos. Este proceso pasa por tener una vida sexual basada en el reconocimiento de las razones que llevan a un sexoadicto a abusar del sexo.

Se pretende que el paciente controle sus estímulos y sea consciente de su problema. Las terapias de grupo son los métodos que más se usan. En algunos casos es adecuado el apoyo farmacológico con compuestos que inhiben la recaptación de la serotonina, un neurotransmisor que regula los trastornos depresivos y afectivos.

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