El ABC de las alergias

Según los estudios epidemiológicos, principalmente a partir de los años 80 se ha producido un incremento importante en los países desarrollados de la población que sufre algún tipo de alergia. Actualmente afecta al 20 por ciento de la población desarrollada y cada vez se manifiesta en edades más tempranas. Pero factores como la presencia de contaminantes en las grandes concentraciones urbanas o industriales, la aparición de nuevas sustancias alergénicas derivadas de procesos industriales, alimentarios o farmacéuticos o su condición hereditaria, hacen prever que las alergias afecten al 50 por ciento de la población de estos países en el 2020.

Enfermedades y patologías relacionadas: Alergias

La Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEIAC) define la alergia como “una alteración de defensa del organismo”, que produce una reacción exagerada de nuestro sistema inmune ante sustancias que no son nocivas. Estas sustancias, llamadas alérgenos, pueden ser polenes, ácaros, alimentos o medicamentos y provocan que el organismo libere otras sustancias que provocan inflamación del órgano donde se asientan: bronquios, nariz, ojo, piel, etc.

En las reacciones alérgicas pueden detectarse dos tipos: una reacción que se inicia al poco tiempo del contacto (de 10 a 15 minutos) y que cede a la media hora o una hora, y otra reacción más tardía a las 4 o 6 horas e incluso después.

Aunque las investigaciones médicas se habían centrado hasta ahora en qué factores externos desencadenaban la alergia, hoy se sabe que ésta se deriva de una producción excesiva de inmunoglobulina E (IgE) en el organismo de los afectados, tras comprobarse que las personas con alergia tienen niveles mucho más altos de IgE que las no alérgicas. El porqué son alérgicas precisamente a una sustancia en concreto y no otra, sigue siendo un misterio.

Predisposición hereditaria

Existen evidencias de una fuerte contribución genética en las enfermedades alérgicas, al constatarse que los niños cuyos padres padecen alergias tienen una probabilidad mayor para desarrollar la enfermedad, aunque esto último siempre vendrá derivado del contacto final con el alergeno.

Estas sustancias que nos provocan alergia pueden ser muy diversas y provenir tanto de la naturaleza como de la química. Los alérgenos entran normalmente por la vía respiratoria, como es el caso de los pólenes, ácaros del polvo doméstico, hongos y epitelio de animales. Pero también pueden entrar en el torrente sanguíneo a través de la ingestión, siendo los alérgenos de este tipo más comunes la leche de vaca, el huevo, los frutos secos, mariscos, pescados y muchos vegetales y frutas. Por último, por contacto con la piel, producen alergias los metales, cosméticos, las plantas y algunos fármacos tópicos, entre otros. El veneno inyectado por los insectos y la administración de un fármaco constituyen otras causas frecuentes de alergia.

Los síntomas que provocan varían según el órgano del cuerpo que ha sido afectado. Si son los ojos y la nariz se producirá una conjuntivitis y una rinitis, con molestias como lagrimeo, picor, estornudos, mucosidad o nariz tapada. Si la reacción se da en los bronquios, se sufre un asma bronquial con tos, pitos y ahogo. En contacto con la piel provocaría urticaria. Y por último, ante una afectación general de todo el organismo, podría desarrollarse una reacción anafiláctica, que se caracteriza por la aparición de dificultad respiratoria y disminución de la presión arterial, pudiendo llegar a un fallo cardíaco y shock si no se actua rápidamente.

Mejorar el diagnóstico y su prevención

Aunque en los últimos años han aumentado la incidencia de las enfermedades asociadas a la alergia como el asma, también se ha conseguido mejorar su diagnóstico. La dificultad reside en los alérgenos, por lo que los especialistas destacan la necesidad de que las personas alérgicas se sometan a un estudio minucioso de su enfermedad.

Para ello, el paciente debe informar sobre las condiciones ambientales que le rodean (residencia, lugar de trabajo, contacto con animales.), los factores que cree que desencadena la reacción, los síntomas que experimenta, cuándo suele experimentarlos, sus aficiones y antecedentes de familiares con alergia. Finalmente, las pruebas cutáneas, indoloras y rápidas, y las pruebas sanguíneas, ayudaran a determinar las sustancias y su grado de reacción.

Según estudios epidemiológicos se sabe que algunas circunstancias pueden influir en la aparición de esta enfermedad, por lo que su prevención es esencial. Una elevada presencia de IgE en la sangre del cordón umbilical del recién nacido, señala que el recién nacido es candidato a presentar alergia. Otras actitudes preventivas es evitar el tabaco durante el embarazo, optar por la lactancia materna y evitar la exposición masiva a alérgenos. También durante los primeros seis meses de vida de un bebé, cuando se empieza a proporcionar al bebé alimentos sólidos, es preferible empezar por los menos alergénicos y posponer al máximo el huevo, pescado, cítricos y frutos secos.

¿Cómo tratar una alergia?

Aparte de evitar el exponerse a los alérgenos, también se utilizan medicamentos y, sólo en algunos casos, se puede recurrir a la vacunación contra dicha alergia. Los medicamentos más utilizados son los antihistamínicos, útiles para tratar los síntomas más molestos como picor, ronchas, estornudos y mucosidad nasal. Según un macroestudio de la SEAIC, el 60 por ciento de las personas con alergia toman algún medicamento, aunque un 38 por ciento de los pacientes, erróneamente, abandonan el tratamiento cuando empiezan a sentirse bien.

Las vacunas consiste en la administración de dosis que crecen progresivamente del alergeno responsable de las reacciones, con la intención de disminuir la sensibilidad del paciente al alergeno y reducir los síntomas de la alergia. Se utiliza en casos de rinitis y/o asma causadas por pólenes, ácaros del polvo, epitelios de animales y ciertos hongos del ambiente. También es capaz de salvar la vida a los alérgicos a los venenos de abeja y avispa.

La Organización Mundial de la Salud ha avalado la seguridad de estas vacunas, siempre que esté indicada por un especialista. Pero muchos de los expertos se resisten a utilizarlas ya que no todos los pacientes responden bien al tratamiento ni en todos los casos se consiguen resultados óptimos.

De momento, la prevención y el control exhaustivo son las únicas armas eficaces contra la aparición y las consecuencias de las alergias, una enfermedad que de momento no tiene cura y que crece rápidamente en las sociedades avanzadas. Actualmente afecta a un 13 por ciento de la población infantil española y se prevé que en el 2005 afecte al 25 por ciento del total de los españoles.

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