El asma en la escuela

Uno de cada 10 escolares padece asma y teniendo en cuenta que pasan alrededor del 30 por ciento de sus tiempo en el colegio, es fundamental que el profesorado esté mínimamente formado como para reconocer los síntomas más característicos del asma. Pero según revela un estudio, esto no es así.

Enfermedades y patologías relacionadas: Asma

Sólo el siete por ciento de los profesores identifica los síntomas del asma, pese a ser la enfermedad pediátrica más frecuente. Así se desprende del Estudio sobre el Asma en los Centros Escolares Españoles (EACEE) 2009-2010 presentado por la Fundación María José Jové y de la Fundación BBVA y llevado a cabo entre 4.679 docentes de 208 centros educativos españoles, en colaboración con la Sociedad Española de Neumología Pediátrica.

Según destacan sus autores, durante el curso, los más pequeños pasan alrededor de un 30 por ciento de su tiempo en la escuela bajo la atención y supervisión del personal de los centros escolares, fundamentalmente de los profesores.

En el caso de los niños con asma, los docentes tienen que tomar decisiones sobre diferentes situaciones en relación con la enfermedad, de forma consciente o inconsciente, por acción o por omisión. Por tanto, insisten en que su nivel de conocimiento así como la disponibilidad de recursos materiales y organizativos adecuados en los centros escolares podrían influir de forma determinante en el bienestar de los niños afectados.

Sin embargo, el trabajo muestra que el 93 por ciento de los profesores cree que sus conocimientos sobre el asma “no son suficientes” y desearía mejorarlos, y casi un 96 por ciento opina que no hay una normativa clara sobre el papel de los profesores en el cuidado de alumnos con patologías crónicas, como el asma.

Asimismo, en un importante número de casos, los profesores dijeron desconocer la existencia de alumnos afectos de asma en sus clases. Asimismo, la comunicación entre padres, familiares y profesores en relación con la enfermedad resultó ser “muy deficiente”.

Así, el estudio refleja que, aunque el nivel de conocimiento del profesorado sobre el asma y sobre cómo actuar ante un niño con síntomas de asma es “muy bajo”, hay un reconocimiento generalizado por parte de los profesores de esa deficiente formación, y la gran mayoría desea mejorarla.

Además, los educadores manifiestan en su gran mayoría que no disponen o no saben de la existencia de determinados recursos para la atención de los niños con asma en los centros escolares.

En este sentido, solamente el 6,8 por ciento de los profesores contestó correctamente la pregunta en la que se solicitaban los tres síntomas principales del asma. El número de respuestas correctas crece en los profesores más jóvenes y de menor antigüedad profesional.

Los hombres lo detectan mejor

A su vez, los hombres obtuvieron puntuaciones significativamente más altas que las mujeres. Esta puntuación es también mayor en los profesores asmáticos o con familiares cercanos con asma. Por otro lado, se ha detectado también un déficit de comunicación de padres a profesores y a la inversa, y pocas veces se hace por las vías idóneas.

Por su parte, el 53,7 por ciento de los profesores incluidos en el estudio manifestó no conocer el número de niños asmáticos que tiene en clase. Asimismo, la comunicación entre las familias y los docentes es muy escasa y pocas veces con el contenido deseable, pues sólo el 26 por ciento recibe información de los factores desencadenantes de las crisis en cada niño, y únicamente el 33,6 por ciento recibe información de las medidas a tomar o el tratamiento en el caso de una crisis de asma.

Necesidad de educar a profesores y alumnos

El trabajo concluye que la actitud de los docentes ante síntomas de asma varía en función de la etapa educativa en la que imparten clase. En este sentido, el 42,9 por ciento de los de Educación Infantil avisan a los padres ante dicha situación. Este porcentaje baja a un 35,2 por ciento en cursos de Educación Primaria y a un 20,5 por ciento en la ESO.

A la luz de los datos obtenidos, los autores del análisis figuran la necesidad de implementar acciones educativas dirigidas a los profesores y alumnos, adecuar los recursos humanos, materiales y organizativos, y finalmente promulgar una normativa que aclare el vacío existente en torno a la distribución de responsabilidades para los cuidados específicos que requieren los niños con patologías crónicas en el horario escolar, como el asma.

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