El futuro de la vejez

La población de nuestro país está cambiando. El futuro al respecto no es, precisamente, incierto: seremos una población vieja, debido principalmente al aumento de la esperanza de vida y la reducción considerable de los índices de natalidad. Se pronostica por lo tanto un aumento del aislamiento social y del número de personas mayores con algún tipo de discapacidad inhabilitante a lo largo de los próximos quince años.

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Las consecuencias del posible envejecimiento de la población en un futuro inmediato, así como las referencias básicas para la búsqueda de posibles soluciones para las nuevas demandas y necesidades de la parte de la sociedad con más años, constituye uno de los grandes problemas actuales, a nivel demográfico, social o de salud.

El informe Envejecimiento y dependencia, futuros deseables y futuros posibles, fruto de la investigación dirigida por el doctor Juan José Artells Herrero, Director de la Fundación Salud Innovación y Sociedad (SIS) profundiza en estos temas.

El informe plantea cómo vivirán las personas mayores y, especialmente, las muy mayores (de más de 85 años) en los próximos quince años.

El sondeo presenta las opiniones, valoraciones, y pronósticos de profesionales sanitarios y sociales, cuidadores, gestores y administradores, voluntarios, periodistas y público en general. Como nos explica el doctor Artells, “este informe, que ha movilizado la opinión participativa de cerca de 400 personas, aporta datos para contemplar con mayor realismo la consideración de los efectos sociales del envejecimiento poblacional y la anticipación de sus consecuencias negativas evitables”.

Del informe se extraen los puntos clave y las expectativas del envejecimiento. La calidad de vida de los ancianos, el desarrollo de la biomedicina, cambios en la habitabilidad de la vivienda, el entorno y evolución de los estereotipos, y la discriminación y autodeterminación de las personas mayores son los puntos básicos. En este sentido, se ha observado que existe una confianza general en el futuro aumento de los años activos y la calidad de vida asociada. Pero también se predice que, paralelamente, se incrementará el aislamiento social y el número de personas con alguna discapacidad deshabilitante.

Los mayores avances se producirán en la investigación biomédica, y en los campos de prevención, diagnóstico y tratamiento del cáncer.Contrastando con este dato, se espera que las enfermedades crónico-degenerativas se afianzarán como problema sanitario de gran magnitud y serán la principal fuente de gastos sanitarios.Respecto a este tema, el doctor Artells opina que “se requerirá de todas las autoridades sanitarias compromisos creíbles en la priorización de la prevención, la educación sanitaria y la asistencia a las enfermedades cardiovasculares, osteoporosis, osteoartritis, demencias, enfermedad de Alzheimer, discapacidades sensoriales e incontinencia”.

Aproximadamente el 58 por ciento de los encuestados opina que el diseño urbano seguirá desarrollándose sin tener en cuenta de manera significativa las necesidades específicas de las personas mayores y con limitaciones funcionales.

Por otro lado, cerca del 80 por ciento de los encuestados expresan el temor a que el estereotipo de la vejez “carga para los demás” siga siendo el prevaleciente en el futuro.

Se espera que va a aumentar el número de personas mayores sin apoyo familiar, aunque no se cree que la principal causa de su aislamiento social vaya a ser el aumento de los divorcios y la extensión de las familias monoparentales.

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