¿El fin de la era de la cirugía coronaria?

La aplicación de stents coronarios podría suponer una revolución que relegara a la cirugía bypass a un segundo plano. Este fue uno de los temas estrella del reciente Symposium Internacional de Cardiología en Barcelona.

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Los stents son pequeños tubo de malla metálica que pueden implantarse en la arteria y evitar que vuelva a obstruirse. El uso combinado con un nuevo antibiótico llamado Rapamicina ha multiplicado su éxito y hoy ya hay en marcha dos grandes estudios, el Freedom en Estados Unidos y el Arts II en Europa, que pretenden demostrar que es un tratamiento más efectivo y menos invasivo que la temida cirugía coronaria.

El stent fue introducido por el doctor suizo Ulrich Sigwart y desde hace años ha sido utilizado en varios países con resultados de un 20 por ciento de re-oclusión de la arteria. La reoclusión de la arteria, o restenosis, es la complicación más temida después de la cirugía bypass y el tratamiento con stents. Pero con la nueva combinación con Rapamicina se espera que las re-oclusiones no sean superiores al cinco por ciento.

El investigador Patrick Serruys, uno de los responsables del estudio Arts II se muestra muy optimista y afirma que “la técnica stent con Rapamicina va a revolucionar la cardiología” y añade que si ambos estudios muestran buenos resultados, “la cirugía no tendrá el mismo papel que hasta ahora”.

Recién aprobado en Estados Unidos, pero caro

“El gran cambio de la próxima década es que los pacientes con angina inestable serán cada vez menos. Las personas con dolor precordial acudirán más deprisa al cardiólogo y como tendrá más información sobre los tratamientos, habrá que darle los tratamientos más baratos y efectivos”, opina el doctor Sarruys. En este sentido, la implantación de stents “va a cambiar nuestra vida”, asegura este investigador belga.

Según el doctor Jordi Rius, Jefe del Servicio de Cardiología del Centro Médico Teknon en Barcelona y co-presidente del Symposium, “el tratamiento stent cuesta hoy unos 3.200 euros en Estados Unidos, pero se supone que cuando se use más, bajará el precio, de momento sigue siendo caro. Todo depende del éxito de los estudios Freedom y Arts II”.

Sin embargo, según Sarruys, “no hay que estar preocupado por el coste de la medicina cuando es efectiva. Calculo que en tres o cuatro años el coste dejará de ser un problema. Lo que sucede con el stent ya ha pasado con otros tratamientos, llegará el momento en el que la competencia baje el precio y este tratamiento esté más disponible”, opinó.

La aprobación del tratamiento en Estados Unidos seguramente publicitará esta opción haciendo que más pacientes exijan este tratamiento. Y en Europa pasará algo similar, por lo que Sarruys instó a sus colegas cardiólogos a que empiecen a “convencer a los sistemas de salud, a los gobiernos y a las direcciones de sus centros de que existe este tratamiento mejor y poder conseguir utilizarlo a corto plazo”.

El otro gran problema es el futuro que podría deparar a los cirujanos cardíacos si se confirma el éxito de los estudios Freedom y Arts II y se consigue abaratar los costes del tratamiento. Según Sarruys, “debemos empezar a mantener un diálogo con los cirujanos porque es posible que si antes se operaban 15.000 de estos pacientes cardíacos, pronto pasen a operar a 15. Pero hay que ganarse a los cirujanos porque seguirán haciendo falta”, matizó.

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