El yogur de corta vida no es un alimento probiótico

Las bacterias lácticas en los yogures de corta vida tradicionales se mantienen vivas en el momento del consumo, pero no resisten el paso por el intestino grueso humano y por ello carecen de "las funciones inmunológicas de bienestar que se les atribuían", afirma tajante el doctor Francisco Javier Yuste Grijalba, médico de Sanidad Nacional y jefe de Salud Laboral del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, quien ha coordinado un estudio comparativo sobre los efectos en personas sanas de los yogures de corta vida y los pasteurizados.

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Los resultados definitivos de este estudio de investigadores del Hospital Ramón y Cajal en Madrid, cuyas conclusiones preliminares se presentaron el pasado mes de julio, indican que el yogur de corta vida no es un alimento probiótico, porque los gérmenes (Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus) no logran instalarse en el intestino y aumentar su acidez para impedir la presencia de bacterias nocivas. En el caso de los yogures pasteurizados después de la fermentación estos mismos gérmenes son destruidos cuando se someten al tratamiento térmico que permite que no requieran refrigeración y tengan una caducidad más amplia.

Los investigadores han llevado a cabo un “ensayo clínico aleatorio y enmascarado”, en el cual “se da cada uno de los dos modelos de yogur a distintas personas, sin que ellas sepan qué yogur están tomando y después analizando los resultados”.

Se trata también de un estudio cruzado, ya que “las personas que un tiempo toman un yogur, después de un periodo de tranquilidad toman el otro yogur y así los efectos de uno y otro se comparan con ellos mismos”. Es la mayor investigación de estas características que se ha realizado en humanos, ya que en ella han participado 114 voluntarios.

Efectos sobre la salud

El doctor Yuste Grijalba explica que el estudio ha demostrado que “el comportamiento de ambos yogures es idéntico” desde el punto de vista nutritivo y microbiológico. Asimismo, ninguno de los dos mejora la capacidad inmunológica de personas sanas, ya que en los análisis de sangre realizados antes y después del experimento los parámetros que miden las defensas del organismo se mantuvieron sin cambios. Por otro lado, tampoco se observan diferencias en los efectos sobre la intolerancia a la lactosa tras la ingesta de yogures pasteurizados o de yogures de corta vida.

Finalmente, a los participantes también se les realizó una Encuesta de Satisfacción Gastrointestinal, cuyas respuestas indicaron que el yogur de corta vida no influye en el bienestar gastrointestinal de los individuos sanos.

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