Enfrentarse a un 11-S, enfrentarse a la guerra

Tras la tragedia del World Trade Center en Nueva York, todos intentan volver a su vida normal, pero la psicosis, los ataques de pánico, de llanto y el estrés se han apoderado de gran parte de la población. Al mismo tiempo, en los campos de refugiados en la frontera con Pakistán y en Kabul, miles de afganos sufren serios trastornos mentales ante el temor a ser bombardeados. ¿Cuál es la reacción emocional predecible tras una tragedia como los atentados de Nueva York o los ataques en Afganistán? ¿Qué impacto psicosocial pueden tener estas catástrofes en las personas? Estas cuestiones han preocupado recientemente a la Organización Mundial de la Salud.

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Los ataques terroristas o los conflictos armados son todos ellos formas de catástrofe que ponen a prueba nuestra capacidad de enfrentarnos a momentos especialmente difíciles y nuestra habilidad de compresión y respuesta, según los especialistas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), quienes subrayan cómo este tipo de tragedias “afectan a las personas tanto física como psicosocialmente”.

A lo largo de los años, se han intensificado los estudios sobre las respuestas psicosociales a este tipo de catástrofes, intentando averiguar cómo se comporta tanto la gente que ha estado expuesta directamente a los hechos como los observadores remotos, que también pueden verse afectados por la tragedia.

Este tipo de estudios han cobrado una terrible actualidad, tras la catástrofe del 11-S, presenciada por centenares de millones de personas a través del televisor, y en algunos países como el nuestro, en riguroso directo.

Algunas de las cosas que estos estudios han comprobado, según la OMS son que:

- Las reacciones emocionales intensas tras asistir a este tipo de catástrofes son esperables y normales, por lo que no deben ser reprimidas.

- Hay un abanico de respuestas que se desarrollan desde los primeros momentos después de la tragedia hasta semanas e incluso meses después de que ha ocurrido. Y para algunas personas el inicio de estas reacciones se puede retrasar.

- La reacción es individual según cada persona, con frecuencia puede ser bastante intensa y a veces puede ser conflictiva. La gran mayoría de reacciones entran en el rango de la normalidad y su intensidad disminuirá en la mayoría de la gente sin necesidad de ayuda profesional. El apoyo de la familia y los amigos es importantísimo. Para algunas personas, sin embargo, el mayor grado de exposición puede provocar reacciones más graves y prolongadas.

- El rango de sentimientos que se experimentan puede ser muy amplio. Muchas de estas personas describen intensos sentimientos de tristeza seguidos de rabia. Otros experimentan pánico e hipervigilancia, entre otras reacciones.

- Los mecanismos de autodefensa pueden verse interrumpidos temporalmente y en algunos casos aparecen problemas de sueño, pesadillas, falta de concentración, pensamientos intrusivos y preocupación por volver a vivir unos hechos similares. Estas reacciones suelen durar poco, pero si persisten debe acudirse a un profesional.

La OMS también da una serie de consejos para afrontar este tipo de situaciones:

- Dar la oportunidad a la gente de hablar y compartir sus experiencias en grupos de apoyo, mejor si es en ambientes cercanos, como centros comunitarios.

- Prestar una atención mayor a grupos especiales como los niños, a aquellos que han estado expuestos muy directamente a la catástrofe o que habían tenido ya experiencias similares que le pudieron haber causado un trauma, a trabajadores de equipos de rescate y a personas que tenían trastornos mentales previos.

- Niños y adolescentes necesitan el apoyo de padres y educadores. Este apoyo debe reflejar una justa preocupación por los hechos, dosificando las palabras y acciones que podrían aumentar la ansiedad del niño o adolescente. Padres y educadores deben mostrarse más accesibles y disponibles que nunca. La exposición a imágenes en televisión, películas o fotografías impresas que muestran la destrucción de víctimas de forma demasiado explícita debe ser limitada.

- Un alto número, que puede llegar al 30 por ciento, de las personas que experimentan la catástrofe de forma directa pueden desarrollar trastornos mentales y deben ser redirigidas a un profesional de la salud si muestra síntomas persistentes.

Estos consejos fueron dados una vez para afrontar catástrofes, sobre todo naturales, como terremotos o temporales. Aunque con las catástrofes provocadas por la mano del hombre, el mejor remedio es luchar desde la paz por evitarlas.

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